A 120 años del nacimiento de Lorca
Días atrás se recordó el nacimiento del español Federico García Lorca. Autor de numerosas obras. Esta es oportunidad para volver a pestañar con sus poesías.
El poeta, fusilado en los primeros compases de la Guerra Civil, está reconocido como uno de los mayores exponentes de las letras españolas. Nació el 5 de junio de 1898 y falleció fusilado en Granada, víctima del fascismo, durante la Guerra Civil española.

En esta oportunidad compartimos tres poemas para imprescindibles para entender al autor granadino.
Lorca, una vida
Cuando Federico García Lorca perdió la vida, ante un pelotón de fusilamiento en el camino granadino que lleva de Víznar a Alfacar, las letras españolas se quedaron sin uno de sus grandes referentes. Para ese momento el creador había legado una prolija obra entre la que se contaban poemas, obras de teatro o canciones.
A 120 años de su nacimiento, el poeta sigue siendo igual de recordado que siempre. Buena prueba de ello son los distintos homenajes que recorren el globo. En esta ocasión lo recordamos con tres de sus poemas. Creaciones imprescindibles para entender la obra y la personalidad del difunto autor.
El poeta habla por teléfono con el amor
El poeta habla por teléfono con el amor. Por supuesto que Federico García Lorca fue una gran conocedor de las vanguardias, como queda claro en este título tan original. Pero en él, como en pocos, se cumple la frase clásica: «Lo que no es tradición, es plagio».
Tu voz regó la duna de mi pecho
en la dulce cabina de madera.
Por el sur de mis pies fue primavera
y al norte de mi frente flor de helecho.
Pino de luz por el espacio estrecho
cantó sin alborada y sementera
y mi llanto prendió por vez primera
coronas de esperanza por el techo.
Dulce y lejana voz por mí vertida.
Dulce y lejana voz por mí gustada.
Lejana y dulce voz amortecida.
Lejana como oscura corza herida.
Dulce como un sollozo en la nevada.
¡Lejana y dulce en tuétano metida!
Al oído de una muchacha.
Es muy complicado crear tanta y tan sencilla belleza en tan pocos versos, solo siete.
No quise.
No quise decirte nada.
Vi en tus ojos
dos arbolitos locos.
De brisa, de risa y de oro.
Se meneaban.
No quise.
Lucía Martínez
Hay que ser un genio para llamar a un poema con tan sólo un nombre y un apellido. Y cantarle así, con el corazón henchido, a cualquier chica del pueblo.
Lucía Martínez.
Umbría de seda roja.
Tus muslos, como la tarde,
van de la luz a la sombra.
Los azabaches recónditos
oscurecen tus magnolias.
Aquí estoy, Lucía Martínez.
Vengo a consumir tu boca
y a arrastrarte del cabello
en madrugada de conchas.
Porque quiero y porque puedo.
Umbría de seda roja.











