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Un clima de violencia que opaca la jornada electoral

El hallazgo por parte de buzos de la Prefectura de un cuerpo en la ribera del río Chubut, a unos 300 metros del lugar donde se vio por última vez al joven artesano Santiago Maldonado, y los momentos de tensión que se registraron después entre integrantes de la comunidad mapuche y representantes del Gobierno nacional dispararon a lo largo y ancho del país todo tipo sospechas y desconfianzas que se suman a la incertidumbre provocada por la desaparición del artesano y la posterior aparición de un cadáver, hechos que reeditan viejos enfrentamientos vividos por la sociedad argentina en el pasado y ensombrecen la jornada de elecciones legislativas que se vive este domingo.

Salvando las distancias con el caso Maldonado, cuya identificación por la familia y el desarrollo de la autopsia que mantiene en vilo a todos los argentinos, los lamentables episodios vividos en el Chaco por la acción de grupos violentos que provocaron daños en la Iglesia Catedral durante el Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en Resistencia, así como las posteriores agresiones con piedras que sufrieron mujeres y artesanos de otras provincias (que esperaban abordar distintos colectivos para regresar a sus ciudades) por parte de personas que manifestaron en forma violenta su rechazo a la movilización de mujeres, también configuran a su modo un peligroso escenario de intolerancia en los días previos a la cita electoral de hoy, en la que se pondrá en juego un modelo que, entre otras cosas, acentúa el centralismo frente a un federalismo que reclaman las jurisdicciones provinciales que ven cómo avanza, con el guiño del gobierno central, la pretensión de la provincia Buenos Aires por el millonario fondo del conurbano bonaerense.

Debe recordarse que la violencia ejercida en todas sus formas (física, simbólica, institucional o económica) siempre será perjudicial para la vida en sociedad. Este año se cumplen 34 años del retorno de la democracia a la Argentina, que en aquel recordado 1983 venía de atravesar uno de los períodos más violentos, oscuros y trágicos de su historia reciente. Desde esa fecha que fue bisagra de la historia argentina y hasta hoy, periódicamente la ciudadanía acudió a las urnas en buena medida con la esperanza de alejar los demonios de una cruel dictadura que, además de desaparecidos, dejó un fuerte endeudamiento externo y se encargó también de destruir la matriz productiva nacional.

Es probable que en esta jornada electoral que se celebra hoy para renovar un tercio de la Cámara de Senadores y casi la mitad de la Cámara de Diputados de la Nación, muchos electores concurran a los lugares de votación también con el anhelo de ahuyentar aquellos viejos fantasmas de muerte y violencia paridos durante la dictadura cívico militar, con la certeza de que el saludable ejercicio democrático, en el más amplio sentido del término, es la mejor vacuna contra esos males. La aparición de un cadáver en el río Chubut que conmociona a todo el país en medio de la campaña por las elecciones legislativas y la agresividad de grupos marginales que protagonizaron actos violentos al término del Encuentro Nacional de Mujeres que se celebró en Resistencia, vuelven a traer una sombra de intolerancia y autoritarismo que se creía desterrada del país. Como si fuera poco, la desaparición del artesano que participaba de la protesta mapuche en una lejana (para muchos) tierra patagónica, sacudió los cimientos del debate público en la Argentina, teñido a esta altura por una campaña electoral cansadora por lo repetitiva y mediocre, pero no para bien de la unidad de los argentinos sino para dar lugar a expresiones con un grado de cinismo pocas veces visto en tiempos electorales, provenientes de figuras políticas que poco aportan a la necesaria unión nacional. Y eso, lamentablemente, también es violencia, como lo fue la agresión que sufrió la Catedral de Resistencia y los ataques a mujeres que participaron del encuentro nacional realizado en esta capital.

En esta jornada, que merece ser vivida como significativo triunfo de la democracia, se impone la necesidad de condenar todas las violencias y también los actos de intolerancia sin importar de dónde provengan.

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