La lucha diaria contra la obesidad y el sobrepeso
La obesidad es una epidemia que está presente en todos los países y la Argentina no es la excepción. Según datos oficiales, el 30 por ciento de los niños argentinos que están en edad escolar tienen sobrepeso y el 6 por ciento se ubica dentro de los parámetros de lo que se considera obesidad. El problema está estrechamente ligado al cada vez más frecuente consumo de alimentos industrializados e hipercalóricos, ricos en grasas y azúcares, pero con poco valor nutritivo.
Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la causa de la obesidad infantil no se explica únicamente por el consumo de comidas poco saludables, el sedentarismo o la disminución de la actividad física, sino que existen también factores socioeconómicos que predisponen a las personas a sufrir la enfermedad. Según los expertos del organismo internacional, entre esos factores se encuentran la falta de información adecuada, la comercialización de los alimentos, la distribución, e incluso la planificación urbana, el medio ambiente y el transporte. Habría que agregar los mensajes publicitarios que inundan los programas infantiles promoviendo el consumo de alimentos poco saludables, con alto contenido de azúcares y grasas que son contraproducentes para el desarrollo y crecimiento de los niños.
Para generar conciencia sobre el serio problema que enfrentan las nuevas generaciones, la Organización Mundial de la Salud conmemoró esta semana el Día Mundial de la Obesidad, señalando que los cambios en el estilo de vida, el ritmo acelerado de las sociedades actuales y las condiciones socioeconómicas son algunos de los factores que también conducen a una acumulación anormal o excesiva de grasa en personas de todas las edades, lo que supone un riesgo para la salud. En el caso de los niños que tienen sobrepeso u obesidad, al problema en sí se suma un mayor riesgo de aparición temprana de las llamadas enfermedades crónicas no trasmisibles como hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, entre otras afecciones. Por esta razón, es fundamental que la prevención de la obesidad infantil comience en los primeros años de vida del niño, y que el entorno familiar esté informado y conozca qué tipo de alimentación es más saludable para el chico, ya que está comprobado que si los hábitos alimentarios sanos y un estilo de vida saludable son inculcados desde la infancia, son más fáciles de mantener luego durante la etapa de la adolescencia y la edad adulta. De esa manera, las personas tendrán más herramientas para evitar el sobrepeso. Los especialistas en nutrición observan que el papel de la familia es fundamental en este proceso, y es en el hogar donde debe comenzar a inculcarse el hábito de realizar ejercicios físicos adecuados a cada edad y evitar la comida chatarra. La tarea debe continuar en los jardines de infantes y escuelas de nivel primario, donde se debe destacar la importancia de consumir todos los grupos de alimentos, aumentando principalmente el consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales y frutos secos o aceites en crudo. También es importante que los padres sepan que, además de una alimentación variada, los chicos deben respetar las cuatro ingestas diarias, es decir desayuno, almuerzo, merienda y cena, ya que de esa manera los alimentos se distribuyen a lo largo del día y permite que el cuerpo obtenga de ellos los nutrientes que necesita. Las personas adultas deben saber que el estilo de vida puede ser beneficioso para la salud o bien puede predisponer a ciertas enfermedades. De ahí la importancia de que la persona con sobrepeso u obesidad sepa que con menos kilos podrá acceder a una mejor calidad de vida.
Debe tenerse en claro que el sobrepeso y la obesidad están relacionados a una alimentación inadecuada por el consumo de alimentos y bebidas procesadas, ricos en grasas, azúcar y sal. Es necesario que las familias y la escuela contribuyan a generar conciencia de la importancia que tiene la alimentación sana y la adopción de hábitos saludables ya desde edades tempranas.
Según la filial argentina de la Fundación Interamericana del Corazón, en nuestro país el consumo de azúcar agregado es alrededor del triple del recomendado (35 cucharaditas diarias aproximadamente) y es por ese motivo que la Argentina se encuentra entre los cinco países de mayor consumo de azúcar agregada del mundo. Es necesario que, frente a esta realidad, cada día se adopten medidas para reducir el consumo de azúcares y promover una alimentación más saludable en todas las edades, a fin de evitar sobrepeso y obesidad tanto en la población infantil como en las personas adultas.










