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La economía en un laberinto

En sólo dos meses el Banco Central de la República Argentina se desprendió de casi el 12 por ciento de las reservas (más de 7000 millones de dólares) y, en pocos días, triplicó la tasa de interés llevándola de un 27,25 al 40 por ciento, en un intento por detener la estampida del dólar. Si bien la medida logró frenar momentáneamente la demanda de la moneda norteamericana, la suba de la tasa tendrá un fuerte impacto negativo en el consumo de las familias y en la actividad productiva.

La tasa de interés del Banco Central es, en rigor, un regulador de otras variables de la economía. La decisión del presidente de la entidad, Federico Sturzenegger, de llevarla a un 40 por ciento, alcanzando así su pico más alto desde que Cambiemos tomó el timón del gobierno nacional, impactará en el acceso al crédito, que a partir de esta medida será mucho más caro. En otras palabras, las familias que financian sus consumos con tarjetas de crédito tendrán que pagar más por usarlas, y lo mismo pasará con las pequeñas y medianas empresas que necesitan de préstamos bancarios para sostener su actividad productiva. Salvo que ocurra un milagro, algo muy poco probable en la economía real, en los próximos meses se producirá una desaceleración del consumo y la inversión, es decir una caída de la actividad.

El panorama es preocupante porque se encarecerán los préstamos hipotecarios y los créditos personales, de manera que este nuevo escenario sumará incertidumbre a quienes tienen que pagar cuotas de préstamos ajustados por UVA. Además, si se tiene en cuenta que en la mayoría de los hogares, que vienen sufriendo la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el consumo se mantiene en buena medida por el uso de las tarjetas de crédito (para colmo algunas entidades aplican tasas usurarias del ciento por ciento anual), no hace falta ser un experto en economía para darse cuenta que una vez más los perdedores del modelo económico vigente serán los sectores más vulnerables.

Las pequeñas y medianas empresas también se verán en aprietos, ya que vienen soportando intereses de financiación que rondan el 37 por ciento pero deberán prepararse para el impacto que tendrá en la economía real la suba de la tasa de interés del Banco Central, sabiendo que de ahora en más será mucho más costoso financiarse con un préstamo. Para muchas pymes, lamentablemente, la decisión del Banco Central en relación con la suba de la tasa rectora será un impacto que dará de lleno en su línea de flotación. Es que en ningún país del mundo, salvo al parecer en Argentina, se pretende que se mantengan en pie empresas que tienen que enfrentar descomunales subas de tarifas, una fuerte presión impositiva y, encima, el encarecimiento del crédito.

Si bien la tasa de interés de referencia que fija el Banco Central es un instrumento de política monetaria que utilizan todos los países, el problema es que Argentina atraviesa una difícil coyuntura que generan dudas sobre el programa económico que impulsa la administración Macri y, en ese contexto, la adopción de medidas drásticas puede complicar aún más las cosas. Queda por ver si el enfriamiento que se espera de la economía permite reacomodar las piezas de un edificio que acaba de sufrir el movimiento de una de sus columnas. Por lo pronto, en las últimas horas algunas calificadoras de riesgo y bancos de inversión expresaron sus dudas respecto al futuro del plan económico del gobierno nacional.

Otro dato a tener en cuenta es que habrá 30.000 millones de pesos menos para la obra pública, según el anuncio que hicieron el viernes los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Finanzas, Luis Caputo. Todo esto, en un escenario con una devaluación del peso de casi nueve por ciento en solo tres días, tarifas impagables para el ciudadano de a pie y una inflación que ya acumula un tres por ciento este mes. Es evidente que el gobierno nacional tiene serias dificultades para resolver los problemas estructurales de la economía y que “el mejor equipo de los últimos 50 años”, como definió el propio presidente Macri al gabinete que lo acompaña, no logra salir del laberinto y dar en la tecla en cuestiones que son claves para el presente y el futuro de los argentinos.

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