Ni escuelas tomadas, ni amenazas de bombas...
Es cierto, en el Chaco no hubo (hasta ahora) escuelas tomadas por los alumnos, ni amenazas de colocación de bombas en los edificios educativos. Sin embargo la situación del sector es deplorable. Se puede afirmar que, por lo menos desde el regreso de la democracia en 1983, este, que está por finalizar, es el peor ciclo lectivo.
Esta afirmación surge de hechos concretos. Quedan entre 33 y 35 días hábiles para que terminen las clases. A la fecha, 23 de octubre de 2017, han pasado ya 112 días del calendario escolar en los que debieron dictarse clases. Esto quiere decir que, una vez más, no se cumplirá el mínimo de 180 días que se fijó alguna vez para tener un desarrollo normal de las actividades.
De los 112 días de clases hubo hasta ahora 75 jornadas con paros de actividades de algunos de los gremios que agrupan a los trabajadores de la Educación, mientras que en los días en los que se dictaron clases fueron 68. Es decir que hasta ahora, muy cerca del fin de año, ha habido más días con paros que con clases.
Días con paros Decimos días “con paros” porque somos conscientes que no todos los días pararon todos los gremios, ni tampoco todos los afiliados de los gremios con medidas de fuerza los acataron y que, además, y es lo que más importa, son más los docentes que no militan activamente en los sindicatos que los que sí lo hacen, aunque la situación de anarquía existente invita a aprovechar de la situación a aquellos que han abrazado la docencia como una situación de paso hacia otro empleo y no como una vocación para formar a las futuras generaciones. Se debería agregar la situación de los colegios no estatales subvencionados que generalmente no hacen paros.
Lo cierto es que de esos 75 días con paros, la Asociación de Trabajadores de la Educación del Chaco (Atech) ha realizado 62; la Federación Sitech 59, la Unión de Trabajadores de la Educación (Utre Cetera), 35 y la Coordinadora Docente integrada por AMET (Enseñanza Técnica), Adoch, Achabi (Bibliotecarios), FIUD y UDA,14. En algunos casos han coincidido, en otros han tenido motivaciones distintas o adhesiones a jornadas nacionales. Lo que sí hay que afirmar es que de las 31 semanas con actividad escolar que ha habido desde el inicio de clases en marzo, no hubo ninguna que no haya tenido paros. Es decir no hubo ninguna en que se hayan dictado los cinco días de clases.
Si se toma por mes la estadística dice que en marzo hubo 11 días con paros y 8 con clases. En abril fueron 8 y 10. En mayo, 11 y 12. En junio, 12 y 6. En julio, 5 y 5. En agosto, 8 y 6. En septiembre, 8 y 9 y en lo que va de octubre, 8 y 7.
Todo esto hace que la situación de las aulas sea de una anarquía generalizada y que lo excepcional se haya convertido en regla. De los cinco días de la semana, solo en algunos hay actividad y de esos días en algunas horas se dictan clases y en otras no y las horas libres de los alumnos están al orden del día. Con este panorama hablar de calidad educativa es la mayor de las utopías.
Escuelas tomadas
y amenazas de bombas Si esto acabamos de describir no es una toma de escuelas y una amenaza de bomba para el futuro de decenas de miles de niños y jóvenes, hipotecando su futuro, que alguien le dé la calificación exacta. Aquí la violencia no es externa, pero se está sometiendo a los educandos a un estado en el que se los priva de su derecho a recibir una educación acorde con las exigencias de los tiempos y de la sociedad.
Y esto pasa porque los responsables del acto educativo no se ponen de acuerdo y terminan hablando al viento y ladrando a la luna. Y el 90 por ciento del conflicto entre dos de los actores principales, el Estado provincial y los gremios docentes no solo no se ponen de acuerdo, sino que hablan idiomas distintos y hasta pareciera que es una cosa de orgullo personal para ver quien derrota al otro, sin importarle la razón de la existencia de unos y otros: la educación de los niños y jóvenes.
Si la Educación es prioridad para los gobiernos, como siempre se dice, esa prioridad debe reflejarse en los hechos. Y uno de los primeros hechos es que quienes imparten la educación estén bien pagos. Y aquí lo que se escucha de unos y otros es diametralmente opuesto.
Mientras que las autoridades afirman haber hecho el máximo esfuerzo y haber superado con creces los índices inflacionarios, los gremios dicen todo lo contrario. Y no se salen de ese callejón sin salida. Pareciera que no hay otra manera de dialogar y que no se pueden sentar a la misma mesa y negociar cediendo cada uno un poco para que se logre el objetivo.
Hasta ahora la solución no llega y no se conoce la participación de los representantes del tercero en discordia, la familia de los alumnos, que es en definitiva la primera escuela. ¿No existirá alguna manera de que una comisión de padres pueda intervenir para contribuir a una solución?
Si todo esto es así, no estamos tan seguro de que las escuelas del Chaco no estén tomadas por la desidia del gobierno, la intransigencia de los gremios y la apatía de las familias. ¿Tener más días con paros que con clases y con clases carentes de calidad no es peor que tener que desalojar una escuela por una amenaza de bomba? Valdría la pena reflexionarlo.










