La historia de una población que no aprendió a convivir con su río
Los problemas de contaminación del río Negro y las crecidas en periodos de lluvias por la ocupación de sus costas tienen casi tantos años como Resistencia. Un activista ambiental con más de 40 años denunciándolos sostiene que las autoridades detentan una parte importante de las responsabilidades. Aficionados al canotaje afirman que si se navegaran las aguas del curso cambiaría la perspectiva de muchos.
Fotos de José Félix Escobar
Hace unos días la ciudad vivió los festejos por sus 140 años. Y la vía de ingreso de pobladores friulanos -considerados el primer asentamiento de la colonia San Fernando- hoy se desdibuja. Hace un par de semanas varios barrios resultaron anegados por un desborde provocado por abundantes lluvias. Poco antes se registró una mortandad de peces y que un matadero lo usaba como vertedero. En la superficie es fácil advertir la basura que se arroja a diario.

“Ésta es la realidad de Resistencia: su río muere ante la indiferencia inexplicable de sus habitantes. El culpable es usted, sea chaqueño o no, porque deja que se comience a sentir la agonía de algo que la hizo latir, vivir y crecer”. La sentencia de Carlos López Piacentini al final del libro La muerte de un río se publicó en 1968 y mantiene vigencia.
Incumplimiento de normas
“El problema es que la ciudad se metió dentro del valle de inundación del río Negro”, sostiene Ramón Vargas, geólogo y co fundador de la fundación Encuentro por la Vida: Cultura y Democracia Ambiental. Muchos recordarán sus intervenciones durante la batalla local contra la instalación del Shopping -donde finalmente está hoy- hace unos años.
Con la última crecida por lluvias Los Teros fue uno de los barrios más afectados. Vargas analiza que en casos así con una estación de bombeo no alcanza: “Se permitió que la gente se asiente en una zona baja y bajar la línea de ribera es un error que cometieron las autoridades de APA”. Si bien critica decisiones de vieja data, la mirada abarca también al presente. “Se siguió un camino que produce más riesgo porque hoy se ponen a bombear excedentes por debajo del límite permitido” (cota 47,50), la situación agrava si una bomba deja de funcionar.
Para él las dificultades se resumen en primera persona y en plural: “No sabemos convivir con el suelo, las lluvias, las napas que tenemos. Y geólogos e ingenieros peleamos porque tenemos miradas muy distintas”.
Vargas explica que en una llanura cada vez que llueve todo se inunda y en el caso del río Negro, la vegetación también contribuye a formar diques naturales.


“Se siguen viendo nuevas construcciones y si sirve la comparación: cada camionada de tierra equivale a otra de agua que se suma en una inundación”-expone-“esto sucede con las normas para regular el espacio y no se respetan”.
Mismo destino
José Escobar, Carmen Ojeda, Paulino Moreno y Dante Blanco contaron cómo la pasión por el canotaje los llevó a redescubrir su ciudad.
“Hace cuatro años que funcionamos como grupo y que organizamos una actividad diferente cada 2 de Febrero para visualizar el río Negro”, describen. Se propusieron recorrer la ruta de los friulanos. El primer año desde el Yapú Guazú hasta el club Regatas, aunque alternaban tramos por tierra porque los carrizales les interrumpían el paso. Para el segundo año eligieron la bicicleta y el siguiente volvieron al remo, pero nocturno, y con paradas para hablar sobre historia. En 2017 volvieron a un tramo abreviado por las obstrucciones.
“Un problema es que no es navegable en su totalidad, con los años fue perdiendo esa posibilidad de ser navegable; recuperarlo de la contaminación es un objetivo más lejano”, plantea Paulino Moreno. Menciona la época en que tuvo un puente levadizo y cómo -junto con el Tragadero- seguirá el destino del río Arazá, casi inexistente. “Se conectaron todos los desagües pluviales; entonces dejó de funcionar como un humedal, que fluye y queda con vida después de cada crecida. Sin ser ambientalistas vemos y nos vamos interesando en estos temas”.

Recuperar la navegabilidad
La obstrucción de una parte del sinuoso Negro se debe a la maraña de troncos, ramas, residuos y plantas acuáticas que se acumula en la zona de puentes y en recodos.
El grupo La Juntada de los sábados (se lo encuentra así en Facebook) intenta hacer visible las dificultades en la navegabilidad y explica que, si hay voluntad, se puede lograr en la mayor parte del año.
El día de la entrevista con CHAQUEÑA explicaban que había un carrizal enorme, de unos 500 metros, próximo al puente de avenida Sarmiento. Ante la inminente baja del Paraná y apertura de las compuertas del dique, plantean la necesidad de desprenderlo para facilitar su desplazamiento. “Limpiar el río con dragado es caro pero esta forma es económica, natural”, sostienen.
¿Es posible recuperar la navegabilidad? Moreno considera que de esa forma, sí. “Varias veces vinimos de Laguna Blanca a Tirol. De Tirol a Resistencia es el problema. Generalmente todo se tranca en los puentes y cuantos más pilares hay más probable es que se formen”, describe.
Con otros ojos
“El río era la vía de comunicación natural de varias poblaciones. Unía los pueblos de Colonia Benítez, Margarita Belén, Las Palmas, General Vedia, Puerto Bermejo”, complementa José Escobar.
Ahora que la gente le presta un poco más de atención al río y a la naturaleza Dante Blanco pide poder recorrer la zona para no tener que ir a otras localidades. Da clases en una escuelita de canotaje, para unas 25 personas que quieren aprender a remar o simplemente quitarse una curiosidad. En ese espacio está Carmen Ojeda, de tradición familiar ‘amiga del río’, y como admite que es un deporte ‘poco barato’, acompaña el emprendimiento para hacerlo más accesible. La mujer comparte que en los recorridos suele ver basurales en cualquier lugar. Y que el problema de la contaminación se ve tanto en viviendas modestas como en chalets de zona residencial.
Paulino lamenta que la ciudad siga viéndolo como un vacío que hay que llenar (con basura o tierra), por eso invita a conocer la ciudad desde el río. “Van a encontrar algo diferente. Todas las ciudades se ven diferente desde el agua. Es una experiencia mucho más rica”, propone.

Hace 60 años
En La muerte de un río Carlos López Piacentini presagia el presente. A continuación, se transcribe un fragmento.
“El río Negro se vinculó estrechamente a la historia de Resistencia, desde sus orígenes. Pero la ciudad creció y sus hijos se fueron olvidando de este curso de agua que fue un cordón umbilical para su nacimiento ya que por él se nutrió, pero con el correr del tiempo fue muriendo lenta pero inexorablemente.
Sus habitantes comenzaron a vivir de espaldas al río, aun cuando muchos buscan a diario en sus costas un paliativo para las altas temperaturas veraniegas. Ese mismo poblador contribuye a la destrucción de sus elementos naturales y nada se hace por su conservación. Se arrojan objetos, se eliminan residuos.
El problema debe tener inmediata solución. Primeramente los habitantes de Resistencia y su zona de influencia deben comenzar a verlo con otros ojos, a conservarlo, así como está. Se hace necesario regular estas aguas, ya que además de contar con un nivel adecuado, se asegurará el líquido a las quintas ubicadas en sus proximidades, en ambas márgenes, a más de servir de lugar de esparcimiento y dar vida permanente a las zonas adyacentes.
El río Negro se va reduciendo. En nuestra provincia no sólo mueren los ríos, sino también la floresta, convirtiéndose en zonas áridas con vegetación rala y espinosa. El riacho Arazá, que hace muchos años era de alguna importancia para la región, figuraba en mapas de viajeros y exploradores, como el más importante de los ríos que penetraban en el interior del Chaco. Hoy no pasa de ser un zanjón”.
Jorge Castillo
El problema más grave son los funcionarios
El ambientalista Jorge Castillo sostiene que “el problema más grave del río Negro son los funcionarios” y para él es algo que “políticamente tampoco se entiende, porque no les conviene que funcione mal”.

La fundación Ambiente Total, que él preside, contiene una comisión específicamente dedicada a la recuperación del río y la antecede.
Como gestor ambiental se formó sabiendo que no se puede conseguir nada sin tener una conciencia ciudadana y sobre todo sin acompañamiento de las autoridades. De allí reconoce que el problema de la contaminación del río es crónico, muy difícil de resolver.
En lo inmediato pide que se limpie la superficie, que es lo más simple, para asegurar que tenga una corriente adecuada.
“Un problema del río Negro es que no tiene corriente porque es de poca pendiente. Por otra parte gracias a eso todavía vive, porque si tuviera trayectos rectos, el agua pasaría rápidamente y se secaría”, explica.
Sin embargo el escaso oxígeno hace evidente co una mínima alteración porque provoca una mortandad de peces.
Algo huele mal
Como también es aficionado al canotaje, Castillo menciona que más de una vez en algunos tramos advirtió olores cloacales, a heces y hasta de jabón de lavar.
“¿Por qué ubicar casas en zonas que se inundan? Sin embargo todo funciona así, incluso algunos barrios que se consideran bacanes. Las características físicas del terreno hacen que no podamos tener algo distinto”, se queja.
Como Vargas también vivió la experiencia de batallar y fracasar contra la instalación de un barrio lacustre. “Perdí un juicio que tuvo intereses difusos”, dice y lamenta que sea posible que un ciudadano pierda en salvaguarda de un bien público. Ya entonces advertía que se iba a crear un mal precedente y sin embargo la obra tuvo aval de la Administración Provincial del Agua.
Conciencia ciudadana
“Tantas reuniones por el río y nunca pasó nada. Siguen insistiendo con los barrios bajos. Las napas freáticas están llenas de caca, cada barrio que se instala tiene pozos negros, no hay otra”, continúa.
Además, contrastando cotas y realidades señala que hay barrios viejos -como el Miranda Gallino o el Villa Río Negro- que jamás van a tener cloacas porque quedan por debajo del nivel del agua. “Lo mismo con el agua de red. En los barrios lacustres esas redes deberían ser aéreas como en las casas de algunos ribereños de isla Santa Rosa”, agrega.
¿Los ambientalistas están desoídos porque repiten reclamos? “-Se repiten porque los que tiene que hacer algo nunca hacen nada. La conciencia ciudadana es fundamental. Pero para tenerla es importante que alguien más le interese cambiar algo. El envío de un meteorito a Alemania se frenó con ayuda de muchos, también de alemanes”, recuerda.
Temas en esta nota

Enormes desplazamientos de agua después del temporal

Maleza y mosquitos: las nuevas batallas del gobierno para cuidar la salud de los chaqueños

Periodistas se unieron y llevaron mercaderías para las familias de Sáenz Peña

Un mes con más lluvias para el oeste y centro del Chaco

Después de 13 días el Paraná salió del nivel de alerta

Asisten a familias aisladas por las lluvias en El Impenetrable











