Producción de cocaína bate récords en el mundo
El último Informe Mundial de Drogas publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) reveló que la producción mundial de cocaína alcanzó en los últimos años el nivel más alto desde que se tienen registros de estas actividades ilícitas. Según las estimaciones del organismo internacional, la mayor parte de la producción tiene lugar en Colombia, pero a la vez se observa que regiones de África y Asia están emergiendo como centros de tráfico y consumo de esta sustancia.
En las conclusiones del documento de la oficina de la ONU se advierte que, en lo que respecta a la cocaína, la producción global en el año 2016 alcanzó el mayor nivel registrado, con 1.410 toneladas y un aumento del 25 por ciento respecto al año anterior. Por otra parte, los especialistas que participaron de la elaboración del informe indicaron que entre los años 2016 y 2017, la producción global de opiáceos aumentó en un 65 por ciento alcanzando las 10.500 toneladas, la estimación más alta registrada por Unodc desde que comenzó a monitorear la producción mundial de opio a principios del siglo XXI. En ese sentido, se indica que el fenómeno se explica en gran medida por el marcado incremento en el cultivo de amapola y la mejora gradual de los rendimientos en Afganistán, lo que hizo que en ese país la producción de opio el año pasado alcanzara las 9.000 toneladas.
En rigor, ya en el título del Informe Mundial de Drogas 2018 se sintetiza la seriedad de la situación: “Crisis de opioides, abuso de medicamentos y niveles récord de opio y cocaína”, señala desde el comienzo el documento, donde se advierte que el consumo de fármacos sin prescripción médica se está convirtiendo en una gran amenaza para la salud pública y para la aplicación de la ley en todo el mundo, a la vez que los opiáceos causan el mayor daño a quienes los consumen y representan el 76 por ciento de las muertes asociadas a consumo de sustancias psicoactivas,
El director ejecutivo de Unodc, el diplomático ruso Yury Fedotov, dijo que los hallazgos del Informe Mundial de Drogas 2018, donde se evidencia que los mercados de sustancias psicoactivas se están expandiendo con la producción de cocaína y opio alcanzando niveles récord, presentan múltiples desafíos en varios frentes. El experto se mostró a favor de traducir las obligaciones internacionales en acciones que permitan el fortalecimiento de capacidades sobre el terreno para generar respuestas efectivas y proteger la salud y el bienestar de la población, frente a la amenaza de las drogas.
Por otro lado, el mencionado documento señala que la marihuana fue la sustancia más consumida en 2016, con 192 millones de personas que la usaron al menos una vez durante ese año. El trabajo de la agencia de la ONU advierte que el número global de usuarios de marihuana sigue aumentando y parece haberse incrementado en aproximadamente un 16 por ciento en la década cumplida hasta 2016, considerando el aumento de la población mundial. Un dato también novedoso que aporte el informe es el que observa que drogas como la heroína y la cocaína que han estado disponibles por mucho tiempo, coexisten ahora con las llamadas Nuevas Sustancias Psicoactivas (NSP) y los fármacos recetados. Sobre este fenómeno, se indica que un creciente flujo de preparados farmacéuticos de origen incierto que está siendo destinado a uso no médico, así como el consumo y tráfico de poli-drogas, está agregando niveles de complejidad sin precedentes al problema de las drogas.
Otro de los apartados del informe hace referencia a la vulnerabilidad de las personas frente al consumo de drogas según grupos de edad y género. Allí se informa que los daños asociados al consumo de drogas son mayores en los jóvenes, en comparación con las personas adultas. Las investigaciones sugieren que el periodo de la adolescencia temprana (12-14 años) a la tardía (15-17 años) es de alto riesgo para el inicio del consumo de sustancias psicoactiva, el cual puede alcanzar su pico más alto en la juventud (18-25 años). Estos datos deben ser un llamado de atención, tanto para las autoridades locales, como para el conjunto de la sociedad. Se trata de un problema grave que debe abordarse con políticas públicas que pongan foco en la prevención, el tratamiento y el cuidado de los grupos más vulnerables que son víctimas de este flagelo, y con medidas que refuercen la lucha contra las organizaciones criminales que, en nuestra región, aprovechan la debilidad en pasos fronterizos para transportar la droga.










