Falleció Pedro Capkauskas, corresponsal en Villa Ángela durante treinta y ocho años
La gran familia de NORTE sufre un desgarramiento con la partida de quien fue durante 38 años el corresponsal que condujo la agencia de Villa Ángela.
Por Miguel A. Fernández
El fallecimiento de Pedro Capkauskas, de 75 años, ayer en Resistencia, es de enorme valor en lo profesional por la dignidad que exhibió siempre para reflejar y bregar por su ciudad, eje del sudoeste chaqueño y en lo afectivo, porque construyó lazos de amistad, respeto y conducta sin dobleces que nos llevó a sentirlo -y se lo dijimos tantas veces- como un compañero de ruta siempre disponible, en las buenas y en las malas, leal y sincero.

Siempre interpretamos el rol de nuestros corresponsales como embajadores de sus comunidades, con la misión de representarlas en la divulgación de inquietudes y necesidades.
Pedro lo era y no olvidaba que la cruzada por la pavimentación de la ruta 95 hacia el sur, aquella donde Rubén Ferrer fue uno de los más tenaces, marcó la certificación de que Villa Ángela unida y sin bajar la guardia, podía luchar por sus mejores oportunidades.
La todavía reciente noche celebratoria de NORTE fue tal vez el momento del último abrazo de una hermandad forjada en la entrega cotidiana por el gran diario chaqueño que intentamos hacer junto a esa gente del interior como Lola París, Necho Zenoff, Belén Alvarez, Pedrito López, Alfredo Alegre y en los últimos tiempos un Hipólito Ruiz en ascenso constante.
Esos protagonistas del interior que es, en verdad, el potencial motorizador de esta provincia, tuvo en Pedro un redactor perseverante y actualizado, que también nos instó a visitar y exponer tantas veces ante su gente.
NORTE y Editorial Chaco tendrán que sobreponerse al dolor, también a la costumbre de recibirlo para hablar con sinceridad y afecto, con la consigna de vencer los años si la voluntad divina nos lo permitiera.
Pedro Capkauskas se fue como otros que le inyectaron, al decir de Aledo Meloni, la sangre que siempre fortaleció la consigna de poner a NORTE al servicio del Chaco.
Descansará en paz y en su modestia tal vez no admita que este hermano del periodismo entró en la historia de NORTE que, a pesar del dolor, registra un nuevo capítulo.
Qué buen tipo se nos fue
Por Sebastián Acosta
La verdad que se complica escribir con lágrimas en los ojos, pero sobre todo con un dolor en el alma, como cuando uno pierde a ese ser querido y entrañable que sabe que no lo va a ver más.
Pero al mismo tiempo con la certeza de que hizo un montón por mucha gente y formó una familia increíble.
Como periodista no es mucho lo que pueda decir más allá de lo expresado con justeza por sus compañeros de NORTE, y que su intachable laburo desde la corresponsalía del diario en Villa Ángela durante tantos años lo corroboran, pero sí podemos decir sus amigos que fue un hombre honesto, generoso, sensible con lo que le ocurría a los demás y un excelente compañero de lucha para quienes supimos disfrutar de su sabiduría desde el Sindicato de Prensa del Chaco y quienes hasta incluso pudimos ver cómo, a pesar de no tener su salud en el mejor estado, siempre estuvo en los momentos sobre todo los más difíciles.
A Delia, su querida esposa y compañera; a su hermana Clara, a Carina, Daniela, Corina, Yiyi y todos sus nietos..., sepan con absoluta calma que el querido Pedro ha sido un gran tipo.
Que lo vamos a extrañar muchísimo porque fue de esas personas necesarias, indispensables para quienes tenemos ganas de crecer, sobre todo como seres humanos.
No soy religioso pero sí me permito imaginar y ya con una sonrisa, a Pedro cubriendo algún carnaval en el cielo o en una asamblea en las nubes para mejorar las condiciones de los angelitos. Hasta siempre, querido amigo... nos vemos en el próximo boletín.
El padrino, el amigo, de esos que nunca se van a ir
Por Boris Baluk
Cuando en la vertiginosidad de las cosas cotidianas entra el mensaje fatal: “Se fue Pedrito”, comienza ese baldazo de agua fría que recorre todo el cuerpo, porque se cae la teoría que somos eternos.

Se murió, no hay otra palabra que ablande ni deje de doler. Se nos murió Pedro Capkauskas, amigo entrañable, de caminos, de noticias, de sindicato, de puteadas por las injusticias, hasta de helados, porque juntos hicimos muchas cosas. Pero la más importante que destaco en él, fue su capacidad de ser patriarca y marcar terreno con la sola presencia.
Desesperado por sus hijos, derretido por sus nietos, guardián de acero de su familia, consejero como pocos, un tipo inteligente, de calle, de prensa, realmente una pérdida enorme.
Mi padrino y la causa que hace 27 años estemos juntos en la familia de NORTE, mi querido gordo, a quien le debo muchas cosas que no se compran con dinero. Qué tristeza enorme saber que no hay vuelta.
Escuchar los partes pasados por su hija Daniela “está mejorando levemente”, haciendo que todos recobremos la esperanza, porque el tipo no se iba a ir así nomás.
Él no es de esos. Qué semana más fea la de su internación, qué noticia más triste la del final.
Cuando tenés una amistad de 30 años, no se pueden encerrar las vivencias en una sola despedida, cuando el aluvión de recuerdos, confidencias, intimidades, muchas horas de charla, de aprender, de discutir, vienen de golpe, el pecho entra a doler y el proceso de soltar es el que cuesta.
Querido gordo, querido Pedro: caminando lento con ese dejo de inclinarte hacia la izquierda, las manos giradas hacia adentro de modo tal que las palmas miraban para afuera, la voz ronca y cuando te querían pasar, salía el porteño de San Martín, de las hilanderías, de “chaca” y lucía en la charla tu calle caminada.
Pedro querido, qué triste despedirte mi hermano, no me olvido tu lágrima en mi terapia intensiva, no me olvido nada de lo que vivimos, y es claro que nunca, pero nunca más serán iguales los encuentros de corresponsales, ni las reuniones de amigos donde éramos los más viejos, pero una cosa salva el dolor, Pedrito: no quedó abrazo sin darnos, no quedó nada que saldar entre nosotros, lo que hubiese sido insoportable.
Se fue mi amigo, corresponsal de NORTE en Villa Ángela, el señor Pedro Capskauskas, ojalá pueda seguir honrando la amistad y el cariño recibidos.
Qué gusto haberte tenido como parte importante de mi vida y seguir honrando aquella vez que con el “Nelo” Gagliardone entraste a mi casa y le dijiste: “Este es mi muchacho, del que te hablé”. Buen viaje mi hermano, hasta el reencuentro.
Un oso singular
Por Sergio Schneider
Con Pedro hubo onda desde el primer día. Me habían enviado a hacer un informe sobre no recuerdo qué cosa en su Villa Angela, y él me recibió como lo hacía con todos: poniéndose a disposición para lo que fuese y abriendo su casa de par en par.
Pedro era un tipazo, un oso que se hacía el duro y era pura bondad. Un amigo infaltable. No recuerdo una sola vez en que haya necesitado una mano y no apareciera la suya ofreciéndose a ayudar. Con él no importaban los kilómetros. Si había que estar, él iba a estar.
En el último asado compartido, el mes pasado, volvimos a reírnos mucho con las historias que le hacíamos relatar a Delia, su gran compañera, y que él quizás hubiese preferido mantener bajo siete llaves.
Ella contó la vez en que le puso toda la ropa en un par de bolsos y esperó a que él regresara. Cuando Pedro abrió la puerta, no entendió nada.
-Ahí está todo listo para que te vayas a vivir a otro lado, le dijo ella, con los hijos observando desde ojos inmensos-. Porque si querés vivir con nosotros, tenés que dejar de fumar. Pedro quedó lívido. Fumaba compulsivamente.
Se despertaba fumando, se dormía fumando. Y entre un momento y otro, cada vez que un cigarrillo comenzaba a apagarse, lo utilizaba para encender otro nuevo. Solía caminar con una caja debajo del brazo en la que llevaba su stock de atados. Buscó los paquetes, los abrió uno por uno, y despedazó los cigarrillos a la vista de Delia.
Nunca más dio una pitada. Porque Pedro siempre eligió a su familia. Por ellos era capaz de cualquier cosa. Y por sus amigos también, porque con ellos construía lazos tan fuertes como los de sangre.
Si lo cuento ahora, en este momento de tanto dolor, y de tanto orgullo por haberlo conocido, es porque Pedro no era solamente un periodista. Era un señor, un monumento al alma. Y también un nene grandulón lleno de guiños que se sonrojaba ante una broma fuerte o un elogio que considerara excesivo. Pedrito, querido amigo, gracias por todo. Me juego la cabeza a que son hermosas tus alas.
La camiseta siempre puesta
Por Guillermo Koster
Se fue un histórico. Decano de los corresponsales. Pero por sobre todo, se fue un buen tipo. Bonachón como pocos, siempre dispuesto. Pedro deja un legado para los que seguimos su huella.
El legado de un periodista íntegro, con todas las letras y que nunca tuvo un “no” como respuesta. Sin dudas, lo vamos a extrañar.
Al igual que Oscar Vargas, Carlitos García y otros, dejó su impronta imborrable en esta Redacción. Cada vez que llegaba de visita, su sonrisa contagiaba. Se fue Pedro Capkauskas.
A los 75 años, con 42 de profesión y 38 como corresponsal, su corazón dijo basta. La peleó como durante toda su vida. ¡Vaya si la peleó! Su legado continuará: la camiseta de NORTE siempre puesta será su mejor recuerdo.












