Las “madres de Srebrenica” recibieron con aplausos y lágrimas la condena a Ratko Mladic
Srebrenica, 22 (AFP) – Fue cuando el juez de La Haya anunció la sentencia para el criminal de guerra serbo-bosnio a cárcel perpetua por genocidio. “¡Doy gracias a Dios, en nombre de nuestros hijos!”, exclamó Nedziba Salhovic, una de las mujeres congregadas en el memorial de Potocari.

En La Haya, asociaciones de víctimas se dijeron “parcialmente satisfechas”, pero las que quedaron en Srebrenica expresaron su enorme desahogo. Es en ese lugar donde se instalaron miles de estelas en homenaje a sus hijos, hermanos y maridos. Fueron más de 8.000 asesinados por las tropas del Ejército de la República Srpska (VRS) durante la Guerra de Bosnia, entre 1992 y 1995, especialmente en julio de ese año, mientras intentaban escapar del enclave musulmán de Srebrenica. “Un acto de genocidio”, repitió el miércoles la justicia internacional.
El primero cometido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Mladic, de 74 años, fue juzgado culpable, así como en 2016 lo fue el fanático Radovan Karadzic, de 72 años.
¡El chetnik se hizo encima!

Desde el inicio de la lectura del veredicto, cayeron las primeras lágrimas. Y se oían gritos de rabia cuando Mladic mostraba enfado. “¡No eres un hombre, eres basura!”, gritaban las mujeres con velo.
Cuando el criminal pidió una interrupción de la lectura para ir al baño, exclamaron con desprecio: “¡El chetnik se hizo encima!” (Chetniks: monárquicos nacionalistas serbios de ultraderecha, que se aliaron a los nazis para combatir a los comunistas yugoslavos en la II Guerra Mundial; por extensión, tropas serbias de Bosnia que masacraron a los musulmanes durante la guerra de partición de Yugoslavia en los años ’90).
Estas mujeres no esperaban menos que cadena perpetua. “Mis fotos son pruebas irrefutables”, dice una, mostrando las imágenes. Todas vinieron para oír cómo el “carnicero de los Balcanes” iba a morir en la cárcel. “Pero no se haría justicia ni que viviera mil veces y fuera condenado a perpetuidad otras tantas”, se lamentó Ajsa Umirovic, de 65 años, que perdió a 42 miembros de su familia. “Mírenlos allí”, dice, señalando las lápidas: “Tendría que recibir cadena perpetua ni que fuera sólo por una familia”.
En Sarajevo, otra ciudad mártir, Safet Kolic, vendedor de ropa, cree que “este fallo llega demasiado tarde”. Para él, Mladic “destruyó un pueblo por hacerle cometer un genocidio, y otro que tuvo que padecer el genocidio”. En la capital bosnia todavía se pueden ver en muchas fachadas los impactos de obuses, restos de un asedio de 44 meses, uno de los más largos de la historia.
Más de 10.000 habitantes, entre ellos 1.500 niños, murieron allí víctimas de francotiradores y de artillería que se disparaba desde las colinas controladas por las tropas de Mladic. En el mercado de Markale todo funciona como siempre. Fue allí donde se produjeron dos masacres, una que dejó 68 muertos en febrero de 1994 y otra 37, en agosto de 1995. Los nombres de las víctimas están escritos en una pared roja. “Si dependiera de mí, lo habría ahorcado, porque sufrí mucho, no puedo ni hablar”, dice una mujer mayor, vendedora de verduras, que no quiso dar su nombre.
La grieta

Los serbios de Bosnia, que son poco más de un tercio de los 3,5 millones de bosnios, no se hacían ilusión respecto al veredicto. Pero eso no quiere decir que se arrepientan. A cinco kilómetros del memorial de Srebrenica, se veían imágenes de Mladic en uniforme en las calles de la ciudad serbia de Bratunac. “¡Eres nuestro héroe!”, se leía. En Sokolac, militantes de Honor a la Patria, algunos de ellos luciendo camisetas con la imagen de Mladic, escucharon el veredicto en silencio.
“La historia demostrará quizás un día que la verdad es la que nosotros creemos”, dice Zeljko Dacic, excombatiente de 51 años. Otros simpatizantes denunciaban que “A Ratko lo juzgan por acciones de guerra, mientras toda la Uniòn Europea deja que miles se ahoguen en el Mediterráneo porque sí”, en referencia a la crisis de refugiados. La víspera, su jefe político, Milorad Dodik, líder de la Republika Srpska, la entidad serbia en Bosnia, ya lo dejó claro: “Ratko Mladic sigue siendo una leyenda del pueblo serbio”.










