A 50 años del Mayo francés
Hace medio siglo, la ciudad de París asombraba al mundo con una serie de revueltas obreras y estudiantiles que luego se extendieron a buena parte del mundo con ideales y consignas potentes que servirían para poner en evidencia a viejos engranajes culturales y rígidas estructuras políticas que se resistían a los cambios.
A 50 años de aquella revuelta estudiantil apoyada por una huelga general de trabajadores que desafió al poder en la Francia del general De Gaulle, e influyó de manera determinante en las ideas occidentales, hoy muchos se preguntan qué queda de esa utopía. “Cuando jóvenes estudiantes vienen a verme y me preguntan si podría producirse otro Mayo del 68 en la actualidad, les digo que no lo sé. Pero cuando les cuento cómo era la sociedad hace 50 años, no lo pueden creer”, dice Daniel Cohn Bendit, uno de los rostros más visibles de las protestas estudiantiles. Actualmente diputado en el Parlamento Europeo, “Dany el Rojo” como lo apodaron en las calles de París, Cohn Bendit recuerda que en los convulsionados años 60 las hazañas militares del general De Gaulle durante la Segunda Guerra Mundial no conmovían a una juventud que exigía el fin del conservadurismo social.
En realidad, lo que se conoce como el Mayo Francés comienza el 22 de marzo de 1968 con la protesta de estudiantes en la Facultad de Humanidades de la ciudad de Nanterre, en las afueras de París. Allí los jóvenes reclaman, entre otras cosas, la posibilidad de desarrollar libremente actividades políticas dentro de las universidades, algo que estaba prohibido en el obsoleto sistema enciclopedista que regía a las casas de altos estudios en Francia y en la mayoría de los países occidentales. El malestar de los alumnos va a generar luego una huelga estudiantil que cobra fuerza a partir del 3 de mayo y que toma por sorpresa a las autoridades francesas. Las movilizaciones en las calles son multitudinarias y en ellas confluyen tanto jóvenes universitarios desencantados como trabajadores descontentos por un sistema injusto que no reparte entre todos los beneficios del crecimiento económico de los años 60.
“Ni esclavos ni robots” es una de las consignas que se escuchan en las calles de París, donde además se pueden leer en las paredes célebres frases que dieron la vuelta al mundo: “La imaginación al poder”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Todo esto, con las guerras de Vietnam y Argelia como dramático escenario de fondo, el surgimiento de Mao, la revolución cubana con la figura del Che Guevara como ícono de la rebelión juvenil contra el statu quo y un incipiente movimiento feminista con reclamos y denuncias que hoy, medio siglo después, tienen vigencia.
Después de un mes de manifestaciones en las calles y huelgas, la falta de acuerdo entre estudiantes y obreros, y entre los distintos sectores estudiantiles puso fin a la revuelta, para dar paso a un lento regreso a la normalidad. Cincuenta años después, el mundo sigue hablando de aquella sublevación estudiantil y obrera francesa del siglo XX y se pregunta cuál es la herencia de aquellos sucesos que nacieron al calor de un profundo rechazo a viejos modelos de enseñanza en las universidades, al paternalismo y a las enmohecidas estructuras políticas y sociales de aquellos años. Algunos críticos de esa rebelión juvenil sostienen que la insatisfacción y la necesidad de cambio de aquellos estudiantes tuvieron efectos no deseados que provocaron una nueva mentalidad hedonista donde el deber, el trabajo y el esfuerzo comenzaron a perder sentido. Para otros, en cambio, el Mayo Francés fue una bisagra histórica que sacudió los cimientos de una sociedad mojigata, que mostró tabúes y obligó al conjunto de la sociedad a escuchar la opinión de la juventud. “Mayo del 68 nos recuerda la fuerza que pueden tener los reclamos de igualdad cuando son defendidos por las multitudes”, observa el historiador Boris Gobille, autor de varios ensayos sobre aquellos acontecimientos.
Temas que hoy son motivo de debate político, relacionados a la sexualidad, la interrupción voluntaria del embarazo, la anticoncepción y los derechos de la mujer, así como la necesidad de humanizar las relaciones en el mundo del trabajo, entre otros de gran actualidad, son fruto de aquellos tumultuosos días.










