Xi Jingping, el nuevo emperador rojo
Al iniciar las sesiones del Congreso del partido único, Xi se presentó ante la comunidad internacional con una imagen de custodio y líder de la globalización, del libre comercio, de la lucha contra cambio climático, y hasta de arquitecto de las necesarias reformas de las actuales relaciones internacionales.
PEKÍN, 21 (AFP) - A mediados de la semana que comienza Xi será confirmado por el Congreso como jefe del partido fundado en 1921, el más numeroso del mundo con 89 millones de afiliados y de la nación por otros cinco años, y su pensamiento estratégico será integrado en la Constitución igualando a Mao Tse-Tsung y Deng Xiaoping. Esta consagración como “emperador rojo” termina con el liderazgo colectivo que propugnaba Deng Xiaoping. Es jefe de Estado, secretario general del Partido y presidente de la Comisión Militar central.

Xi, que en su discurso inaugural repitió hasta 36 veces la expresión “nueva era en la que China se consolidará como un país socialista moderno”, tratará de lograr “el gran rejuvenecimiento de la nación”. “No deberíamos copiar mecánicamente el sistema político de otros países. Hemos de hacer más fuerte al partido”, dijo. Remarcó sus profundas diferencias con las democracias occidentales: “La crítica política interminable, las disputas y los cambios, característicos de la democracia occidental retrasaron el progreso económico y social, ignorando los intereses de los ciudadanos. China no tiene necesidad de importar el sistema político de partidos en quiebra de otros países”, difundió la agencia Xinhua.
El líder de la segunda potencia mundial, que supera hoy el 15% del PBI del planeta con un crecimiento anual promedio de 7%, reconoció que es hora de que los chinos “tengan una vida mejor”. Pero siempre manteniendo el férreo control del gobierno para “evitar grietas”. Precisamente, el punto central en todas las temáticas del Congreso fue el de control político, sea para dirigir el comercio mundial, luchar contra la extrema polución de las ciudades, o evitar que continúe el descenso del ritmo de crecimiento (de 11,4% en 2007 a 6,3% proyectado para este año).
En términos temporales, el Congreso del PCCh estima que la modernización del país, cuya población casi alcanza ya los 1.400 millones de habitantes, alcanzará sus primeros objetivos en 2035. Y en 2050 será una potencia fuerte con influencia global. No se habló en ningún momento de sobrepasar a EEUU como primera potencia, aunque entre líneas Xi Jinping deslizó que está dispuesto a terminar con el “bajo perfil” internacional que propugnaba Deng. La promoción de la Iniciativa de la Ruta de la Seda es su gran plataforma diplomática y de inversiones.
También continuará su reclamo soberano sobre Taiwán, y perseguirá cualquier tendencia separatista, sea en Xinjiang o en Tíbet. La transformación de sus fuerzas armadas, en la que Xi viene poniendo gran empeño, está en consonancia con el papel que quiere para China en el mundo. La purga de generales corruptos, igual que con los dirigentes políticos, deberá dar paso a jóvenes oficiales leales a Xi y de amplia trayectoria. A cargo de esta limpieza está Wang Qishan, mano derecha de Xi Jinping.
De los 300 delegados militares en el congreso, el 90% asistían por primera vez. Xi aseguró que en 2035 el ejército será “de nivel mundial” y aclaró; “Un ejército se construye para combatir”. Es una llamada de atención a los vecinos regionales, a las zonas en disputa o con ganas de rebelión, y el recordatorio de que China será potencia global con responsabilidades globales. Ya participa en misiones de paz y estableció su primera base fuera de su territorio en Yibuti.










