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El Espíritu Santo es alma de la iglesia

Celebra este día la iglesia la solemnidad de Pentecostés. Cincuenta días después de la resurrección de Cristo se produce el descenso de la tercera persona de la santísima Trinidad, el espíritu santo que vendrá a colmar a la primera comunidad cristiana de la fuerza vivificante del amor de Dios que los fortalecerá en la misión.

En efecto habiendo Jesucristo cumplido en plenitud la obra de la salvación para la que había venido y vuelto al Padre, envía el Espíritu Santo prometido para que este derrame sobre la comunidad de discípulos los dones y talentos necesarios para comenzar el tiempo de la iglesia, el tiempo de la evangelización. De este modo constituido los discípulos en iglesia por la fuerza del espíritu derramado en ellos, saldrán a anunciar el evangelio de la salvación. En obras y palabras y con el mismo poder de Cristo, fruto de la presencia del espíritu actuando en ella, la iglesia llevará adelante la obra de Cristo con los mismos signos del maestro sanando a los enfermos, expulsando los demonios, convirtiendo a los pecadores y anunciando a los pobres la buena noticia de la salvación.

La persona de Cristo viviendo en la iglesia por el espíritu Santo irá haciendo consciente a través de los siglos la acción restauradora de Jesucristo que habiéndose encarnado en el mundo como Jesús de Nazareth, cumplió el mandato del padre de limpiar la creación de la mancha original del pecado para devolverle a Dios padre la creación totalmente reconciliada. El sacrificio de Cristo a instancias de su pasión muerte y resurrección es el gran anuncio que la iglesia hace desde el principio, para que todos los hombres conozcan el camino y la puerta de la salvación que es Cristo, Jesús, el Señor. El mismo Espíritu Santo será el protagonista de la continuación de la obra de la salvación, no como algo para ser completado, ya que Cristo cumplió en plenitud esa obra, sino como algo que debe ser conocido por todos justamente para que conscientemente los hombres y mujeres de todos los tiempos entren gozosamente a participar de ese misterio de salvación. Por la efusión continua del Espíritu Santo la iglesia se mantiene fiel a su misión que es evangelizar y realmente unida a Cristo quien por la acción de este vuelve actual la salvación. Los misterios por el cual toda la creación fue reconciliada vuelven actualizarse en el ritual sacramental a través de los cuales la iglesia administra los misterios que nos dan la salvación.

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Cuando decimos que nos da la salvación estamos diciendo que la iglesia en la persona de Cristo por la acción del Espíritu Santo que vive en ella ejecuta de nuevo en el hoy aquellos misterios por los cuales todos hemos sido salvados, así como lo proclama vivamente la iglesia: Cristo ayer, hoy, y siempre.

El Espíritu Santo es el alma de la iglesia y a través del cual Cristo sigue viviendo y habitando en el mundo. Es tan determinante esta afirmación que si en verdad el Espíritu Santo no habitara en la comunidad de los congregados, el evangelio sería letra muerta y los ritos de la iglesia simple repetición de actos que no infundirían vida ni salvación en nadie. Por el Espíritu Santo la iglesia es indestructible ya que la fuerza y el poder que la sostiene y anima es el mismo Dios viviendo en ella. El Espíritu Santo entonces en la iglesia, justamente porque está unida a Cristo por él, nos donará una y otra vez la obra salvífica de Cristo y al mismo tiempo nos ira llevando a la profundidad del misterio trinitario. Y así como Cristo nos ha develado el rostro verdadero de Dios que es trinidad, el espíritu santo nos irá donando en cada acción, palabra y obra de la iglesia a las tres personas divinas para que las conozcamos cada día más. El Espíritu por tanto luego del ascenso del señor a los cielos será el protagonista en la acción evangelizadora de la iglesia, ya que el mismo en su palabra ha anunciado que: “cuando venga el espíritu de la verdad que yo les enviaré, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: recibirá de lo mío y se los anunciará a ustedes”. Claramente Jesús en este pasaje está hablando de la unidad indivisible entre él y el Padre por el Espíritu Santo que por así decir será la persona que comunicará y donará la realidad divina del Dios trinitario. Honramos la majestad poder y gloria del Espíritu Santo que como misterio de amor sigue obrando en Cristo la salvación de la creación entera en la obra de la evangelización.

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