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Resucitó porque la única inspiración de su alma fue el amor

Hay en la historia una clave luminosa que excede la frontera de la religión y entra en el corazón mismo de la humanidad como posibilidad de perfeccionamiento y superación de todos sus conflictos y dramas.

Los experimentos para resolver el hambre, las guerras y la injusticia a lo largo de los siglos han resultado infructuosos, porque lo cierto es que el mundo no ha mejorado sustancialmente en relación a la justicia y la paz. En efecto, a pesar de todos los adelantos científicos y tecnológicos, perviven en el planeta situaciones de violencia de hambre y de injusticia que desmienten de manera categórica cualquier pretensión de querer hacernos creer que estamos mejor que en los siglos o milenios pasados. Claramente el cometido es crecer como seres humanos, es decir, desarrollar el estado de conciencia que nos caracteriza y define como seres humano y que nos distingue de todos los demás seres vivientes. Es cierto que hemos avanzado en conocimientos y desarrollado altísimas y complejas tecnologías, especialmente en el área de la comunicación, pero esto sin embargo no nos ha hecho mejores seres humanos o mejores personas; ni ha cualificado de manera visible nuestros vínculos de manera que estos expresen de manera inobjetable nuestra condición humana.

Tenemos más bien la sospecha de que el desarrollo tecnológico y científico nos está haciendo cada vez menos humanos. La invención es tan veloz que ya hay tiempo para filosofar y entonces antes que pensemos “la cosa”, ésta ya se nos ha instalado de manera agresiva e invasiva sin saber muy bien que es y cómo responder y en muchos casos especialmente en el aspecto tecnológico a los que no nos actualizamos velozmente, haciéndonos sentir más que seres humanos unos dinosaurios. Lamentablemente la locura perversa del consumismo y del capitalismo nos ha transformado en números. No somos más seres humanos sino números y capacidad productiva para rendir capital y si no nos ajustamos a eso simplemente no existimos, porque el sistema no puede leernos según los nuevos códigos de lo que se supone hoy significa estar el mundo: producir. El mundo realmente colapsa cuando cae el sistema y es como si nada existiera cuando caen las aplicaciones de Whatsapp, Facebook o Instagram, todo es cada vez más virtual y menos real. Quiero decir con todo esto que la tecnología no nos está salvando, más bien, nos está perdiendo. Pareciera que todo este mundo tan perfecto virtualmente, pero tan desastroso realmente se haya quedado sin alma y entonces todo es realizado desde la neutralidad y frialdad de mecanismos muy técnicos y muy científicos, pero también muy inhumanos. Esto es lo mismo que decir que la humanidad ha perdido su esencia y entonces vive como en un dualismo en el que la existencia no coincide con los anhelos más hondos y las razones más profundas de su ser. De este modo todo lo que hacemos no nos satisface, y todo lo que logramos nos deja aún más vacíos, así, la existencia que vivimos no coincide con el llamado de nuestra esencia y por eso todo lo que hacemos nos deja casi siempre en el lugar de la nostalgia y del sin sentido. Nos convertimos de este modo en seres humanos tristes, marchitos y confundidos. Necesitamos entonces volver a aprender cual es el camino que nos devuelva a nuestra propia esencia. Hubo un hombre que vivió hace 2.000 años cuya vida y predicación partió la historia en dos. Para los que tenemos fe él es Jesús de Nazaret el Cristo, vale decir el salvador, Dios y mesías esperado a través de los siglos. Este hombre Dios demostró en hechos y palabras un nuevo paradigma para la historia y aquella vieja historia cuyo paradigma estaba basado en el poder el dinero y la guerra comenzara a transitar caminos nuevos donde el poder será llamado en servicio y la fuerza transformadora que moverá la historia será el amor. Vivió solo 33 años en el mundo, de los cuales solo tres en la actividad pública, lo condenaron a muerte en una cruz por blasfemo en insurrecto desde el punto de vista religioso; y desde el punto de vista político lo condenaron porque se advirtió desde el principio que su mensaje era una amenaza para todo el sistema. Hubiera sido uno más de los tantos revolucionarios que intentaron cambiar la historia, pero este tuvo algo de extraordinario que hizo que en poco tiempo miles adhirieran a su causa.

¿Qué sucedió? Dicen que lo aniquilaron pero volvió a la vida y confirmó con su vuelta de la muerte que existe un poder superior sobre el que los poderes terrenales realmente no tienen poder. Ese muerto que volvió a la vida no volvió por casualidad, volvió a la vida como prueba y confirmación contundente que hay una sola manera de escapar de la contingencia y el caos de la historia: el servicio y el amor. Toda la actividad y predicación de Jesús de Nazaret que resultó ser el Cristo estuvo basado en ese paradigma que haría evolucionar a millones de conciencia a lo largo de toda la historia hacia una consideración realmente superadora de la historia; superadora porque todos intentaron cambiar el sistema de injusticia basados en discursos filosóficos e ideológicos maquillados de novedad, pero estos discursos nunca transformaron el corazón del hombre, que es lo único que puede hacer que la historia cambie. Este Jesús de Nazaret es eficaz justamente porque cambia el corazón del hombre y por alguna razón lo redirige al amor, al servicio, a la misericordia y especialmente a un compromiso incondicional con los pobres. Debe estar bien vivo, o ¿cómo será posible que un muerto siga inspirando y transformando el corazón de millones? Los grandes idealistas pueden pervivir e inspirar por algunos siglos, jamás por milenios. Su mensaje y su método es simple: el poder es servicio y la fuerza transformadora de todo es el amor. Un amor que pone patas para arriba todo, “el que quiere ser primero que se haga último”, “el que quiera conservar su vida debe perderla”, “al que hace el mal hay que responderle con el bien”, etcétera. La clave luminosa es entonces: resucitó porque fue un verdadero servidor y porque la única inspiración de su alma fue el amor. Lejos estamos aun de una conciencia así, pero que bueno es saber que tenemos una vía de escape a la muerte segura que nos depara si no aniquilamos el egoísmo.

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