Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°
Referente de la Generación Dorada de básquet

Pepe Sánchez considera que el deporte debe mezclarse con el mundo de las empresas

Juan Ignacio Pepe Sánchez, referente de la Generación Dorada del básquet logró trascender en el plano internacional y fue mucho más allá del deporte en sí porque hoy se encuentra gestionando a nivel profesional en conexión con el mundo empresario. Hasta fue uno de los convocados para el Coloquio de Idea del año pasado. Desde su óptica el deporte va hacia un camino de entender que no sirve esa falsa pureza de no querer mezclarse con el mundo de las empresas, porque la realidad es que el deporte profesional tiene que ser manejado a nivel profesional".

Sus iniciativas constantes lo llevan a proyectar ideas más que ambiciosas como la desarrollada en Bahía Basket, un equipo de la Liga Nacional, pero que busca trascender la esfera deportiva. Además de la alta competencia con la formación de profesionales, también abarca la investigación científica con convenios con empresas privadas como la cementera Weber o la química Dow. Con ellas puso en marcha la construcción de un centro deportivo en Bahía Blanca, que además de un estadio contará con laboratorios y espacios educativos. 

pepe.jpg
Pepe Sánchez considera que los liderazgos se ganan y no se adquieren ni se reciben por jerarquía.

Su experiencia universitaria en los Estados Unidos (estudió Historia en la Universidad de Temple mientras completó cuatro años como basquetbolista) es su gran inspiración. "Es entender la conexión entre aprendizaje y deporte en un ecosistema que convive, no como nos pasa en la Argentina, donde un chico va al colegio y para hacer deporte tiene que ir al club", dice el bahiense, que también jugó en la NBA y en grandes clubes de Europa (Real Madrid, Barcelona y Panathinaikos, entre otros).

 Acerca de la realidad del país y sobre las necesidades existentes para mejorar en los clubes, aseguró a La Nación: “Se necesita un nivel de inversión acorde con proyectos importantes. Nosotros en la Argentina tenemos la mentalidad muy arraigada al club de barrio. Me causa cierta incógnita por qué si uno va a una clase de inglés particular no tiene problemas en pagar una cuota que es bastante alta, pero cuando un chico asiste a un club de barrio la familia es reticente a pagar. Un club necesita aportes para poder subsistir y brindar mejores instalaciones, además de capacitar a los que enseñan. El deporte necesita inversión, esa es la ecuación que hay que cambiar”.

Sobre la participación en el Coloquio de Idea, aseguró: “Fue una experiencia fantástica por el solo hecho de poder vernos un rato. Cuando nos juntamos dos o más de aquel equipo, siempre pasan cosas mágicas. En el encuentro nos pusimos a charlar sobre algo que ya habíamos hecho. Es muy fácil contar la historia de lo que uno ya hizo, pero más difícil es contar lo que uno va a hacer. Abrí la charla diciendo lo que sentía respecto del orgullo que nos daba que nos eligieran en un lugar tan profundo como es el Coloquio y con un tópico como era "Transformándonos" (el eslogan del encuentro), para contar algo que pasó hace 14 años. Esa profundidad habla de un logro mucho mayor que ganar un oro olímpico y tiene que ver con un grupo de personas que anclaron valores deportivos y de grupo muy claros”.

Es consultado por empresarios a partir de su experiencia y por sus interesantes proyectos más que ambiciosos. “En charlas como esas o al interactuar con el mundo empresarial veo que hay una búsqueda permanente, casi desesperada y muy interesante, de encontrar esa química que tiene que ver con ciertos valores colectivos. Me parece que la Generación Dorada representa eso y transmite lo que queremos ser. Nos falta empezar a dar los pasos hacia eso, que tienen que ver con una construcción colectiva, entender el rol que le toca a cada uno, y que los liderazgos se ganan y no se adquieren ni se reciben por jerarquía. Esas son cosas que en las empresas se buscan desesperadamente”.

Fue un gran impacto el logrado por la Generación Dorada a partir de la consagración en lo deportivo y como negocio. “El éxito del básquet y de la Generación Dorada llegó demasiado temprano. Lo fuerte fue entre 2000 y 2010, cuando el mundo recién estaba empezando a cambiar en este trance tecnológico que estamos viviendo. Fue tan fuerte el impacto que ni la dirigencia ni el periodismo ni nosotros, los jugadores, estábamos preparados para absorberlo. Uno pasó de ser un animador periférico a ser una potencia, y en ese lapso no supimos cómo aprovecharlo. El rugby es el deporte que mejor entendió cómo asociar empresa con deporte y cómo explotar esa situación que redunda en mayores ingresos. Nosotros estamos todavía a la cola, pero ya no tenés a Manu Ginóbili ni a los jugadores de una generación. En ese sentido, fue una chance importante perdida. Creo que el básquet está posicionado en el emocional de la gente, pero faltó posicionarnos en el emocional de las empresas.

Replicar ese equipo es el gran desafío del básquet argentino. “Es la pregunta del millón. Es repetir un proceso que fue, en muchos factores, aleatorio y consistió en un grupo de chicos que nos juntamos en el momento y el lugar correctos con visiones, ambiciones y personalidades muy particulares. Intentar replicarlo va por el lado de generar una metodología. Es fundamental la generación de buenos hábitos, en el contexto actual, porque no es lo mismo hoy que como se trabajaba o se enseñaba hace 15 años.

Tiene objetivos claros como dirigente de Bahía: “A mí me interesa la formación. Es un camino que elegimos hace cinco años en Bahía Basket y me apasiona. Conceptualmente estoy muy arraigado a mi experiencia universitaria. Fue el momento más rico que tuve y en el que me sentí más pleno como deportista. Y ese arraigo vuelve a conectar aprendizaje con deporte, que el deporte sea el conducente para lo otro, que es lo más importante. Esperamos que el Dow Center sea eso: un laboratorio en permanente evolución, para salir de la estructura del jugador e ir a la persona deportista. Que el básquet sea una gran excusa para un proyecto donde habrá chicos que el día de mañana serán futuros líderes.

A la hora de evaluar el rol de la dirigencia deportiva consideró: “Todo es un proceso. El deporte va hacia un camino de entender que no sirve esa falsa pureza de no querer mezclarse con el mundo de las empresas, porque la realidad es que el deporte profesional tiene que ser manejado a nivel profesional”.

Sobre el accionar del estado afirmó: “Tiene que estar involucrado. En la Argentina estamos muy atrás respecto de las potencias y, lógicamente, tiene que ver con la capacidad y el desarrollo económico que tienen para poder invertir en deporte. Lo primero es cambiar la mirada sobre qué es el deporte. Tiene que haber una política que entienda y transite desde el club de barrio hasta el club profesional y el atleta olímpico para que todo el círculo tenga un sentido. Y cuando se invierte en el deporte profesional, hay que ver qué se quiere lograr o cuál es el objetivo. El deporte tiene que ser política de Estado, pero debe haber un plan detrás y entender por qué invertimos los recursos”.

Publicado en La Nación

Te puede interesar