Matías Pisera Fuster: un artista entre penumbras y carnaval
El 2017 ha sido un año movido para el actor y director charatense Matías Pisera Fuster. Al éxito dirigiendo comparsas de Charata y San Martín se suman las galardonadas obras Tristán e Isolda y Te lo juro por esta. En un mano a mano recorre un año de aprendizaje que recién está disfrutando.

“Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones, justamente éstas que regresan el brillo a los ojos y restauran los corazones destrozados”, Pablo Neruda.
Matías encontró en el teatro y el carnaval donde canalizar una pasión que lo desborda, como él mismo reconoce.
En 2017, en un frenesí de viajes a Charata, Carlos Paz y General San Martín su esfuerzo y su arte fueron reconocidos.
“Arranqué bastante movidito, fue un año en el que crecí mucho, se dieron proyectos lindos, cosas que no se me venían dando”.
La experiencia de trabajar en tres ciudades tuvo costos: “Me mató porque me sacó la energía para el resto del año, pero a falta de vacaciones le pusimos mucha voluntad”.

Tristán e Isolda fue un éxito en Buenos Aires y te permitió llegar a Carlos Paz con un género diferente al que se acostumbra allá
-No lo esperábamos. Carlos Paz es una plaza de comedias y nosotros fuimos con un drama clásico, sensual y sexual. Creo que eso fue lo que a la gente le terminó interesando, algo distinto. Éramos el bicho raro.
Es la primera vez que hago temporada y en esto de ir y venir. Estaba en el verano dos noches en Charata, dos en Carlos Paz, dos en San Martín; me la pasaba arriba de un colectivo. No lo disfruté tanto, pero el aprendizaje fue enorme. Terminamos coronando con San Martín campeón, Perla campeón en Charata y en Carlos Paz nos llevamos cuatro nominaciones (NdR: la obra fue ternada a los premios Carlos, en el caso de Matías, como Revelación masculina de la temporada), que no lo hubiéramos esperado en nuestra vida porque estábamos compitiendo con las grandes producciones, que tienen millones de presupuesto arriba, que no teníamos. Se reconoció mi labor como actor entonces fue muy lindo en ese sentido.
Además de los premios, ¿qué te deja haber hecho teatro en una zona muy competitiva?
-Un agradecimiento muy grande, porque cuando vos premias a algo que es distinto, habilitas cosas distintas. Sentíamos como un permiso para que una propuesta como la nuestra siga existiendo, más allá de nosotros. Después los premios van y vienen, ésa es la realidad. Hay veces que estás muy bien, mejor que el resto y no ganas, y hay veces que a lo mejor vos no te sentiste tan bien y terminas ganando. Los premios son un mimo que te dan fuerzas para seguir continuando en el camino.

La mística del Gitano
Como muchos jóvenes, cuyos padres crecieron influenciados por los artistas de los 60’ y 70, Matías se sintió identificado, fuertemente con esa pasión desbordante de Roberto Sánchez, Sandro. No solo con sus películas, sino también arriba del escenario, el Gitano, hacía vibrar a sus fans. El actor charatense trasladó a algunas de sus creaciones esa pasión.
Te lo juro por ésta es una obra propia que al margen de los premios, pudiste presentar acá
-Fue muy interesante. Después de Carlos Paz volvimos a hacer Tristán e Isolda en Buenos Aires, así que tuvimos una temporada de tres meses más o menos, que fue nuestra despedida. En el medio Javier Luquez Toledo, de Galatea, me llama medio de emergencia que necesitaba una obra en un mes y medio. Le dije que era muy difícil, respondió “te lo digo porque sé que vas a poder”. Y yo tenía ideas. Nos habíamos planteado armar una trilogía que ya habíamos hecho antes, Quiero arrancarte de mi piel, y ésta podía encajar en el mismo tema que es el amor-desamor (un impulso mío, una inquietud), para seguir desarrollando.
Contamos la historia de cuatro galanes, que fueron dejados por primera vez, que tuvieron a todas las mujeres que quisieron, y que una les dijo que no, cómo un varón siente el rechazo amoroso, el desamor que siempre está muy contado desde lo femenino. La gente estallaba, la verdad que fue un golazo la obra, con temas de Sandro y todo ese universo masculino de amor. Salimos segundos en el provincial, ganamos mejor dramaturgia, mejor musicalización, después ganamos mejor vestuario, así que fue redondo, una obra que la verdad fue hecha a los “ponchazos” porque no tuvimos tiempo ni proceso de ensayo, pero las cosas se dieron bien y a veces pasa.

Sandro está metido en algunas cosas que trabajas, ¿por qué?
-Hay muchas cosas que creo que tienen que ver con el universo paterno que mamé: Serrat, Sandro, me fascinaban. Y hay algo de él que es muy teatral. Sus letras son muy teatrales, hablan de la pasión, él vibra cuando canta y hay algo que lo desborda, entonces eso a mí me parece súper interesante, vivir el amor desde ese lugar donde te vibra, te desborda, él empieza a temblar, se agita, entonces me parece fascinante. Y como mis obras siempre tienen que ver con el universo amoroso y masculino por mi lugar, me parece que Sandro es un referente de eso. En el teatro están muy bien esos temas.
Además del teatro, el carnaval. En Corrientes te fue muy bien; en San Martín y Charata también, ¿qué te dejó esta experiencia?
-Aprender que todos los carnavales son distintos. Tal vez el más complicado es el de Charata por el lugar donde la gente se coloca al vivirlo. Lo que más me agotó del verano fue este carnaval, que fue de una intensidad que no hubiera imaginado jamás. En lo personal, lo más interesante fue manejar en Corrientes 500 personas, en San Martín 150, en Charata 100, lidiar con eso, hacer que en la avenida saquen lo mejor, poder contar bien un tema, de una manera popular.
Encontré en el carnaval algo que me apasiona un montón, el lugar de competencia, la fiesta, el lugar social que tiene. Por ejemplo, creo que en Charata el municipio y demás no vieron todavía el lugar social que cumple el carnaval, sí desde la provincia. El gobernador tiene una mirada del carnaval súper interesante y es por eso que le da bastante apoyo. En Charata no le terminan de encontrar esa vuelta. Creo que en San Martín con el carnaval se sacan a varios chicos de las calles, hay tres meses sin colegios en los que van a ensayar, a bordar, coser, emplumar. Es una actividad que enseña el compromiso en la comparsa, a formar parte de un grupo, a pertenecer, a ganar todos y no individualmente. Eso lo aprendí y para mí tiene un lugar súper interesante. Es muy familiar, va la mamá, el papá, se preocupan todos. Hay algo de la familia en el carnaval que es súper interesante; esos son valores que están buenísimos y artísticamente son estructuras muy grandes. Aprendes a tener la cabeza en muchas cosas, la música, el vestuario, las coreografías.

La puesta en escena es teatral, en una magnitud mucho más grande que quizás hay en una película
-Sí, lo que trato de hacer es volver teatro el carnaval, mezclar un poco esa onda. También hay un trabajo de coaching, preparar la cabeza a los chicos para competir, para ganar con altura, para perder con altura, para dar lo mejor cada noche. Llegan las últimas noches y todos están inseguros, que no saben si les queda bien el traje, el “yo no quiero salir”, y ahí hay un lugar de tener que trabajar la cabeza también con los chicos.
Vas a Entre Ríos, que en Argentina es hablar de ir a primera
-En Gualeguaychú me llamaron para jurado. Es un mimo muy hermoso. Me gustaría ir en algún momento a trabajar, poder ser director de alguna comparsa de allá. Pero esto es una fiesta. Este año también voy a estar como jurado en Concordia, que también es un lindo carnaval me dijeron, y después sigo con la comparsa de San Martín.
¿Por qué le seguís diciendo sí al carnaval?
-Me pasó el primer año que estuve en Corrientes, que me contagiaron el carnaval. Corrientes es carnaval y es chamamé. Y los comparseros lo viven de una manera tan linda y familiar. Iba a las 3 de la mañana a una casa y estaba la abuela bordando, el papá soldando y mamé eso. Justo ese año habíamos ganado después de 6 años, Sapucay venía perdiendo, y la energía de festejo, todo me contagió. Me encanta. Es mi laburo de verano.
¿Y qué va a pasar en 2018?, la mochila se va vaciando de algunas cosas y cargando de otras
-Terminé la Licenciatura en actuación en la Universidad Nacional de las Artes (IUNA) hace dos años, eso te libera tiempo pero a la vez te genera como una inseguridad, porque con la carrera uno está como contenido, te obliga a ponerte a activar, a hacer cosas. Este año armé mi productora en Buenos Aires, en donde genero contenidos para las redes sociales, para influencers e instagramers. Eso sigue y en esa productora armamos dos obras, en una voy a actuar y en la otra voy a dirigir. Esos serían los proyectos centrales. Hace un mes y medio terminé de grabar una película en la que soy protagonista, entonces se estrenará el año que viene.
¿Por qué pensas que no se contagia tanto el teatro en Charata y que incluso forme parte, de la vida de las escuelas?
-No sabría decirte lo que pasa. Yo cuando me enganché con el teatro es porque había un loco como Oscar García que te contagiaba esa pasión. Sé que ahora están trabajando un montón. Siempre paso por el teatro y lo veo hermoso. No sé realmente qué pasa, si a lo mejor es que falta algún docente que pueda tener esa chispa de contagiar esa pasión o qué. Pero también es muy difícil, inclusive cuando estábamos, no es que el pueblo nos recontra apoyaba. En Charata siempre pasó lo mismo, a las obras locales las ven 10 personas y cuando viene una de Buenos Aires explota y pagan 500 pesos sin ningún problema. A lo mejor tiene que ver un poco de las dos cosas, alguien que incentive y después que el pueblo acompañe cuando hay una producción local. Es un poco de las dos cosas. El teatro sin público no se mantiene, entonces está bueno que apoye a las producciones locales. Después a lo mejor vuelve a resurgir esa semilla, el teatro es tiempo. Hubo un vaciamiento de dos o tres años en los que el teatro dejó de funcionar y para que vuelva a generarse seguramente va a llevar tiempo. Sé que están trabajando un montón.
¿Cuándo vamos a ver una obra tuya, cuándo te vamos ver actuar acá?
-Después de la experiencia que tuve en el carnaval, no sé. No tuve nunca una propuesta de venir a dirigir teatro ni nada acá. Es difícil porque tengo que hacer 1.100 kilómetros para venir y después volver. Eso es lo más difícil en este caso. En algún momento se habló de traer mis obras de Resistencia, que eso sí es fácil, para hacer funciones acá así que seguramente en 2018 Te lo juro por ésta va a andar paseando por Charata.
Más allá de los proyectos que tenés, ¿qué te deja volver a Charata cada año?, porque en verano también trabajas
-El otro día estuvimos en la pileta hasta las cuatro de la mañana con cuatro de mis mejores amigos, y creo que tiene que ver con eso. Cuando vos te vas a vivir afuera, la gente nueva con la que te relacionas no conoce una etapa de tu vida, entonces vuelvo a esa etapa que ellos sí conocen, a la de estar acá. Después de la paz de Charata, de estar tranquilo, que mi mamá cocine, dar vueltas en la Güemes, me cargo mucho de energía. Tiene que ver con ese lugar, me encuentro con gente que me quiere, que siempre me carga de buenas energías, que dice “te vi haciendo tal cosa, seguí metiéndole”, entonces es lindo. Me conecto con otro lugar. En Charata todo es más simple, en Buenos Aires es complicado, para ver a un amigo son dos horas de viaje, acá vas y golpeas la puerta y siempre hay alguien. Es un lugar más simple de la vida.
“A ciertas horas de la noche le pesa la estrella de sheriff que le cuelga del corazón. Se deja caer en la cama, se saca las botas y se afloja dos puntos el cinturón, y se duerme el rock and roll”, dice Juan Manuel Serrat y Matías Pisera Fuster disfruta el fin de un año a puro rock y se prepara para despertar el carnaval.










