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“La regla fue que los culpables zafen y los inocentes tengan problemas”

Tras presentar su libro sobre la “catástrofe”de la justicia, Delgado dialogó con NORTE sobre la necesidad de cambios de fondo.

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Federico Delgado hizo una lectura muy crítica del pasado y el presente del Poder Judicial de nuestro país.

Federico Delgado pasó por la región para presentar su libro “Injusticia - Un fiscal federal cuenta la catástrofe del Poder Judicial”. En el Hotel Guaraní, de Corrientes, expuso en el marco del ciclo “Primavera Planeta”, y accedió a una entrevista con NORTE en la que habló de esa tragedia institucional que cree que ahora los argentinos tenemos una nueva oportunidad de superar.

Esta es parte de la charla con el fiscal federal por cuyas manos pasaron varias de las causas más resonantes de los últimos tiempos. -Seguramente se lo señalaron muchas veces, pero suena fuerte que un fiscal plantee que la justicia es injusta o que se desenvuelve en un contexto de injusticia.

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“Injusticia”, el provocador título que el fiscal eligió para su obra.

-¿Hasta qué punto cree que estas causas de tanta repercusión que estamos viendo expuestas cotidianamente pueden servir para tener una justicia mejor?

-A mí me parece que estamos teniendo una nueva oportunidad. Todas estas causas de corrupción que se tramitan son una chance para salir de ese atolladero. De todos modos, como indico en el libro, hay problemas estructurales que hacen que en la Argentina la justicia y la ley estén divorciadas, o que se aplique la ley de una manera que no siempre es justa. Cambiar eso va a demandar un proceso largo, en el que habrá que tratar de recomponer las cosas, pero repito: estamos ante una oportunidad maravillosa porque lo que está sucediendo pone a la justicia en la cima de la agenda pública.

-¿Y la sociedad qué papel juega?

-La sociedad, hasta ahora, ha sido bastante indiferente a la cuestión judicial. Me parece que todavía no se asocia que la corrupción es también fuente de malos hospitales, de malos salarios, de mala vida pública. En algunos casos muy puntuales la sociedad se involucra y la experiencia es muy distinta. Yo siempre cito los casos de la masacre de Once, la muerte de Mariano Ferreyra y la masacre de Cromañón, como casos muy saludables en los que la sociedad se involucró, hubo procesos eficaces y en tiempos razonables, y se logró condenar a los culpables y absolver a los inocentes, con una aceptación de los fallos por parte de la sociedad.

-¿La morosidad judicial es un problema global o en la Argentina se da con rasgo particulares?

-El problema de la morosidad atraviesa a todo Occidente. Lo que pasa es que los niveles de credibilidad son diferentes, porque en la Argentina esto sucede en el marco de una crisis económica, social, institucional, cultural. Entonces las patologías en la Argentina se notan más. Sobre todo porque en la Argentina la norma ha sido más la impunidad que la sanción de los hechos. La regla ha sido que los culpables zafen e incluso que los inocentes tengan problemas.

-¿La corrupción es cada vez más voraz en el país?

-Hay una crisis moral cada vez más fuerte. Hay un individualismo cada vez más marcado y una despreocupación más intensa por lo público. Eso, combinado con un país donde no hay premios ni castigos concretos o los premios y castigos no están claros o se discuten todo el tiempo, plantea un escenario muy favorable para la corrupción.

Sé que es una montaña muy alta la que hay que subir, pero soy optimista porque tampoco se puede vivir en sociedad sin un sistema de reglas claras

-¿Usted es optimista sobre lo que viene?¿Cree que llegarán los cambios necesarios en la justicia?

-Yo siempre soy optimista, sino colgaría los botines. Soy optimista pero no tonto. Sé que es una montaña muy alta la que hay que subir, pero soy optimista porque tampoco se puede vivir en sociedad sin un sistema de reglas claras en el que todos sepamos qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, qué es lo que está prohibido y lo que está permitido. No hay vida en común sin ese insumo que es la justicia. O la realidad nos va a obligar a rediscutir y darnos un nuevo sistema judicial.

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