Aborto: se es persona humana desde la concepción o no se es nunca
La vida humana comienza en el instante mismo en que el óvulo femenino es fecundado por un espermatozoide masculino. Ahí inicia la aventura de una “nueva vida”, distinta a la madre y al padre, con su propio ADN.
Por Gustavo Yatuzis, Las Garcitas

Esta nueva “vida humana” es una nueva “persona humana”, única e irrepetible. Desde la fecundación, esta nueva persona humana irá desarrollándose hasta nacer y después de nacer, durante toda la vida.
Por lo tanto, los derechos humanos, inherentes a toda persona, los tiene el nuevo embrión desde el momento de la fecundación, dentro o fuera del seno materno. Todos los derechos humanos se sustentan sobre el derecho a la vida desde la concepción. El aborto procurado, como medio o como fin es una violación sistemática de los derechos humanos del niño por nacer.
Gracias a los avances de la genética sabemos que en el ADN está escrito todo el programa del desarrollo del cuerpo del bebé. En cada célula de nuestro cuerpo se encuentran todos nuestros genes, o sea, está todo el genoma completo. Se trata, por lo tanto, de un nuevo organismo humano vivo (embrión o cigoto), perteneciente al género humano. El futuro y completo desarrollo del cuerpo humano ya está todo contenido en el ADN del cigoto.
A las cinco semanas de la concepción, el embrión humano mide sólo un centímetro, pero ya está estructurado en diversos órganos bien formados. A las siete semanas, es decir, a menos de dos meses de la concepción, la forma del cuerpo ya está completa. Así el ADN humano encerrado en una sola célula, el cigoto, es cualitativamente el mismo ADN que encontramos en 60 billones de células del hombre adulto. Es más, es el cigoto el que da origen al hombre adulto y no viceversa.
El aborto, en cualquiera de las fases del embarazo que inicia con la fecundación, es la eliminación sistemática de una persona humana inocente a quien se le arrebata el derecho a la vida que le es inherente por el solo hecho de pertenecer a la especie humana. Es un crimen abominable ya que se atenta contra la vida de un ser humano que no puede defenderse por sí mismo.
Los médicos, que luchan contra la muerte para salvar vidas humanas, deben recurrir a la “objeción de conciencia”, derecho humano que les es propio, y que ninguna ley humana puede arrebatarles.
La despenalización del aborto o aborto legal manifiesta que los valores humanos de la familia y la sociedad se han quebrado.
Es el hombre el que se siente derrotado a sí mismo y busca vengarse atacándose en su misma dignidad. Es la ceguera cruel del que no quiere ver la realidad ni asumirla. Es la cobardía del hombre que no quiere aceptar su debilidad. En definitiva, es la guerra más atroz de todos los tiempos que el hombre se declara a sí mismo.
La mujer no tiene “derecho” a decidir sobre si deja o no vivir a su hijo concebido en su vientre. El derecho lo tiene el bebé (cigoto, embrión, feto).
El hijo concebido no es una parte de la madre, es un individuo diferente y distinto a ella. Ningún derecho humano se sustenta si no es sobre el derecho de toda persona humana a la vida desde la fecundación.
El aborto provocado es un acto homicida y sacrílego contra la dignidad inviolable y sagrada del hombre. Nunca es un “derecho”, siempre es y será un “delito”.
El control de la natalidad, los embarazos no deseados, las personas con malformaciones congénitas, entre otros casos, no se controlan con la muerte de estos seres humanos. Por un lado la ciencia avanzó mucho en la prevención y cuidados paliativos sobre posibles enfermedades.
Por otro, la pérdida de los valores en la familia y la sociedad desdibujó el rol de la sexualidad humana. La actual ley de salud sexual integral y el protocolo de aborto no punible en Argentina, lejos de incentivar el cuidado del cuerpo y su sexualidad, más bien parecen ser no sólo un fracaso, sino que es peor el remedio que la enfermedad.
Finalmente, con ley o sin ley de aborto legal, libre y gratuito, en cada cementerio habría que tener una lápida N.N. de un feto abortado. También ellos merecen, como personas humanas, descansar en paz.










