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La materia prima que se sigue yendo del Chaco

Debemos admitirlo. Solo quienes han podido experimentar, ya sea desde acompañar con un informe periodístico -como es nuestro caso- o como de quienes comparten la diaria tarea en la vida de un productor, ya sea ganadero, agrícola o forestal, saben de lo que significa producir la tierra.

“Si buscas resultados distintos, no sigas haciendo lo mismo”.

(Albert Einstein).

Debemos admitirlo. Solo quienes han podido experimentar, ya sea desde acompañar con un informe periodístico -como es nuestro caso- o como de quienes comparten la diaria tarea en la vida de un productor, ya sea ganadero, agrícola o forestal, saben de lo que significa producir la tierra.

El sector productivo chaqueño ha dado muestra claras de su potencial, pero considera que la vida cíclica de esta generación nueva de productores no puede terminar viendo cómo millones de toneladas de materia prima se van del Chaco sin dejar valor agregado.

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En la presente campaña, se sembraron 1.500.000 hectáreas de cultivos: 412.000 de girasol; 119.142 de algodón; 168.580 de maíz; 72.140 de sorgo; 596.600 de soja; hasta 2.380 hectáreas de garbanzos que dieron un promedio de 900 kilos por hectárea.

En girasol se cosecharon 752.346 toneladas de girasol y saldrán de la provincia sin procesar. En maíz, aunque es muy temprano para hacer evaluaciones, se estiman cosechar 504.000 toneladas y en soja, más de 1.300 toneladas. Será otra campaña en la cual veremos salir nuestra producción sin elaborar.

El maíz, un desafío

Es importante establecer algunos aspectos interesantes: en la anterior campaña, la provincia del Chaco superó su récord histórico en superficie sembrada con maíz. Desde las 83.000 implantadas en la campaña 2008-2009, pasando por las 191.000 de la 2013/2014 hasta la 2016/2017 con más de 200.000 hectáreas, aunque ahora descendió a 168.580 hectáreas, el crecimiento de la superficie implantada es un gran desafío que aun logra cristalizar viejos sueños de darle valor a esa materia prima.

Precisamente, este nuevo escenario de opiniones y aportes que lo viene dando el Grupo Agroperfiles integrado por productores, empresarios y técnicos del sector privado y del INTA, apunta a este proceso agroindustrial y ha sido expuesto al gobernador del Chaco y a sus ministros, como también al titular para la región NEA del Plan Belgrano, Victor Zimmermann, en la necesaria búsqueda de financiamiento para apuntar a este sueño.

El maíz es el segundo cultivo más importante de la Argentina luego de la soja. Actualmente la Siembra Directa se sigue consolidando como la más apropiada para la producción de maíz en la Argentina, dice un informe hecho por Maizar.

El gobierno debe promover el crecimiento del área agrícola partiendo de una política nacional que contemple la sustentabilidad ambiental y por lo tanto que permita el desarrollo de la cadena de valor de maíz con especial énfasis en la viabilidad económica.

El INTA, componente central del sistema de investigación e innovación agroalimentario, viene trabajando desde hace más de 50 años en la investigación, innovación y difusión de tecnológica en las cadenas de valor, regiones y territorios para mejorar la competitividad y el desarrollo rural sustentable del país.

Mirando el biodiésel

En el Chaco, la fabricación de etanol, es un anhelo y una necesidad. Es una herramienta para establecer la cadena de valor agregado, lo cual -como se sabe- permitirá pensar en el desarrollo.

Es que el bioetanol se obtiene a partir de cultivos ricos en azúcares como la caña de azúcar o el maíz, éste último en este año tendrá en el Chaco una otra buena cosecha. Mediante un proceso de fermentación y posterior destilación, se logra este combustible. La decisión política del gobernador, es instalar la fábrica de bioetanol en Pampa del Infierno. Y esto no es un capricho. Es ponerle valor agregado a miles de toneladas de maíz que se cosechan en la zona desde Avia Terai hasta Los Frentones, en lotes ubicados al sur y al norte de la ruta nacional 16.

Metalúrgica: el recuerdo de lo que pudimos hacer

En la década de los ‘60, León Lew, ingeniero industrial, y Manfredo Pokorny, ingeniero mecánico, formaron en sociedad una industria metalúrgica a la que llamaron LePoMet. Hacían maquinas industriales y estructuras pesadas, llegando a tener 90 empleados. Se fabricaron los cilindros metálicos para encausar el hormigón de los pilotes debajo del agua en la construcción del puente General Belgrano. Además de otros elementos metalúrgicos, a la fábrica local le encargaron el 30% de estos tubos con costura, con toda la estructura del encofrado hidráulico. Después, la firma saenzpeñense realizó algo similar para el puerto de aguas profundas de Puerto Madryn lo que les llevó más de 2 años de ir y venir. Allí, la participación fue mayoritaria, en el orden del 70 por ciento del entubado de los pilotines.

En esa época también funcionó El Algodonero (que luego pasó a llamarse Fachaco) con 280 empleados. Fabricaba herramientas agrícolas, que se vendían para todo el norte argentino y también exportaba a Paraguay y Bolivia.

Luego surgieron las metalúrgicas Fabre, Truscello, Kmetz, Dlecer Novotni, las fundiciones (con perfil siderúrgico) como Yarros, Botec y Derka.

Había dos fábricas de aceite, otra de jabón, dos de alimentos para ganado, tres tambos, siete desmotadoras, pero no pudieron resistir ni a la crisis de los 90, ni a la caída del área de siembra del algodón, principal actividad que generó una fuerte demanda de desmotadoras, maquinarias agrícolas y herramientas.

Sáenz Peña tuvo cuatro embotelladoras de vino. Una de ellas, Nofal, donde hoy está ubicado un supermercado mayorista sobre avenida 1. Recibía en tren, desde Mendoza, los vinos que venían hasta la estación ferroviaria para ser envasados aquí.

Otras metalúrgicas como Truscello (que logró incursionar muy fuerte en materia oleohidráulica), Segovia, Fabre y Yarros también tuvieron sus años gloriosos, como también Auros con su fábrica de montaje de máquinas cosechadoras y sembradoras la Sedicha.

La industria de frigorífica, tanto para ganado mayor como menor, tuvo su impronta. Sáenz Peña tuvo la dicha de tener dos grandes fábricas de bicicletas: La Veloz y Ariel. La última de éstas continúa aún.

Ante el gran surgimiento de industrias, en aquellos años muchos decían que cuando llegara el agua se daría un gran despegue definitivo.

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