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La vieja estación de tren en Castelli, uno de los secretos más valiosos del Chaco

“…Fueron más de trescientas las familias que al trabajo y al esfuerzo se abocaron desafiando los rigores de mi Chaco y se afanaron en hacerla producir blancos capullos; y una sólida cultura de matices en familias numerosas afianzaron.

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Texto y fotos: Cesar J. M. Sosa Hrycyk    

En medio de la nada abrieron surcos, y un pueblo nacía por impulso. Fue un tren que agazapado se internaba, llegando a este suelo de misterio, y a fuerza de sudor, paz y coraje, una estirpe soñadora se hizo carne…”

 Un Pueblo que camina

“Punto de Encuentro” – Juan José Schmidt (Ed. Contextos)                                                               

La vieja estación de trenes de Juan José Castelli es una estampa de una provincia que ya no existe. Sus líneas, distribución y fachada responden a un modelo de construcción que se repite en otras partes de la provincia y provincias vecinas. 

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Fotos archivo actuales de Estación de Tren.

Resiste, abandonada y olvidada por una comunidad que poco parece recordar sus orígenes y sacrificios, su lugar en la historia. Y es que, la vieja estación de la Avenida Güemes y San Martín ha visto a un pueblo de trabajadores golondrinas crecer y desarrollarse bajo el azote imperdonable del sol del Impenetrable.

En años de sus tímidos inicios, cuando Castelli tenía sus semillas de trabajo, fe y pioneros, culturas e idiomas ya estaban conviviendo en este rincón del Chaco con la presencia de arrieros norteños, comunidades originarias y el arribo de las primeras familias de colonos alemanes emigrados de la Pampa, de la mano de un guía espiritual incansable: el sacerdote Juan Holzer y de ahí en más, muchos más provenientes de distintos pueblos de Europa, que apremiados por la crisis de la primera gran guerra buscaban su lugar en el mundo y un nuevo comienzo.

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Formación del tren frente a la estación en 1936.

La realidad del ferrocarril en la localidad da sus primeros pasos en marzo de 1930, cuando una resolución del Ministerio de Agricultura aprueba la diligencia que comprende el trazado de la Colonia Agrícola Juan José Castelli, en el territorio nacional del Chaco, recado que recae sobre el agrimensor Hugo Arraga, en donde entre otros aspectos se realizó una reserva para la llegada a posteriori del ferrocarril y la construcción de la estación en el km 100 del ramal ferroviario, situado en el entonces lote 258, disponiendo el trazado alrededor de la estación con la superficie reglamentaria de 2.500 hectáreas.Más cerca y más lejos

Si bien, la estación y la llegada del tren se inauguran en 1936, ya que el ramal se extendía hasta Sáenz Peña, la comunidad siguió consolidándose mucho antes que esto. Una anécdota curiosa rescatada por el escritor local Oscar Frías en su libro “Historia de Castelli” (Ed. Contextos 2017) relata que nuestra ciudad se instale a la izquierda de las vías igual que Tres Isletas, pero resulta que la desmotadora ya estaba instalada y la gente que llegaba al lugar se ubicaba alrededor de ella, por lo que se decidió  que el pueblo quede a la derecha de las vías viniendo de Sáenz Peña, transformándose en el único que al momento de su fundación se ubicó a la derecha del ferrocarril Belgrano, a diferencia del resto que se ubicaron a la izquierda del ramal ferroviario, viniendo de Buenos Aires, en esta parte del Chaco. 

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No todo estaba echado a la suerte fortuita de los dioses. La llegada del tren tiene también replicas en distintos medios escritos que, viendo la realidad de distintos pueblos que se desarrollaban a la vera de las vías del progreso, notaban que la colonización del Chaco profundo y por ende del crecimiento, fluidez y movimiento de la producción dependía en esas épocas de esta esencial vía de comunicación, tal como lo había sido desde la última centuria hasta la inevitable llegada del transporte automotor.

Otras historias ya conocidas como la de La Forestal, que sin lugar a dudas dejaron marcadas las venas de hierro que extraían la materia prima hacia el puerto de Buenos Aires, dejando un sinfín de pueblitos en el camino, muchos de ellos desaparecidos y la dura realidad del hachero y trabajador golondrina que navegaba estos puestos en busca del trabajo y un futuro que parecía írsele de las manos en el sol a sol.

No obstante, nuestra ciudad, en su ímpetu de salir adelante y de crecer a pesar de las dificultades, se estableció aún sin siquiera tener este vital recurso que le permitiera (los asentamientos ya datan desde 1932) extraer nuestra materia prima que de alguna manera también ha pintado el destino de muchas familias: el cultivo del algodón.

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Detalle de una familia de inmigrantes al costado del vagón de pasajeros.

Pasada la etapa de luchas y gestiones, entre ellas la de la Comisión de Fomento y los propios colonos, que desde el ´33 insisten ante el mismo Presidente Agustín Pedro Justo para la construcción en breve del necesario ramal, ya que se puede uno imaginar la travesía de sacar la producción a puro lomo de carros y caballos hasta Sáenz Peña, incluyendo los riesgos que esto involucraba.

 Basta comparar las 4 horas que tardaba el tren al recorrer los cerca de 100 km que nos separaban hasta la ciudad termal, contra los 3 a 4 días, dependiendo del clima, que llevaba llevarlos con la tracción a sangre. Estas pequeñas epopeyas, que no solo las han visto los pioneros, sino varios pueblos del Chaco en su lento desarrollo hacia el presente, suelen olvidarse hoy con el tendido de rutas, transportes privados o vuelos de avión en los que una familia puede atender sus necesidades generales, aún las sanitarias hoy con la disposición de un helicóptero para las emergencias.

El rodar del destino

Corriendo ya los años ´60 y con varias idas y vueltas en su haber, el diario El Territorio exponía la necesidad de mejorar el servicio que brindaba la línea, en donde había falta de higiene en los coches, la ausencia de agua para el consumo humano, distintos desperfectos y demoras, lo que se complicaba durante los días de lluvia, ya que lo que no podía trasladarse por vía automotor (aún no estaba el asfalto) se volcaba a los vagones y esto reducía la potencia de la locomotora entre otros problemas motivaron que la existencia de la propia línea estuviera en peligro, situación que finalmente llegó en el año 1975. 

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Primera delegación de inmigrantes que vinieron en el tren en ese histórico 1936.

Un golpe bajo a un servicio que, a pesar de sus pros y contras, representaba un punto de anclaje para varias comunidades del Impenetrable y un contacto con el espectro productivo de los centros urbanos. Intentos posteriores, tanto desde la Nación como de la propia Comuna de Castelli en 1991 no pudieron evitar que la vieja estación viviera el final de sus días de gloria.

De aquí en adelante, el abandono paulatino e inexorable de las instalaciones, usurpación de sus terrenos y polémicas mediáticas, tires y aflojes entre los dirigentes políticos locales, provinciales y nacionales, recambio de entes de control entre otros hechos y circunstancias, giros legales y demás no cambiaron su destino.

No obstante, la vieja estación resiste. Actualmente es la sede de la Biblioteca Pública Hugo Ullman y de la Universidad Popular del MIJD que le dan un uso provisorio que reevalúa su existencia. Aquellos que desean conocerla y visitar sus instalaciones lo pueden hacer a través de estas instituciones.

Mientras espera en vano ese retumbar lejano que anuncia la llegada de la bestia de hierro con corazón de vapor, el rechinar de los rieles y la tumultuosa vorágine de animales, objetos y personas haciendo pie en las puertas del Impenetrable. Una visión de ese pasado de lucha, fe, sacrificio y trabajo, hace apenas 82 años.

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