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Aumento de gasto militar conspira contra la paz

El gasto militar mundial llegó a su nivel más alto desde la Guerra Fría, ya que los países destinaron en conjunto la exorbitante suma de 1,73 billones de dólares en materia de defensa, aunque vale aclarar que, por lejos, Estados Unidos es el país que más recursos destina a la compra de armas y equipos para la guerra. Así lo revela el último estudio sobre esta materia elaborado por el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés) que indica que China y Arabia Saudita comparten con los norteamericanos el podio en esta nueva carrera armamentística.

Según los expertos del instituto sueco, el gasto militar viene exhibiendo un lento pero sostenido crecimiento a partir del año 2001, aunque la curva de crecimiento dio un notable salto durante las guerras en Irak y Afganistán, dos conflictos que tuvieron una incidencia directa en el crecimiento del gasto militar global.

Los investigadores del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, fundado en 1966 con motivo de 150 años de paz ininterrumpida en Suecia, entienden que el hecho de que el gasto militar crezca en proporciones que no se veían desde las épocas de la Guerra Fría se explica por el interés de países como Rusia y China para posicionarse con mayor poderío económico, político y militar en el mundo, disputando el liderazgo de Estados Unidos. De todos modos, hay un aspecto que llamó la atención al conocerse los últimos datos sobre los gastos de defensa: Arabia Saudita reemplaza a Rusia en el tercer lugar de quienes más gastaron en 2017, con 69.400 millones de dólares. En rigor, Oriente Medio es la región donde el gasto militar representó el mayor porcentaje en relación al producto interno bruto (PIB), al ubicarse en poco más del cinco por ciento, según indicaron expertos del SIPRI, que aclararon que la información sobre varios países, como Siria, Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Yemen, era incompleta.

El informe del instituto sueco de Investigación para la Paz advierte que el problema de fondo es que las fuertes presiones que existen por parte de los intereses de la industria armamentística dificultan la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos en todo el mundo. En un mundo que tiene a más de 700 millones de personas viviendo en condiciones de extrema pobreza, resulta muy difícil encontrar argumentos razonables que justifiquen el aumento del gasto militar en el último año, a tal punto de haber registrado un incremento hasta llegar a los 1,73 billones de dólares el año pasado, esto es un 1,1 por ciento más que en 2016, lo que equivale a 230 dólares por habitante.

No sorprende que una potencia militar como Estados Unidos siga encabezando la lista de los que más gastaron, con 610.000 millones de dólares, una cantidad mayor a la que suman los siete países que se ubican por debajo en el ranking del gasto militar y que representa más de un tercio de esas erogaciones a nivel global. En el segundo puesto de la lista se ubica China, con 228.000 millones de dólares destinados a la defensa, lo que representa el mayor aumento absoluto en el gasto, de 12.000 millones de dólares o un 5,5 por ciento, medidos en precios constantes de 2016. El instituto sueco de investigación calcula que la participación de China en el gasto global se duplicó desde al año 2008 hasta el 13 por ciento. Sin embargo advierte que los datos oficiales brindados por las autoridades del gigante asiático podrían ser menores a su gasto real en defensa.

Llamó la atención la caída del gasto de Rusia, que queda ahora en el cuarto lugar de la lista, después de Arabia Saudita. Según informa el instituto sueco, la administración Putin dedicó 66.300 millones de dólares al gasto militar, aunque los expertos observan que la disminución no significa que la modernización militar no siga siendo una prioridad para Moscú. India, por su parte, superó a Francia al situarse en quinto lugar, con un desembolso de casi 64.000 millones de dólares.

Desde organizaciones no gubernamentales que abogan por el fin de los conflictos armados y una restricción en la venta de armas en todo el mundo destacan la importancia de incluir en la agenda internacional el debate por un presupuesto para la paz. Es necesario que la comunidad de naciones avance hacia un proceso de cooperación e integración promoviendo la cultura de la paz y el desarme.

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