Los representantes de la Asociación Sindical Empleados Sanitaristas del Chaco (ASESCH), participaron del CXII Congreso Extraordinario de la
Los numerosos episodios en los que el gobierno de maduro parecía caer terminaron con el fortalecimiento de su poder personal y el retroceso de la oposición.
No obstante, la crisis económica y política no dejó de avanzar cada día, extendiendo la zozobra dentro del país y también fronteras afuera, donde la amenazante intervención estadounidense busca resquicios, mientras cientos de miles emigran a los países de la región. El intenso movimiento en zonas fronterizas evidencia que ya no es la tradicional “clase media escuálida” que huye a Miami en avión, por lo que Colombia, Brasil, Perú y Ecuador multiplican los controles y las restricciones al ingreso de venezolanos.
La situación económica empeoró mucho, y no sólo en lo referente a hiperinflación (estimada en 13.800% para este año) y desabastecimiento.

Peor que eso, la producción de la petrolera Pdvsa cayó a 1,6 millones de barriles diarios, cuando en diciembre de 2017 estaba en 2 millones y era de tres millones en los primeros años de Maduro (OPEP). Pdvsa tiene cortados los servicios tecnológicos básicos que la importación no entrega, porque la deuda impaga crece.
La reciente suba del precio internacional del petróleo podría ser un aliento, a pesar de sus constantes oscilaciones, si no fuera que al mismo tiempo sube la tasa de interés internacional y con ella, en mayor proporción, la pesada carga de la deuda externa venezolana. Por otro lado, gran parte de la producción petrolera venezolana está comprometida para saldar los anticipos y préstamos recibidos de China en años anteriores (alrededor de u$s 40.000) mediante contratos de compra anticipada.
Por este motivo, la emisión monetaria se acelera, y con ella la hiperinflación. El gobierno de Donald Trump, mediante sanciones y bloqueos, impide que Venezuela refinancie su deuda externa, aún cuando el presidente Nicolás Maduro ofrezca pagar tasas de usura. Y nadie atina a pensar en una reestructuración completa, porque para eso se necesitaría un plan económico integral acordado con acreedores y estados que hoy son hostiles al gobierno chavista.
En campaña
En estas condiciones, la cuestionada Asamblea Constituyente votó, a pedido de Maduro, un adelantamiento de las elecciones presidenciales, que por otro lado controla férreamente mediante la oficialista Junta Electoral.
Algunos de los principales opositores fueron impedidos de presentarse debido a causas judiciales, prisión o proscripción. Estas medidas que allanan las posibilidades de continuidad de Maduro, dieron lugar al rechazo cerrado de parte del gobierno de Trump y toda la derecha sudamericana, con el presidente peruano Pedro Kuckzinsky como punta de lanza hasta su renuncia por corrupción, continuado por el presidente argentino Mauricio Macri. Todo este apoyo político externo alentó a la oposición a boicotear las elecciones. Adicionalmente, un sector dispuesto a concurrir no consiguió acordar un candidato único, mostrando múltiples divisiones en el frente opositor, que no ha hecho más que retroceder desde que ganara las elecciones de 2015.

Por su lado, Maduro no se presenta a estas elecciones dentro del PSUV, sino con un sello hecho para la ocasión: Somos Venezuela. Esto, aunque sigue controlando la dirección de su propio partido, pero aparentemente no la distribución de cargos, por lo que prefirió privar a los disidentes u opositores internos de una tribuna política. La medida otorga más autonomía al grupo de Maduro en la campaña electoral, pero previsiblemente su debilidad será mayor en un próximo gobierno.
Los candidatos
Aunque la mayoría supone que Maduro será reelegido presidente, no se puede descartar una sorpresa de su rival Henri Falcón, un exchavista y exintegrante de la MUD que decidió presentarse y recoge muchas adhesiones en todo el país. Datanálisis daba hasta el miércoles un “empate técnico” entre Maduro y Falcón. La consultora Delphos medía 43% para el presidente y 24% para el opositor, entre los que iban seguros a votar; e Hinterlaces publicó 52% para Maduro contra 22% de Falcón en el electorado fuera de Caracas. Hay un tercer candidato, el pastor evangélico Javier Bertucci, que hizo su campaña repartiendo comida gratis en las principales ciudades y resta votos opositores a Falcón.
Maduro podría ser reelecto, pero la abstención será alta. Esta es la hipótesis que consideran más probable todos los analistas, dado el desencanto del electorado y el llamado al boicot de la opositora MUD. Si así sucediera, “un nuevo gobierno de Maduro, considerado ilegítimo, no tendrá capacidad de maniobra ni en finanzas internacionales ni en diplomacia”, opina Andrés Cañizalez, investigador en comunicación política.

Para el analista Mariano de Alba, el desconocimiento del resultado no implicará necesariamente “un cese de relaciones diplomáticas y comerciales”. Pero sí agravaría el colapso de un país en recesión desde 2014, que terminará 2018 con una caída del PIB de 15%.
Si Falcón denunciara fraude, tendría gran eco dentro y fuera del país. “Todo está condicionado por la manipulación del gobierno sobre el proceso, y uno tiende a pensar que el resultado puede ser manoseado”, estima el politólogo Luis Salamanca. “Sanciones contra altos funcionarios, incluso sus familiares, congelación de bienes en diferentes países, embargo financiero a PDVSA desde EEUU”, serían algunas consecuencias, calcula. El analista Juan Manuel Raffalli no descarta que Falcón gane. “El problema es que no se lo van a reconocer” y su reto es “cómo va a cobrar ese triunfo”. Para el presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, se consolidaría “una autocracia, mucho más represiva incluso al interior del chavismo, una implosión o una acción internacional dramática”. La “implosión”, cree León, es el “mayor riesgo” de Maduro y podría darse por las sanciones internacionales contra funcionarios chavistas.
Hay una lejana posibilidad de que Falcón ganara y su triunfo fuera reconocido (hipótesis muy poco probable a menos que la población vote masivamente). “Un chavismo emergente de civiles y militares, temeroso de sanciones y aislamiento, podría presionar para el reconocimiento” de su triunfo, considera León. “La comunidad internacional reconocería el resultado, respaldaría una negociación entre fuerzas chavistas, militares y opositoras para un gobierno de transición”. Por su parte, Cañizalez piensa que si así pasara, la MUD quedaría más maltrecha, “en serios aprietos, tras apostar por la abstención” y no lograr canalizar el descontento.
Expectativas e intereses
Vemos que la escasa oferta de candidatos oculta sin embargo una multiplicidad de opciones que representan divisiones y choques alrededor de las cuantiosas reservas petroleras y el destino de la todopoderosa Pdvsa.
E incluso muchos de los movimientos de Maduro, como el de presentarse al margen del PSUV, parecen destinados a legitimar un giro de la política económica en el sentido que reclaman la derecha local y latinoamericana y EEUU: megadevaluación del bolívar, moneda virtual que habilite la enajenación de las reservas petroleras, y hasta una nueva moneda cuya cotización se referencie en el precio del barril de petróleo y una apertura cambiaria.
De fondo, transcurren luchas constantes de la clase obrera contra el caos económico, el desabastecimiento, la desvalorización del salario y el vaciamiento de empresas. Aun dispersas e inconexas, parecen la única respuesta racional ante las maniobras de perpetuación del chavismo residual que representa Maduro, tan impotentes para resolver la crisis local como la derecha nativa e internacional, que en un marco de crisis mundial sólo saben amenazar con embargos e intervención extranjera al país.










