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En defensa del INTA

El plan para recortar gastos que son claves para un funcionamiento adecuado del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) genera enorme preocupación en todo el nordeste argentino, fundamentalmente por el compromiso que ha demostrado el organismo para con el sector agroindustrial de la región.

El anuncio del ajuste que sufrirá el instituto, que obligará a reducir un 8 por ciento de la planta de su personal, tendrá un impacto negativo en el desarrollo regional ya que el trabajo que lleva adelante la estructura del INTA con sus técnicos en Chaco y Formosa tiene incidencia directa en la generación de conocimientos que son imprescindibles para ambas provincias. Como ejemplo de los valiosos aportes que hace el instituto al sistema productivo local, vale citar las distintas investigaciones que realizó en genética vegetal y que permitieron presentar días atrás en Presidencia Roque Sáenz Peña tres nuevas variedades de semilla de algodón transgénico con las que se propone cubrir un segmento de demanda de los productores orientada a los ciclos intermedios, ya que la oferta actual de variedades transgénicas está enfocada a ciclos de mayor extensión o, en el otro extremo, a ciclos muy cortos, lo que dejaba sin cobertura las variedades de ciclos intermedios. Dicho de otra manera, las tres variedades que acaba de presentar el INTA responden a un ciclo intermedio que se adapta especialmente para el trabajo que se lleva adelante en la región, lo que confirma la importancia del trabajo de los equipos técnicos del organismo.

La decisión de reducir la cantidad de personal del instituto se enmarca en las políticas de ajuste que impulsa el gobierno nacional y que, en el caso del INTA, se expresa en medidas como la modificación de estructuras jerárquicas, recortes en algunas direcciones nacionales y en áreas que son fundamentales para el funcionamiento del organismo. Para colmo, según reconocieron las propias autoridades nacionales del instituto, el fuerte incremento en el precio de los combustibles y los tarifazos de luz y gas impactaron de lleno sobre la disponibilidad de recursos de las distintas estaciones experimentales que el instituto tiene en todo el país.

Según se informó, para este año el INTA cuenta con un presupuesto de 6.250 millones de pesos, pero la devaluación y el proceso inflacionario que vive la economía nacional vuelven mucho más complicado cualquier manejo racional que se intente de los presupuestos. El organismo ya venía sufriendo la pérdida de puestos de trabajo que durante muchos años fueron la base de la generación de valiosos conocimientos y tecnologías que fueron y son de gran utilidad para pequeños y medianos productores.

El presidente del INTA, Juan Balbín, aseguró que no habrá cierres de estaciones experimentales, pero más allá de esa afirmación, lo cierto es que cerca de 300 personas se retiraron del organismo por tener edad para jubilarse y el problema que se presenta es que los cargos vacantes no se cubrirán con nuevo personal. Al contrario, lo que se pretende es reducir el tamaño del instituto y en esa línea se inscribe la reducción prevista en los programas de investigación que de los 130 actuales se dejarán sin efecto 50 o más, con todo lo que eso significa.

Según la organización gremial que representa al personal del INTA, el congelamiento de vacantes remite a una situación similar que ya se vivió en los años 90 y 2000, cuando toda una generación de técnicos se fue del instituto. Es lamentable que esa historia se repita. Es falso argumentar que el ajuste y el achicamiento de un organismo clave para las economías regionales servirán para dinamizar el desarrollo. Al contrario, la historia argentina enseña que cada vez que los distintos eslabones del sistema nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (el INTA es uno de esos eslabones) sufrieron recortes y despidos de personal, el país perdió la oportunidad de consolidar su desarrollo. Que el INTA presentara en el Chaco tres variedades de algodón transgénico, a partir de una investigación que permitió proporcionar al cultivo un alto porcentaje de fibra, calidad y sanidad haciéndolo resistente a las enfermedades, no fue fruto de la casualidad sino de un arduo trabajo de muchos años que confirma, una vez más, la importancia que tiene el organismo y sus profesionales para el fortalecimiento de la región.