Ernesto Sábato, el gran escritor argentino
Falleció en la madrugada del sábado 30 de abril de 2011, 55 días antes de cumplir 100 años. Ese domingo ofrecieron un homenaje, que ya estaba en curso, en la Feria del Libro de Buenos Aires. “Padecía una bronquitis que no pudo superar”, lo anunció su compañera Elvira González Fraga.
Descendiente de padre italiano y madre albanesa, Sábato está considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana no solo por sus novelas, El túnel, Sobre héroes y tumbas (considerada una de las mejores novelas argentinas del siglo XX), incluida Abaddón el exterminador, sino también por su amplia obra ensayística sobre la condición humana. Obtuvo el Premio Cervantes en 1984, ocasión en la que pronunció un discurso en el que describió a El Quijote como “un simple mortal, tierno desamparado, andariego, el hombre que alguna vez dijo que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”. Nació el 24 de junio de 1911 en la ciudad de Rojas (Provincia de Buenos Aires), hijo de Francisco Sábato y Juana María Ferrari. Estudió en la Escuela primaria de Rojas y la secundaria en el Colegio Nacional de La Plata. En 1929 ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata, donde fundó el Grupo Insurrexit en 1933, de tendencia comunista y en 1933 fue elegido Secretario General de la Federación Juvenil Comunista, en un curso sobre marxismo conoció a Matilde Kusminsky Richter, una estudiante de 17 años, quien abandonó la casa de sus padres para vivir con él, y la que se convertiría en su esposa y su compañera hasta su muerte en 1989.

En 1934 fue enviado a las Escuelas Leninistas de Moscú, hizo escala en Bruselas como delegado del Partido Comunista de la Argentina al Congreso contra el Fascismo y la Guerra. Una vez allí, temiendo que de ir a Moscú no regresaría, abandonó el Congreso y huyó a París, donde escribió su primera novela llamada ‘La Fuente Muda’. Regresó a Buenos Aires en 1936 y contrajo matrimonio por civil con Matilde. En 1938 obtuvo el Doctorado en Física en la Universidad Nacional de La Plata. Gracias a Bernardo Houssay, le fue concedida una beca anual para realizar trabajos de investigación sobre radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie en París. El 25 de mayo de 1938 nació su primer hijo, Jorge Federico. En 1939 fue transferido al Massachusetts Institute of Technology (MIT), por lo que abandonó París antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Regresó a Argentina en 1940 donde trabajó como profesor en la Universidad de La Plata, en la cátedra de ingreso a Ingeniería y en un postgrado sobre Relatividad y Mecánica Cuántica. En 1943, tras una crisis existencial, decidió abandonar la ciencia para dedicarse de lleno a la literatura, y se instaló en Pantanillo, en la provincia de Córdoba, para vivir en un rancho sin agua ni luz pero entregado a la escritura. En 1945 nació su segundo hijo, Mario. En 1941 apareció su primer trabajo literario, un artículo sobre La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares, en la revista Teseo de La Plata. También publicó una colaboración en la revista Sur, por intervención de Pedro Henríquez Ureña.
En 1945 publicó su primer libro, ‘Uno y el universo’, una serie de artículos filosóficos en los que criticaba la aparente neutralidad moral de la ciencia y alertaba sobre los procesos de deshumanización en las sociedades tecnológicas. En 1948 después de haber llevado los manuscritos de su novela a las editoriales de Buenos Aires y de ser rechazado por todas, publicó en la revista Sur ‘El túnel’, que finalmente fue un éxito y de la que se hizo una película en 1952. En 1955 fue nombrado interventor de la revista Mundo Argentino por el gobierno de facto impuesto por la Revolución Libertadora, puesto al que renunciaría al año siguiente por haber denunciado la aplicación de torturas a militantes obreros. Ese mismo año publicó El otro rostro del peronismo: Carta abierta a Mario Amadeo’, en donde, sin abdicar de sus antipatías hacia la figura del ex presidente Juan Domingo Perón, efectúa la defensa de Evita y sus seguidores; posición que le crearía numerosas críticas de los sectores intelectuales argentinos, que eran mayoritariamente opositores al régimen derrocado. En 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi, Sabato fue nombrado Director de Relaciones Culturales en el Ministerio de Relaciones Exteriores; puesto al que renunciaría al año siguiente por discrepancias con el gobierno. En 1961 publicó ‘Sobre héroes y tumbas’, que ha sido considerada como una de las mejores novelas argentinas del siglo XX. Su siguiente novela, Abaddón el exterminador se publicó en 1974 y ese mismo año recibió el Gran Premio de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Por solicitud del presidente Raúl Alfonsín, presidió entre los años de 1983 y 1984 la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cuya investigación, plasmada en el libro ‘Nunca Más’, abrió las puertas para el juicio a las juntas militares de la dictadura. Fue nombrado Doctor honoris causa por la Universidad de Murcia, España; por la Universidad de Rosario y la Universidad de San Luis de Argentina, y en 1995 por la Universidad de Turín, Italia.
El 21 de diciembre de 1990, en su casa de Santos Lugares se casó por iglesia con Matilde Kusminsky Richter. En 1995 murió su hijo Jorge Federico en un accidente automovilístico y el 30 de septiembre de 1998 falleció su esposa, Matilde Kusminsky Richter. Ese mismo año publicó sus memorias bajo el título de Antes del fin y el 4 de junio de 2000 publica ‘La Resistencia’ en la página de Internet del Diario Clarín.
Sábato ha tenido una larga vida paralela al desarrollo de un convulso siglo XX, su ideario político ha ido cambiando a lo largo de su existencia, pero siempre ha sido marcado por un profundo humanismo: “Aunque fui comunista activista, el anarquismo siempre me ha parecido una vía de conseguir justicia social con libertad plena. Y valoro el cristianismo del Evangelio. Este siglo es atroz y va a terminar atrozmente. Lo único que puede salvarlo es volver al pensamiento poético, a ese anarquismo social, y al arte”.
Ernesto Sábato murió el 30 de abril del 2011, en su hogar en Santos Lugares (Provincia de Buenos Aires), a causa de una neumonía derivada de una bronquitis que lo aquejaba desde hacía algunos meses. A pesar de su última petición de que sus restos fueran inhumados en el jardín de su vivienda y que no se enviaran ofrendas florares, fue enterrado en el cementerio Jardín de Paz, en Pilar, junto a su esposa y su hijo mayor, luego de un oficio religioso llevado a cabo por monseñor Jorge Casaretto.
El 19 de septiembre de 2014, después de tres años de demoras por falta de fondos, la familia Sábato finalmente reabrió la casa del escritor como un ‘museo vivo’ dedicado a recordar su vida y su obra. Las visitas son gratuitas y están a cargo de los nietos del escritor. Sábato, aparece en pantallas colocadas en las distintas habitaciones relatando anécdotas.
En 2016, el Concejo Deliberante de Tres de Febrero aprobó el cambio de nominación de la calle Saverio Langeri, donde se ubica la casa museo, por el de Ernesto Sábat










