Gladis Gómez: cincuenta años de trayectoria de la mujer del teatro chaqueño
Describir a Gladis Gómez resulta, para quienes la conocen, un poco difícil porque no sabe cómo denominarla pero ella se autodefinió como “mujer”. Y así es ella, una mujer que lo puede todo. Celebró 50 años de permanencia en el ambiente teatral. Querida por sus pares, referente de las nuevas generaciones. Directora del Guido Miranda y con una familia que la banca y la espera cuando deja de lado el vestuario y vuelve a ser esa madre y abuela.

-¿Te sorprendió este homenaje?
--Sí, por supuesto, porque no me lo esperaba. Uno cumple los años de trayectoria como al natural y no está atento a que todos se acuerden. Justo coincidió que ese día que se entregaban los premios del Encuentro de Teatro nos dimos cita con toda la familia porque, mientras el jurado deliberaba los ganadores, la obra de mi yerno estaba en escena; así que se me hizo algo natural pero todos sabían menos yo.
--El teatro chaqueño siempre tiene los mismos referentes, de hecho sorprendió que haya ganado un grupo nuevo, ¿cómo lo ven ustedes a eso?
--Nosotros estamos más allá del bien y del mal (risas). Siempre los teatreros debemos renovarnos porque, cuando no estemos más, ¿el teatro se muere con nosotros? Hay que ir renovando. Para hacer buen teatro hay que salir de Resistencia, mirar el interior del Chaco y proyectarse a algo nacional. No hay que quedarse con un premio o una nota en el diario, porque eso es lo peor que les puede pasar, creerse que ya llegó. El artista siempre va haciendo su camino, nunca llega.
--¿Hay lugar para las nuevas generaciones?
--Es difícil, pero a todos nos pasó. Es un tiempo en donde los nuevos tienen que abrirse paso a los codazos. Estamos en una sociedad en donde el viejo no quiere ser viejo, que no está mal ser “pendeviejos” pero por detrás eso significa que no quiere dejar pasar a los nuevos y es ahí donde está la lucha de estos grupos. Cuesta, cuesta mucho, ser nuevo, joven y sobre todo con talento.
--Pero ¿por qué se da eso? ¿No pueden convivir las dos generaciones?
--Se trata del reconocimiento. De hecho este gesto que me hicieron a mí fue difícil, porque nos cuesta reconocernos entre pares y siempre buscamos reconocer al de afuera porque es más fácil. Hay muchas viejas peleas, envidias y demás trasfondos que deja en evidencia que es más fácil ver al de afuera que a nosotros mismos. También se trata de una necesidad constante de reconocimiento y no lograrlo, siempre se está en la lucha y se pasa la vida así. Es una madurez de la profesión, es la huella que uno deja y sobre todo reconocer al que viene y acá estamos todavía en una pelea de si somos o no profesionales.
--¿Es una profesión ser teatrero?
--Sí, claro, aunque muchos no quieran asumirlo y no lo vean así. Tenemos nuestras propias reglas, límites y depende de nosotros ponerlos en práctica. Más allá de que esté categorizada como una profesión, todavía falta mucho por seguir ajustando.

--¿Por qué todavía se sigue discutiendo si se puede vivir o no del teatro?
--Es una muy buena pregunta. Cómo te explico... Hay varias cosas, como lo dice María Emilia Barba: “Vivimos en una provincia periférica de un país subdesarrollado”. Y esto es innegable. Nuestra provincia no es una de las más ricas, ni del paisaje, ni de muchas otras cosas, lo único bueno que tenemos es la gente, una calidad de persona con una cultura rica. Es difícil que “doña Rosa” reconozca que subir a un escenario no es cosa de locos y que eso que ella ve requiere una paga porque es un trabajo. No todos ven el esfuerzo que hay detrás. Cuando yo empecé éramos trabajadores de la cultura, porque queríamos tener un reconocimiento. Hay que dejar de lado un montón de cosas, implica mucho sacrificio personal porque se terminan dejando muchas cosas de lado por subir a un escenario. Que se reconozca y se valore como profesión es difícil, pero mucho más es que nos tomen como artistas. Vivir del arte es casi un sueño.
--¿Cómo es el acompañamiento del Estado?
--Por suerte el Estado acompaña la actividad artística y no hay que tener vergüenza de decir que el teatro necesita la subvención y el apoyo. La Ley Nacional del Teatro, de 1997, vino a poner en marcha una reparación histórica, hubo una mejor redistribución. La disciplina floreció en muchos centros, nacieron nuevas compañías y se tomó en serio esta rama porque se nos reconoció como teatreros.
--Veinte años después de la sanción de la ley, ¿cómo la vez en la actualidad?
--Como siempre los argentinos dejamos todo por la mitad y entonces cambian los gobiernos y se arrasa con todo lo anterior. Hay que aprender a darle continuidad a las leyes, ahí podemos empezar a hablar de madurez. Cuando surgió la ley, el Estado te subvencionaba para que se haga la obra. Se empezó a reconocer el teatro como profesión y sobre todo permitió que la gente se anime a tomarlo como un estilo de vida y se dedique de lleno a esto. Pero ahora no se valora lo que costó tener el subsidio, la lucha que hubo detrás. También es verdad que no se redituó en calidad, los teatristas nos acostumbramos a la plata del Estado y dejamos de lado la excelencia.
--¿Hay calidad artística en el Chaco?
--Hay algunas excepciones que hablan de calidad, en general nosotros tenemos un nivel excepcional porque hay muchos buenos hacedores artísticos, después hay mucha homogeneidad. Todos los que hacen teatro creen que hacen la revolución, pero no se toma con la profundidad que merece de verdad. Para mí, es la disciplina con mayor arraigo en la sociedad --a pesar de que mucha gente no va al teatro-- porque toca la fibra íntima de las personas, ya que hay un hecho de comunión con el público. Para sentarte a ver una obra no necesitás experiencia ni conocimiento, lo vivís igual que el que está sentado al lado tuyo, que puede llegar a ser el crítico más exigente.
--¿No hay que tener conocimiento para disfrutar una obra?
--No, si pensamos que es así estamos fritos porque entonces se vuele elitista para cuatro o cinco. --¿Es político el teatro? --Por supuesto, es la disciplina más política que hay y no tengo temor alguno de decirlo. Fijate la comparación entre un discurso político y un actor, es exactamente lo mismo y se busca convencer al otro así, sean 10, 500 o 100.000 personas.
--¿Existe alguna rivalidad entre el teatro tradicional y el stand up?
--No, al contrario. Yo aplaudo y celebro el stand up, porque desmitifica al actor, ya que se ríe de él mismo.
--¿Cualquier actor puede hacerlo?
--No, hay que tener cojones para hacerlo o mejor dicho para hacerlo bien. Porque cualquiera puede aprenderse un monólogo que otro le escriba, pero no todos pueden expresarlo bien y eso es todo un arte. No es que me subo al escenario, digo dos o tres pavadas y cuento un par de chistes y ya está. Hay toda una preparación detrás y celebro eso, porque es un arte. Para mí, el stand up es la síntesis del teatro.
--Los youtubers o instagramer vinieron a romper con ese esquema
. --Sí, al principio pareciera que sí, pero para mantenerte arriba de un escenario tenés que tener preparación, saber qué vas a decir, a quién criticás o qué, hay que saber cómo pararse y sobre todo a qué público te dirigís.
--¿Pero no te parece que es una fama rápida?
--Pero claro que sí. Así y todo, bienvenidos sean. Si una obra nuestra pudiera convocar como lo hacen estos chicos cada vez que se presentan en el Guido, pero les pongo todas las fichas. Nosotros no aprendimos a hacer conocer nuestras cosas como lo hacen ellos, seguimos apostando a la gacetilla del diario, el volante y el boca en boca, pero las redes sociales están sin usarse o mejor dicho sin usarlas bien. Por qué no podemos hacer un canal de YouTube en donde mostremos las obras y dejemos con la intriga al espectador o una invitación distinta; pero nos negamos a eso. Los viejos no tenemos que ser viejos para nada, tenemos que adaptarnos a las nuevas herramientas que nos ofrecen.
--¿Por qué el público apuesta a pagar una entrada para una obra de temporada y no a una local?
--Es fácil, porque las obras regionales no tiene la tele de por medio y eso está inflado. Siempre es más convocante una obra que hace temporada de verano solamente, antes que una que está en cartel durante todo el año en el teatro de la ciudad. Vienen estos tipos de espectáculos y el Guido se llena. Y todos saben quiénes son y qué escandalo tienen consigo. Pero también es verdad que ese público no es genuino, porque ellos vienen a ver lo mismo que pueden ver en la tele. Que vengan, que paguen la entrada y lo que queda de taquilla se hacen ciclos provinciales, como por ejemplo “Vamos al teatro”. Hay que buscar que la cosa vuelva. No se les pueden cerrar las puertas a las obras, no se puede ser selectivo porque el Guido es la única sala más o menos en condiciones que tenemos.
--¿De quién es la responsabilidad de que el teatro siga adelante?
--De nosotros, los teatreros. Porque el Estado ayuda, acompaña pero está en nosotros sacar adelante las obras. Si hoy el teatro está flojo es porque no nos ponemos las pilas y también porque todos quieren vivir de los subsidios que se otorgan y no les importa que el público asista o no, si total ya tienen cubiertos los gastos. Y eso pasa, hay obras para diez espectadores que solamente ellos pueden entender... pero ¿y el resto? -
-¿Por qué está tan mal vistas las competencias, los festivales y demás?
--Porque no hay espectadores, aunque mis colegas me van a matar pero es la verdad. Yo tengo una obra que se llama “La última sala” y donde Julia, el personaje, siempre dice: “Si el público tiene nombre y apellido no es público, es privado”. Y eso es lo que nos pasa. En los encuentros, cuando se levanta el telón, hay 100 teatreros y 20 personas, nos miramos entre nosotros.
--Las críticas siempre apuntan a que los ganadores son los mismos grupos.
--Que participen siempre los mismos está bueno, porque quiere decir que los grupos tienen trayectorias, pero que ganen siempre los mismos está indicando que esos mismos tienen calidad. Y siempre las críticas vienen de quienes por ahí no ganan, es una cuestión más de celos profesionales. Pero también es verdad que siempre se mira con una tendencia, no hay imparcialidad, porque tengo una mirada del arte particular. La solución es buscar siempre jurados que vayan cambiando.
“Al Guido Miranda lo estamos modernizando
de a poco, cuesta pero llega”
-¿Cómo está en la actualidad el espacio?

Nunca se termina, como toda casa vieja siempre le falta cinco para el peso. Se hicieron muchas modificaciones, pero hay cosas que son muy antiguas como por ejemplo las cañerías y desagües que hay que cambiarlas a todas porque nos seguimos inundado y queda por días el agua sin escurrirse. Se requieren permanentes arreglos y muchas veces no hay presupuesto para todo lo que hay que hacer. Ahora estamos reparando todos los techos, estamos cambiando las chapas, canaletas y eso la gente no ve. Se está arreglando el ascensor, como es viejo hubo que pedir los repuestos afuera y hasta que llegaron y todo los trámites se hizo larga la espera y vamos a volver a tener accesibilidad para todos. Los aires acondicionados lo mismo, el más nuevo tiene 20 años así que se tuvieron que cambiar todos los ductos y las instalaciones; estamos por comprar 11 nuevos splits para las salas.
-Con vos se acercó y conoció mucha gente el Guido.
Afortunadamente sí. Yo cuando me hice cargo en el 2010 me propuse cambiar todo, ya que venía con la fama de que el Complejo era para un tipo de público y entonces decidí abrir las puertas a todos porque es nuestro. Bajo esa consigna armé los ciclos que permitan la inclusión de público y de artistas. Cuando un espectador me pregunta dónde está el baño es porque es la primera vez que viene, ese es mi testeo y mi lema de cabecera y eso me da la pauta de que hay que seguir trabajando por este camino.
-De hecho, Bernabé había dicho que los grupos del interior pedían siempre poder actuar en el Guido.
Sí, es un deseo en general que tienen todos los grupos del interior y nosotros tratamos de hacerlo con los Encuentros, con los Ciclos. Pero no es fácil, se tienen que quedar como mínimo una noche en la ciudad y eso se convierte en un gasto para todo pero por suerte se concreta cada vez más porque trabajamos en conjunto con los municipios de cada localidad para solventar los gastos.
“Hoy me defino como mujer”

-En el diario de la vida, ¿quién es Gladis Gómez?
Esa es la pregunta más difícil que me hacés. Antes me podía definir como una actriz, ahora como mujer porque en estos tiempos es un desafío. Plantarse en la vida y decir “soy mujer” tiene muchos desafíos y debemos asumir que lo somos. Tenemos que defendernos y defender lo nuestro, tenemos la capacidad de la resistencia y de la multiplicidad. Debemos aportar desde nuestro género para una sociedad más sana, más productiva y sobre todo en paz.
-¿En qué rol te sentís más cómoda?
Con el de actriz me siento más cómoda y es el que menos me cuesta. Soy abuela, madre, compañera pero necesito actuar y es lo que me mantiene viva. -¿Sos familiera? -Si, muchísimo. Tengo una gran familia integrada por cuatro hijos, nueve nietos, dos yernos y una nuera.
-¿Qué te ves haciendo de acá a diez años?
-Primero me sigo viendo en los escenarios y segundo viajando, y mucho pero siempre actuando. -¿Te queda pendiente algo? Sí, varias cosas que ya las voy empezando a cumplir. Hacer un libro sobre el teatro, sobre mi técnica en particular que lo estaba escribiendo y lo paré pero me encantaría dejar escrito sobre lo que aprendí y enseñé tanto en el teatro como en los títeres. También me queda, aunque no sé si tanto ya, mi propia sala porque ya hicimos el Instituto de Teatro que después quedó en mano de Sala 88, también La Máscara que agarraron otros; pero no tengo mi propio lugar con mi impronta donde pueda ensayar mis espectáculos sin pedir permiso a nadie ni armar la agenda con otro.
-¿Te sentís una referente del teatro chaqueño?
Sí, me empecé a dar cuenta de eso. Por suerte hay muchas carreras referidas a lo artístico y al teatro y siempre me vienen a preguntar cosas. Pero es más que nada por la permanencia. Incluso a nivel nacional, muchas veces me pasó que se acercan los jóvenes y me cuentan que estuvieron en Buenos Aires en algún taller y al decirles que son chaqueños le decían que me manden saludos. -
¿Sos muy crítica?
Demasiado, pero solamente en el teatro. No lo digo, me reservo las opiniones siempre y cuando no me pregunten. El público es divino, es fácilmente engañable y justicia todo, aun los errores, y yo no lo veo así. De hecho aunque no le guste, el público se queda hasta el final.
-¿Qué les dirías a las nuevas generaciones?
-Yo les pediría mucho compromiso porque detrás de eso viene la pasión, la preparación y si hay eso se encuentra el propósito de la vida.










