Resistencia22°Min. 18° • Max. 23°
El trabajo de la fundación Aprendiendo bajo la Cruz del Sur

Una red digital de escuelas rurales

Voluntarios bonaerenses usan parte de sus vacaciones para llevar internet a escuelas de frontera. Fotos-Claudia Gómez Sosa

central .jpg
Claudia Gómez Costa recibió el premio Abanderados de la Argentina Solidaria.

La Fundación Aprendiendo bajo la Cruz del Sur es una familia en un sentido literal. Claudia Gómez Costa (docente) está casada con Alejandro Luis Besteiro (pediatra). La pareja conduce un equipo lleva 14 años creando una red de comunicación. En ese tiempo unas 134 escuelas rurales y sedes de parques nacionales incorporaron al menos una computadora con internet satelital. Las últimas fueron tres escuelas de El Impenetrable y se convirtieron en noticia porque para cumplir su cometido cruzaron un puente cubierto por aguas del Bermejito.

La conexión genera un doble beneficio: acceso a contenidos educativos para trabajar en clase y que las poblaciones que están lejos de servicios esenciales puedan tener una vía de contacto.

Además cada escuela que visitaron recibió un filtro bacteriológico para potabilizar agua. Los aparatos -todos donados- permitieron dar una proyección de 2.000 personas con acceso al agua potable por un periodo de cinco años.

ORGANIZACIÓN CLAVE

El equipamiento es muy costoso porque requieren de una antena parabólica para tomar la señal de un satélite, en un servicio que además se paga en dólares (U$S 700 la instalación y otros 300 el servicio por un año) y la fundación tramita que sea gratuito.

“Nosotros no somos gobierno ni empresa, ni recibimos subsidios; presentamos un proyecto a una firma privada y nos pagan el costo”, explica Claudia. Con patrocinio de importantes empresas se gestionan los recursos necesarios. Por ejemplo Volkswagen hace seis años les presta las camionetas en las que traen los equipos. “Confían en nosotros porque ven los resultados”, apunta Alejandro.

UNA AVENTURA

Para que unos diez a 15 integrantes viajen, instalen los equipos y ejerciten su uso con los destinatarios, también es necesario planificar con anticipación. La logística demanda varios meses de presentar notas, hacer llamadas y de compatibilizar tiempos. De ese trabajo se ocupa Claudia.

“Usamos una semana de nuestras vacaciones para hacer todo”, agrega Alejandro. Los chicos de la familia faltan a clases, “pero para aprender otras cosas”, complementa ella.

central 4.jpg

Cada viaje plantea nuevos desafíos y varía según la geografía: llegar a escuelas en la región cordillerana exige en algunos tramos hacerlo a lomo de burro; también llegaron a otros destinos inaccesibles, en helicóptero militar. “Lo hacemos por amor a las escuelas rurales y a los maestros que consideramos héroes civiles”, resume la presidenta de la fundación.

DOBLE PREMIO

Por su compromiso, en 2017 Gómez Costa recibió el premio Abanderada de la Argentina Solidaria. Con $200.000 de la fundación Navarro Viola organizó la donación para tres escuelas del Chaco.

Sin esperarlo, cuando regresaban a su ciudad Servicio Satelital S.A., la empresa a la que le compraron el servicio de internet, les comunicó que donaba otros $200.000 en servicios para que conecten a otras escuelas. El compromiso incluía seguir dando el servicio sin límite de caducidad una vez que se termine la conexión paga.

“Es algo que supera nuestra mejor expectativa, no lo podemos creer”, describía a NORTE Claudia.

Con el Papa

Para sus integrantes una de las experiencias más gratificantes fue haber producido un diccionario quechua - aymara - español que llegó a manos del Papa.

central 2.jpg

Los chicos de una escuela conectada por la fundación organizaron los dibujos y fotos, con acompañamiento de sus maestros. La encuadernación incluye tejidos de lana típicos de la región.

Como Claudia y Alejandro viajaron a Italia por cuestiones de salud, llevaron el diccionario para intentar que llegara al Pontífice.

“Hicimos las gestiones mientras me reponía en la casa de una familia amiga y el papa Francisco nos recibió en persona, no en una audiencia pública”, cuentan. La experiencia fue significativa porque se produjo a tan solo un mes de haber asumido. “Fue muy fuerte, lloramos todos; habló mucho y sus palabras tan hermosas que las llevamos en el corazón hasta hoy, nos dijo: no bajen los brazos. Y en eso estamos”.

EL FIN

La Fundación Aprendiendo bajo la Cruz del Sur es una entidad sin fines de lucro, se creó en 2004 en Pinamar, provincia de Buenos Aires (persona jurídica N° 29.984).

En la presentación señalan que impulsan “acciones para el desarrollo humano en igualdad de oportunidades e inclusión social desde la educación, aprovechando las ventajas de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Posibilitar acceso al agua potable de las comunidades escolares”.

El uso  pedagógico y social de las nuevas tecnologías

El trabajo de garantizar conectividad en alejados parajes del país no se agota allía. La Fundación Aprendiendo Bajo la Cruz del Sur le da sustento a su nombre.

“Nuestro trabajo no termina en la instalación, damos apoyo pedagógico, para organizar clases de matemáticas o ciencias naturales con recursos disponibles en internet”, explica su presidenta.

escuela 9.jpg

Claudia Gómez Costa es maestra de primaria y licenciada en Educación, además hizo un posgrado universitario en el uso de nuevas tecnologías. “Hablamos el mismo idioma-describe- Al principio hay una obnubilación, pasar de tener unos poquitos libros en la biblioteca del aula para entrar en la biblioteca del mundo”.

Entonces recomienda a los docentes elegir con cuidado las páginas con valor didáctico, de dónde obtener información veraz, qué es mejor para la escuela y qué desechar. Y lo más importante: que ellos produzcan información y la compartan con el mundo. Su cultura, su paisaje.

“Por eso buscamos asegurar la permanencia en el tiempo y también interesar a los usuarios sobre la importancia del cuidado de los elementos”, completa Juan Santoiani. El ingeniero es el tercer ‘indispensable’ del equipo porque es quien se encarga de poner a punto las máquinas. Entre los contratiempos recuerda la vez que tuvo que desarmar un estante para usar los tornillos que no estaban embalados en el equipamiento de fábrica. De la experiencia ahora siempre lleva un repuesto o un plan alternativo.

EN LA PROVINCIA

escuela 5.jpg
Para poder llegar con el programa a la Escuela 366, en el paraje El Pozo El Zapallar, tuvieron que cruzar un puente cubierto por el agua del río Bermejito.

Las tres escuelas que la fundación visitó este mes pertenecen a la zona de Miraflores y en El Impenetrable. Esta no fue la primera vez que trajeron asistencia a la provincia, antes habían conectado a una escuela de Capitán Solari y al parque nacional Chaco. A la escuela 799, de paraje Pozo El Zapallar, llegaron cruzando el río Bermejito. El día que lo hicieron -jueves 12 de abril- el agua cubría el puente en unos 30 centímetros. El paso en sí es la anécdota que se llevan a casa y de hecho fue noticia en NORTE. Como en esa escuela ya tenían una computadora la donación incluyó una antena satelital con servicio gratuito de internet, wifi, y un teléfono de línea que se conecta a la web y un filtro bacteriológico para obtener agua potable.

SIN ENERGÍA

Dos aulas sin energía eléctrica ni baño albergan al anexo de la primaria 366 “China Pitof”, en el paraje Techat. Allí concurren alumnos de una diversidad de poblaciones: wichí, qom y criollos.

La donación de la fundación consistió de un grupo electrógeno, porque Claudia confía en que “pronto llegarán los paneles solares para que tengan energía eléctrica”. Además del equipamiento habitual: una notebook, antena satelital con servicio gratuito de internet y teléfono de línea, más un filtro bacteriológico para acceder a agua potable aun extrayendo agua contaminada de los madrejones o charcos.

En simultáneo a la instalación técnica se organiza una capacitación presencial y virtual para el buen uso pedagógico y comunitario del recurso informático.

Sentido social para una comunidad

En el anexo educativo para jóvenes y adultos (EPJA) 1074, del paraje Techat, sí fue necesario integrar una computadora que se conectara a los demás servicios (internet con modalidad satelital, wifi, teléfono de línea). “Ahí ya están sucediendo cosas maravillosas”, adelanta Claudia.

Hace dos años el maestro Omar Luna había contactado a la fundación para pedir que tuvieran en cuenta a su comunidad.

“Es un hombre que trabaja con todo corazón por sus alumnos de la comunidad wichí, en general papás y mamás de los niños que asisten a la primaria contigua y que también se conectan gracias al wifi de los adultos”, explica la docente.

Omar tenía la intención de ayudar a los papás de los chicos para gestionar vía web, por ejemplo, los trámites de Anses, en un lugar donde hay que caminar muchos kilómetros para llegar hasta el pueblo más cercano (Miraflores), entre otras dificultades. Esta semana, cuando la delegación había regresado a Pinamar (ciudad donde viven sus integrantes), Claudia recibió una foto del estado de un trámite de un papá que había consultado en la escuela. “Son las cosas buenas que suceden, más allá de lo pedagógico, gracias a la tecnología bien usada y a un maestro hermoso”, expresó.

“Todo el tiempo vemos la vocación en el docente, porque se podrá decir mucho pero hay que estar ahí”, acota Alejandro. Su pareja agrega que las necesidades de comunicación son tan grandes, por ejemplo, para pedir asistencia sanitaria o para otras necesidades que en algunos casos la escuela, como centro de la comunidad permite tener contacto con la vida de esa población. Entonces el wifi les abre oportunidades a los que tienen celular.

En esa comunidad también dejaron un filtro de agua, para uso de sus estudiantes.

LO QUE QUEDA

En la comitiva hay varios integrantes de la familia: una hija enfermera que ofrece apoyo en temas sanitarios; un yerno que conduce y una sobrina francesa que vino especialmente desde su país de origen para acompañarlos (por segunda vez).

Al hacer un balance sobre las expectativas y las realidades que ve en cada territorio, Claudia admite que siempre se encuentra con situaciones que le “estrujan el corazón”.

Sin embrago rescata que no deja de conmoverla es cómo los reciben. “Con lo poco que tienen comparten un almuerzo especial para agasajarnos. Después cuando nos estamos yendo solemos preguntar con qué más los podemos ayudar, y generalmente no nos piden algo material, nos piden lo mismo: vuelvan”.

Ahora desde Buenos Aires agradece las atenciones de las personas con las que tomaron contacto y aseguran haber dejado “un pedacito del corazón para siempre en el Chaco”.

Te puede interesar