El tremendo asesinato de un periodista saudí
Pese a las denuncias de distintas organizaciones internacionales que alertaron sobre sistemáticas violaciones a los derechos humanos en Arabia Saudita, el país gobernado por una monarquía absoluta había logrado hasta ahora evitar sanciones, en buena medida gracias a viejas alianzas políticas y económicas con poderosos países de Occidente. Pero el misterio generado por la desaparición y posible muerte del periodista saudí Jamal Khashoggi, podría marcar un antes y un después en la mirada que el mundo tiene de este país, que es uno de los mayores proveedores de petróleo del planeta.
Esta semana el diario turco Yeni Safak aseguró que tiene en su poder una grabación de audio que confirma que el periodista Khashoggi fue torturado antes de ser “decapitado” en el consulado de Arabia Saudita en Estambul. El hombre de prensa, conocido por sus artículos críticos contra el régimen saudí, había concurrido al consulado el pasado 2 de octubre con el fin de realizar unos trámites administrativos para su casamiento. Desde esa fecha no se sabe exactamente qué pasó con él, aunque el video de una cámara de seguridad muestra que el periodista entró al consulado, pero nunca se lo vio salir. Por eso las autoridades de Turquía señalan con el dedo acusador al reino saudita y aseguran que desde Riad se impartió la orden de asesinar al periodista y que esa orden habría sido cumplida por un equipo de 15 hombres, encabezado por el médico Salah al Tubaigy, que presta servicios en el temido Ministerio del Interior saudita. Los saudíes, por supuesto, rechazan esas acusaciones, aunque periodistas del diario The New York Times informaron que Riad podría reconocer que Khashoggi murió en el consulado en un interrogatorio, y que cinco de los implicados son del círculo más cercano al príncipe heredero.
El grave episodio generó el rechazo de los principales medios de comunicación del mundo y el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, así como el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, anunciaron que no participarán de la conferencia “Iniciativa de Inversión Futura”, una especie de foro de Davos, que se celebra este mes en la capital de Arabia Saudita. Por otra parte, en las últimas horas cobró fuerza la versión que indica que el periódico Yeni Safak habría recibido las grabaciones de audio de manos de alguna autoridad del gobierno turco, lo que hizo que muchos medios se preguntaran por qué Turquía no hizo pública la grabación de manera oficial, ya que eso sería una prueba que permitiría confirmar el asesinato. Pero expertos en relaciones diplomáticas explican que los consulados son inviolables de acuerdo a lo establecido por la Convención de Viena, de manera que la grabación que asegura tener el diario turco, podría haberse realizado de manera ilegal, probablemente a través de micrófonos ocultos en la sede diplomática. Fue por eso que la policía turca tuvo que esperar casi dos semanas para poder ingresar al consulado para registrar y buscar de pruebas que permitan saber qué pasó con Khashoggi.
Algunos observadores consideran que este grave hecho podría hacer caer el velo de impunidad que protege a Arabia Saudita de las denuncias de violaciones a los derechos humanos que pesan sobre el régimen saudí. Según el último informe de Amnesty International, las autoridades saudíes restringieron severamente la libertad de expresión, de asociación y de reunión. “Se detuvo a muchos defensores de los derechos humanos y personas críticas con el gobierno, y algunos fueron condenados a largas penas de cárcel en juicios sin las debidas garantías. Varios activistas chiíes fueron ejecutados, y muchos más fueron condenados a muerte en juicios manifiestamente injustos ante el Tribunal Penal Especializado. La tortura y otros malos tratos bajo custodia continuaban siendo práctica habitual”, denuncia la organización internacional.
A su vez, distintos medios europeos calificaron el caso del periodista Khashoggi como “espeluznante” y aseguran que la monarquía saudí, la mayor compradora de armas de EEUU, ha cometido un enorme error de cálculo. Es de esperar que la condena de la comunidad internacional ejerza la suficiente presión como para avanzar en el esclarecimiento de este trágico hecho y poner fin a la impunidad de regímenes que insisten con amordazar y silenciar las voces disidentes.










