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El día que cayó el Muro de Berlín

La barrera que dividió a la capital alemana por 28 años, símbolo de la Guerra Fría y del mundo bipolar, comenzó a ser demolida el 9 de noviembre de 1989.

   Berlín, 8 (dpa) - El Siglo XX estuvo marcado por un par de guerras mundiales y la disputa entre dos grandes potencias: la Unión Soviética (URSS) y los EEUU. En años posteriores a la derrota del nazismo, el mundo se sumió en una profunda grieta ideológica y territorial.

   Como era de esperar, la capitulación de Alemania en la II Guerra Mundial trajo grandes cambios al país. Uno de los más significativos y visibles fue la división del territorio con una gran barrera de seguridad que sería conocida años después como el “Muro de Berlín”. También llamado “Muro de Protección Antifascista” en la República Democrática Alemana (RDA), sirvió para controlar la migración entre ambos territorios y dejar definidas zonas de influencia entre la URSS y EEUU. 

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El final se precipitó el 9 de noviembre de 1989, cuando la población germana y la comunidad internacional fueron testigos de la caída del Muro de Berlín.

   Con una extensión de 45 km en Berlín y otros 115 en el resto del país, fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y la fragmentación de Alemania. Hasta la fecha, no hay registro del número de personas que perdieron la vida en el intento por cruzarlo. El Muro comenzó a ser levantado la noche del 12 al 13 de agosto de 1961. Bajo la vigilancia de la Policía de Alemania oriental, los soldados sellaron accesos. El Gobierno de la RDA argumentó que el objetivo era evitar cualquier agresión occidental.

   Las familias separadas tras su construcción debieron acostumbrarse a vivir así por 28 años, una vez que se atisbó a lo lejos el fin de la Guerra Fría.

Noche histórica

   El derrumbe del Muro no era un escenario esperado por los berlineses, quienes hasta días antes lo contemplaban como la barrera impenetrable que siempre fue. Sin embargo, varios hechos desencadenaron su caída, noticia que causó gran alegría entre las familias que no se habían visto por casi tres décadas. Uno de los factores fue la apertura de las fronteras entre Austria y Hungría en mayo de 1989. Cabe recordar que el territorio húngaro estaba alineado con la URSS, por lo que varios aprovecharon para viajar hasta Hungría y solicitar asilo en las embajadas de la República Federal Alemana (RFA), controlada por los aliados de Occidente.

   La situación fue molesta para las autoridades locales, por lo que instalaron nuevas restricciones… pero era demasiado tarde. Miles de alemanes se manifestaron en el Este de Berlín, con la única finalidad de presionar al gobierno para que permitiera el paso al otro lado de la frontera.

   Las protestas surtieron efecto, pues el Gobierno de la RDA anunció que el paso estaba permitido. Sin embargo, la confusión de un portavoz ocasionó un caos la noche del 9 de noviembre. Al ser cuestionado sobre cuándo entraría en vigor la nueva disposición, el funcionario no encontró respuesta en los papeles de la normativa, por lo que resolvió decir que se trataba de una medida de efecto inmediato.

   En consecuencia, miles de alemanes de la región soviética se arremolinaron en los puestos de control, mientras del otro lado ya los esperaban otros grupos de alemanes occidentales. La confusión contagió a los guardias fronterizos, quienes no supieron cómo actuar ante la falta de indicaciones precisas y dejaron pasar sin resistencia a los berlineses. ¡El Muro está abierto!, fue la consigna más coreada aquella noche, en la que los bares regalaron cerveza a sus visitantes y donde los extraños se abrazaban en la calle como muestra de solidaridad. El Muro de Berlín había caído, evento que sirvió de antesala al gran colapso de la URSS tan sólo dos años después.

   Sin embargo, la disolución de la URSS y su conversión en economía de mercado no dio lugar, veinticinco años después, a la esperada expansión del capitalismo. Por el contrario, la desintegración de la Unión Europea parece imparable, y la mayor crisis desde 1930 persiste desde hace 10 años. El fenómeno Trump alimenta una crisis política inédita en EEUU, al menos desde la guerra civil, y el mundo no parece haber abandonado la “guerra fría” por la “paz universal”: en cambio un estado de guerras permanentes se extiende por el mundo.

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