Jornada Mundial de los Pobres, una oportunidad para ayudar
La segunda Jornada Mundial de los Pobres, convocada por el papa Francisco, que se celebra hoy en los cinco continentes, adquiere una significación muy especial en un mundo que, a pesar de contar con las herramientas necesarias para combatir el hambre y la exclusión, es cada vez más desigual.
Está previsto que el papa Francisco presida una misa en la basílica de San Pedro, en la que se espera que asistan unos seis mil pobres junto a voluntarios y representantes de organizaciones que trabajan a favor de las personas más necesitadas. Bajo el lema “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó”, esta jornada es un llamado a los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo a abandonar la pasividad frente al flagelo de la pobreza. En la Argentina de hoy, con más de 11 millones de personas que no poseen recursos suficientes como para acceder a una canasta básica de alimentos y que tampoco tienen garantizados los derechos básicos a la salud, un trabajo y a una vivienda digna, esta jornada debe servir también para hacer una profunda reflexión sobre qué es lo que se hizo mal y que es lo que se ha dejado de hacer para que millones de argentinos no logren cubrir sus necesidades básicas.
Un estudio publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advirtió que un niño que nace hoy en un hogar pobre de la Argentina tendrá enormes dificultades para escapar del injusto destino de exclusión que lo espera en un país que profundiza la desigualdad. Según esta investigación, ese niño necesitaría al menos seis generaciones para mejorar sus condiciones de vida. La Organización de Naciones Unidas, por su parte, observa que la eliminaci ón de la extrema pobreza es una cuestión urgente de derechos humanos y sostiene que los Estados tienen la obligación jurídica de hacer efectivos los derechos humanos para todos, priorizando los más vulnerables, en particular los que viven en condiciones de extrema pobreza.
El Papa Francisco explicó en un mensaje que la jornada mundial que se celebra hoy es “una iniciativa de evangelización, oración y compartida” que busca favorecer una mayor atención “a la necesidad de los últimos, de los marginados, de los hambrientos”. En nuestro país, en tanto, la Iglesia Católica propuso realizar diversas actividades para estar más cerca de los excluidos, marginados y sin techo, y en ese contexto los obispos de todo el país llamaron a la comunidad a sumarse con gestos a esta jornada a la vez que animaron a estar ‘atentos y sensibles hacia aquellos que más lo necesitan”.
El Papa Francisco, ya en una de sus primeras exhortaciones apostólicas, habló de la necesidad de revisar aquellos modelos económicos que no tienen al ser humano como objetivo primordial de las políticas que se aplican en muchos países. “Algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame°, que supone que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”, señala el documento papal que pone foco en uno de los desafíos más importantes del mundo actual: cómo construir igualdad en tiempos en los que el modelo económico global permite que las personas más ricas del mundo sigan acumulando incalculables fortunas mientras cientos de millones de personas ven afectados sus derechos fundamentales, a la salud, al trabajo y la vivienda. Un informe difundido por la organización Oxfam, titulado “Premiar el trabajo, no la riqueza”, asegura que el último año el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones alcanzó su máximo histórico. Este incremento, afirman los economistas de la organización no gubernamental, podría haber terminado con la pobreza extrema en el mundo hasta siete veces. Señala, además, que en América Latina la fortuna de los ‘milmillonarios‘ creció en 155.000 millones de dólares en 2017, una riqueza de tal magnitud que es suficiente para sacar de la pobreza a todos los habitantes de la región en un año.
Esta Jornada Mundial de los Pobres es una oportunidad para reflexionar sobre la desigualdad y para redoblar los esfuerzos en la lucha contra la pobreza, una tarea que no puede esperar en un país como la Argentina donde las crecientes desigualdades se plasman en diversos indicadores sociales.










