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Igualdad de género y trabajo en la agenda educativa

La educación es crucial para poder avanzar en la construcción de un país más desarrollado y más equitativo. No es casual que en la reciente Reunión Global de Educación 2018, que organizó la Unesco en Bruselas, se haya hecho hincapié en dos aspectos: la necesidad de que los sistemas educativos replanteen sus objetivos en función de las futuras demandas del mundo laboral y que se garantice el acceso igualitario a una educación inclusiva, equitativa y de calidad.

Sobre el primer punto, el de la relación entre educación y trabajo, vale recordar el informe del Foro Económico Mundial que advierte que un 65 por ciento de los estudiantes que actualmente cursan sus estudios en la escuela primaria trabajará en puestos que aún no se crearon; y en lo que respecta al acceso igualitario a la educación, debe señalarse que en todo el mundo un alto porcentaje de las mujeres enfrentan más obstáculos a la hora de cursar sus estudios. A nivel local, y de acuerdo a un estudio realizado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, en la Argentina solo el 58 por ciento de las mujeres trabajan o buscan trabajo, mientras que el 80 por ciento de los hombres lo hace. Esto se debe a que ellas son las encargadas de las tareas de cuidado y del hogar, y muchas veces se ven obligadas a abandonar su formación para ocuparse de los hijos y adultos mayores. A largo plazo, esta menor formación repercute en las mujeres que ingresan al mercado laboral, ya que, por lo general, debido a esta desventaja perciben una menor remuneración. Así lo confirma el Informe Mundial sobre Salarios 2018/2019 recientemente publicado por la OIT (que se realizó en 136 países, entre ellos Argentina), que advierte que las diferencias de remuneración entre hombres y mujeres, de alrededor 20 por ciento a escala mundial, siguen siendo muy altas.

El sistema educativo debe avanzar con transformaciones que permitan dar respuestas adecuadas a un mercado laboral que está en constante cambio. En otras palabras, las escuelas y las universidades también deben preparar a los estudiantes para profesiones u oficios que todavía no existen. En ese sentido, debe señalarse que la tecnología y la informática, por ejemplo, son las áreas que muestran en la actualidad demandas laborales cada vez mayores. Los conocimientos relacionados con los automatismos, la robótica, el análisis de grandes cantidades de datos, la producción de alimentos y las relacionadas con el uso eficiente de la energía, serán muy valorados en los próximos años y por eso es importante que los sistemas educativos actualicen sus contenidos de modo que se puedan adaptar a las de mercados laborales que están en constante cambio y que evolucionan muy rápido.

Por otra parte, debe remarcarse que garantizar el acceso igualitario a la educación es sumamente importante, ya que existe una directa relación entre educación y pobreza. Los grupos sociales más postergados y vulnerables son los que menos educación han recibido y los que tienen más dificultades para acceder a un trabajo digno, con todo lo que eso representa para la persona. Como se señala al principio de esta columna, la Reunión Global de Educación 2018 tuvo como temas centrales de agenda el futuro del trabajo y a la igualdad de género. En ese encuentro, la delegación argentina encabezada por las autoridades del Ministerio de Educación de la Nación asumió el compromiso de colocar el empoderamiento de las mujeres en el centro del debate y, a la vez, se reconoció la importancia de vincular el futuro del trabajo y la educación. Fue el propio titular de la cartera educativa nacional, Alejandro Finocchiaro, presente en Bruselas, quien planteó que “un cambio de paradigma es necesario y urgente para que la educación siga desempeñando este rol clave en la sociedad”. “El rápido paso de los desarrollos tecnológicos y sociales le demandan a los sistemas educativos considerar una reorganización de sus procesos y estrategias de aprendizaje‘, sostuvo, a la vez que asumió el compromiso de “seguir alentando el acceso igualitario a una educación inclusiva, equitativa y de calidad, dentro de entornos de aprendizaje seguros en todos los niveles educativos y a su vez fomentar la alta participación de niñas y mujeres en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas‘. Es de esperar que así sea, que más allá de los gobiernos de turno, se continúe trabajando con estos dos ejes, es decir para estrechar cada vez más los vínculos entre escolarización y trabajo, y garantizar un acceso igualitario a la educación.

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