Sobrevivir en tiempos de incertidumbre
La falta de certezas es, paradójicamente, lo único seguro que ofrece la Argentina de hoy, con altos índices de inflación, caída del consumo, aumento de la pobreza, despidos, incremento de tarifas y devaluación de la moneda. Atrás quedaron las promesas que el macrismo volcó en sus documentos de campaña y que, a la luz de los resultados, suenan a broma: pobreza cero y crear trabajo “cuidando lo que tenemos”.
El costo de aplicar fuertes políticas de ajuste sobre los sectores medios y más vulnerables de la sociedad, generando situaciones de incertidumbre en la mayoría de los hogares, no será menor. Es que la distribución desigual del poder, el dinero y los recursos no es, precisamente, inocua.
Ya lo había advertido la Organización Mundial de la Salud, en 2005, al señalar que esos tres factores tienen un impacto directo sobre la salud de la población. Los expertos en sistemas sanitarios se refieren a ellos como “determinantes sociales de la salud” y la OMS los define como las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud.
“Esas circunstancias son el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local, que depende a su vez de las políticas adoptadas”, observa el organismo internacional.
Según sus especialistas, estos factores determinantes sociales de la salud explican la mayor parte de las inequidades sanitarias, esto es, de las diferencias injustas y evitables observadas en los países en lo que respecta a la situación sanitaria. En la Argentina de los tres últimos años esas inequidades son cada vez mayores.
Basta recorrer los hospitales para ver el incremento de personas que se han quedado sin obra social por haber perdido el trabajo. Mejorar las condiciones de vida cotidianas de la población, es una de las recomendaciones que hizo la OMS a los gobiernos de todo el mundo frente a las desigualdades persistentes en la mayoría de los países.
Ese consejo, sin embargo, parece no haber sido escuchado en nuestro país donde el 99 por ciento de la población está condenado a vivir en la incertidumbre. En estos días, la mayoría de los argentinos no sabe si a fin de mes va a contar con el dinero suficiente para cumplir con los compromisos contraídos de alquiler, tarjetas de créditos o pago de servicios, entre otras obligaciones.
La incertidumbre se ha convertido en el sello distintivo de la era Macri: el dólar se va a quedar en 23 pesos, afirmó la diputada nacional Elisa Carrió, pero después la moneda norteamericana pasó la barrera de los 40 pesos, con todo lo que eso significó para la remarcación de precios y el agobiado bolsillo de los argentinos.
Pero eso no es todo, los combustibles tuvieron 13 aumentos a lo largo de 2018, y siempre se dijo que el valor del litro de nafta se acomodaba al precio del dólar, pero la caída del billete estadounidense de los últimos días no hizo que bajaran los precios en los surtidores.
Frente a este escenario, a la mayoría de la gente no le queda otra alternativa que ajustarse el cinturón y sumar privaciones. Se empieza cambiando la calidad de los productos que se adquieren y después sigue la reducción en el consumo básico, pero ese ajuste continuo termina pasando factura a la salud.
Es que, si se mira con una perspectiva integral, la salud no es solo algo físico, sino también mental y social; y no saber qué va a pasar a corto plazo tiene un fuerte impacto en la vida de las personas, sobre todo en aquellas que se ven obligadas a postergar sus proyectos por la crisis, a comprar menos alimentos o medicamentos, y también en quienes viven el día a día con el estrés que genera un dato de la realidad que anticipa que este año la inflación trepará al nivel más alto desde 1991.
Y todo esto ocurre en un país en el que a fines del año pasado las principales figuras del Banco Central aseguraban que la meta de inflación para 2018 sería de un diez por ciento. Aquel estrepitoso fracaso del diagnóstico de la autoridad monetaria sumado a la seguidilla de desaciertos en materia económica del macrismo no hizo otra cosa que potenciar la incertidumbre de la mayoría de los argentinos.










