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El Nobel de la Paz premia a dos héroes de la lucha contra la violencia sexual

El médico congoleño Denis Mukwege y a la yazidí Nadia Murad, exesclava sexual del Estado Islámico. Ambos son héroes de la lucha contra la violencia sexual utilizada como “arma de guerra” en los conflictos.

Denis Mukwege y Nadia Murad.

   Oslo, 5 (AFP) – Mukwege es un ginecólogo de 63 años, y Nadia Murad, de 25, es la portavoz de la causa de las mujeres y de su pueblo yazidí. Los dos encarnan un movimiento planetario que supera el marco de los conflictos, como evidencia la ola mundial #MeToo, desatada hace exactamente un año por unas revelaciones de prensa. 

   Ambos fueron premiados “por sus esfuerzos para poner fin al uso de la violencia sexual como arma de guerra”, indicó la presidenta del Comité Nobel, Berit Reiss-Andersen. Ambos dedicaron su premio a los cientos de miles de mujeres víctimas de la violencia sexual.

En plena operación

   “Este premio supone un reconocimiento del sufrimiento y de la falta de una reparación justa para las mujeres víctimas de violaciones y de violencia sexual en todos los países del mundo y en todos los continentes”, dijo Denis Mukwege en breve declaración desde su hospital de Panzi, Bukavu, que fundó en 1999 en el este de República Democrática del Congo (RDC). 

En noreste del territorio del Congo (antes Zaire) se encuentran los yacimientos más ricos de cobalto, cobre, uranio, oro, diamantes y coltán. Son controlados por esclavistas y señores de la guerra asociados con potencias occidentales.

   “El hombre que repara mujeres” -título de un documental en su honor- estaba en plena operación cuando llegó la información sobre el Nobel. “Estaba en el quirófano de repente entró  gente y me informaron sobre la noticia”, dijo Mukwege al periódico noruego VG. Su hospital trató a unas 50.000 víctimas de violaciones, entre mujeres, niños e incluso bebés, a lo largo de dos decenios. Para este médico congoleño, las violencias sexuales son “armas de destrucción masiva”.

Historia difícil

   La iraquí Nadia Murad, de la minoría yazidí, vivió en carne propia estos horrores. Como miles de niñas y mujeres de su comunidad, fue capturada como esclava sexual del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en 2014, antes de lograr huir. “No me resultó fácil hablar de lo que me ocurrió, porque no es  fácil, especialmente para las mujeres en Oriente Medio, decir que fuimos esclavas sexuales”, destacó.

Los yazidíes son una minoría kurda que vive en las provincias de Nínive (Mosul, Irak) y Hassaké (Siria). No practican la religión islámica, sino su propia tradición que data al menos del año 2000 A.C.

   El Nobel “significa mucho, no sólo para mí sino para todas las mujeres de Irak y de todo el mundo” víctimas de violencia sexual, dijo. Embajadora de la ONU para la Dignidad de los Sobrevivientes de Trata de Personas desde 2016, Nadia Murad -cuya madre y seis hermanos fueron asesinados por el grupo EI- milita para que las persecuciones cometidas contra los yazidíes sean consideradas un genocidio.

Renunciar a la vergüenza

   Los dos galardonados recibieron numerosas felicitaciones. “Es difícil imaginar a dos laureados más dignos”, dijo la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, la chilena Michelle Bachelet. El presidente de Irak, Barham Saleh, declaró que la atribución del Nobel a Nadia Murad era “un honor para todos los iraquíes que combatieron el terrorismo”.

   El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, saludó los “infatigables esfuerzos” para que cesen “los crímenes más oscuros‘; en tanto la canciller alemana, Angela Merkel, dijo que los premiados “lanzan un grito de humanidad en medio de inimaginables horrores”. Para el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ambos preservan “los valores comunes”.

   La violación causa cientos de miles de víctimas en los conflictos o en las campañas de opresión de las minorías en todos los continentes, pero la toma de conciencia internacional está progresando. La resolución 1820 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada en 2008, estipula que la violencia sexual “puede constituir un crimen de guerra, un crimen contra la humanidad o un elemento constitutivo de crimen de genocidio”.

   “#MeToo y los crímenes de guerra no son lo mismo”, puntualizó Reiss-Andersen. “Pero tienen en cambio un punto en común: es importante ver el sufrimiento de las mujeres, ver los abusos y permitir que las mujeres renuncien a la vergüenza y se atrevan a hablar”. La onda expansiva ha alcanzado hasta la institución del Nobel, pues un escándalo de violación condujo a la Academia Sueca a postergar un año el Nobel de Literatura 2018.

   Denis Mukwege y Nadia Murad se repartirán el Nobel, que consiste en un diploma, una medalla de oro y un cheque de 9 millones de coronas suecas (unos u$s 990.000), que se les entregará en Oslo el 10 de diciembre.

El documental “Sangre en el móvil” muestra las condiciones de explotación en la principal mina de casiterita del Congo: