China: cambio de régimen para la profunda reestructuración económica
China produce la misma cantidad de acero que todo el resto del mundo, pero su crecimiento económico ha bajado de dos dígitos a menos de 7% en los últimos diez años. El efecto de estos dos hechos se manifestó desde febrero de este año, cuando dos de las mayores acerías estatales chinas fueron virtualmente paralizadas porque su acumulación de stock no vendido desde el año 2015 impidió su financiación operativa en 2017.
Ese botón de muestra sirve para ilustrar las tareas que se apresta a encarar el gobierno chino en materia económica. El cierre de numerosas empresas obligará a la liquidación de una gran masa de capital sobrante, lo que acarreará la eliminación de millones de empleos. La proyectada ampliación de la apertura a las inversiones extranjeras implicará un volumen de quiebras que modificará profundamente las bases del desarrollo industrial de las últimas décadas.

Para tal tsunami económico, Xi ha previsto un cambio semejante en el régimen político. China enfrenta una transición que piensa solventar con un gobierno que profundiza su carácter dictatorial, pero ahora encarnado en una sola persona: el presidente Xi Jinping, en detrimento del conjunto del funcionariado estatal y del propio Partido Comunista.
La sustitución de todos los líderes del actual Comité Permanente -órgano de mayor poder del PCCh-, excepto Xi y el primer ministro Li Keqiang, deja al presidente rodeado de sus laderos más fieles, o de otros que no le hacen sombra en absoluto. La segunda gran apertura de China al capital global, obligada por el brutal fracaso de les medidas “keynesianas” o de capitalismo estatal intentadas en la última década, abre un período de cambios violentos. Está por verse si las previsiones de Xi le alcanzarán para maniobrar en la profundización de una crisis histórica.










