Totó Riina nos ordenaba “matar a mujeres y niños”, contó un “arrepentido” de la mafia
El mafioso arrepentido lo confesó este viernes en Roma tras la muerte del jefe de Cosa Nostra, la legendaria mafia siciliana. “A pesar de que estaba en la cárcel, Riina seguía siendo alguien importante para la mafia, y si ordenaba algo factible, se realizaba”, contó a la prensa Gaspare Mutolo, de 77 años, “colaborador de la Justicia” desde 1991, quien apareció siempre con un pasamontañas.
Roma, 17 (AFP) – Amigo desde hacía décadas de Riina, antes de traicionarlo y convertirse en colaborador judicial, consideró que el “capo de los capos” destruyó a Sicilia al romper un tabú que les impedía por principio asesinar a mujeres y menores. Nacido en Partanna-Mondello, cerca de Palermo, Gaspare Mutolo, quien apareció con el rostro oculto por una capucha negra, fue un brutal asesino que estranguló con sus propias manos a por lo menos 20 personas.

Nada personal
“Evocar esos momentos es particularmente doloroso, recuerdo el terror en los ojos de la gente antes de morir y cómo comienza a salir un hilo de sangre de ojos y oídos”, reconoce. Su escalofriante historia parece que no lo deja dormir. “Cuando pienso en ello claro que me arrepiento, quisiera olvidar, pero tengo una justificación: no matábamos por motivos personales, sólo cuando me lo ordenaban, como todas las mafias”, explica el que compartió celda con Riina.

Gaspare Mutolo decidió distanciarse en 1974 del líder de Cosa Nostra “porque al pedirme que cenara con él, me obligaba a traicionar a mis jefes más inmediatos”, dice. “Era carismático, apreciado por las mujeres, con las que era especialmente cortés, y siempre pedía brindar por todos los niños del mundo”, recuerda. Según el “arrepentido”, que profesa ahora la religión y se dedica a la pintura, “La bestia”, como llamaban a Riina, era “un hombre inteligente y particularmente cruel”.
“Cuando quería matar a un amigo, primero lo invitaba a cenar, le ofrecía de beber y luego lo estrangulaba”, recuerda. Para Gaspare Mutolo, “la mafia todavía existe en Palermo”, y si el gobierno realmente quiere eliminarla, “debería aprobar una ley en la que se condene a todo político cómplice de la mafia con la misma severidad que a los condenados por delitos mafiosos”, dice. “La máxima pena en cambio para un político es el arresto domiciliario”, se queja.










