El drama humano en la frontera de EEUU
Las duras políticas que aplica en Estados Unidos la administración del presidente, Donald Trump, para desalentar el ingreso de inmigrantes ilegales a través de la porosa frontera con México están muy lejos de cumplir con ese objetivo. Lo único que se ha logrado con el endurecimiento de las medidas es que el tráfico de personas en esa región, en manos de bandas criminales, se haya vuelto un negocio cada vez más lucrativo.
Según datos oficiales proporcionados por el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, hace unos años los inmigrantes mexicanos y centroamericanos podían llegar a pagar hasta 3000 dólares por un ingreso clandestino al territorio norteamericano, pero ahora deben desembolsar cifras superiores que llegan hasta los 9200 dólares.
La misma fuente confirmó en los últimos meses aumentó el número de cruces ilegales y, en ese sentido, se indicó que en abril pasado se registraron 50.968 casos de inmigrantes indocumentados, mientras que en mayo la cifra pasó a 51.912 en la frontera con México.
Si bien para la administración Trump estos números confirman la necesidad de mantener la política de tolerancia cero con la inmigración ilegal, bajo la cara visible de una de las fronteras más conflictivas del mundo se esconde una compleja y dura realidad de miles de migrantes, la mayoría de Centroamérica, que huyen desesperados de la violencia y la pobreza que se adueñaron de sus países.
Algunos llegan a recorrer más de 3000 kilómetros de peligrosa travesía para poder reencontrarse con algún familiar que los espera (y paga el viaje a las organizaciones de traficantes) en suelo estadounidense.
La migración forzada de miles de jóvenes de El Salvador que huyen de una muerte segura en manos de las pandillas o de las fuerzas de seguridad de ese país que considera sospechoso a toda persona que esté en edad de integrar esas bandas criminales, forma parte de un complejo fenómeno que muchos prefieren ignorar.
Estos y otros jóvenes de Centroamérica eligen Estados Unidos para migrar porque tienen familiares allí que pueden pagarles el viaje y darles cobijo, y porque creen que un futuro mejor los espera en suelo estadounidense.
En rigor, cualquier alternativa puede resultar válida para muchos jóvenes cuando la violencia de las pandillas los condena a una muerte segura o cuando la pobreza los coloca contra las cuerdas.
Es por eso que los migrantes que se animan a vivir este calvario renuncian a todo antes de comenzar la arriesgada travesía que los llevará al otro lado del río Bravo. Jóvenes, niños y hasta mujeres embarazadas fueron sorprendidos por las patrullas de frontera de Estados Unidos cuando intentaban cruzar a nado el curso de agua que separa México del territorio estadounidense.
Y a los que lograr burlar los controles fronterizos los espera un largo camino por el desierto, muchas veces con altas temperaturas que ponen fin a tan arriesgada aventura. Según las estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional de EEUU, del total de personas capturadas en lo que va el año, más de 40.000 fueron sorprendidas a lo largo de línea suroeste, que comprende los estados de Arizona, California, Nuevo México y Texas.
Expertos en movimientos migratorios consideran que ni la construcción del muro, ni el endurecimiento de las políticas de controles fronterizos darán resultados mientras se mantenga la fuerte asimetría entre los países de Centroamérica y los del norte del continente.
Como ocurre con los países de África que empujan todos los años a cientos de miles de personas a buscar mejor suerte en Europa, los migrantes que arriesgan sus vidas para ingresar a Estados Unidos son también, de alguna manera, víctimas de los fuertes desequilibrios entre unas regiones y otras del planeta, producto en gran medida de reglas impuestas a lo largo de la historia por potencias colonialistas primero y por naciones más industrializadas luego, con la complicidad de elites locales que mantuvieron las condiciones de pobreza en muchas naciones de Centroamérica y África.
Como bien plantea la Organización Internacional para las Migraciones, es necesario avanzar en la elaboración de un pacto global que empodere a los migrantes y reduzca sus vulnerabilidades, y que permita además poner fin al drama que viven miles de familias desesperadas que, en su intento por ingresar a países con mejores estándares de vida, son víctimas de las organizaciones de tráfico de personas.
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