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Fuerte llamado a detener las guerras y el cambio climático

Los conflictos bélicos y el cambio climático son las principales causas que generan migraciones forzadas y hambre en el mundo, afectando a millones de personas en todo el planeta. Así lo afirmó el Papa Francisco en un mensaje que brindó en la sede que tiene en Roma la FAO, la agencia de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, con motivo de celebrarse el Día Mundial de la Alimentación.

Las palabras del jefe de la Iglesia Católica resonaron en el salón de conferencias de la FAO, donde se pudo observar una escultura de mármol del artista italiano Luigi Prevedel, que representa la tragedia de Alan Kurdi, el niño sirio que perdió la vida al ahogarse en la playa de Bodrum, en Turquía, y cuya foto donde se lo veía extendido boca abajo conmovió a la opinión pública internacional tras ser publicada en medios de todo el mundo, en octubre del año pasado.

El Papa pidió que se evite presentar al hambre como si fuera “una enfermedad incurable”, cuando en realidad ese drama es el resultado de las guerras que castigan a pueblos enteros y de desastres naturales provocados por el calentamiento global. En su mensaje, Jorge Bergoglio advirtió que existe una estrecha relación entre el flagelo del hambre y el fenómeno de las migraciones por el cual millones de familias abandonan en forma obligada sus hogares. Según estimaciones de la FAO por primera vez en la historia de la humanidad se registra un número tan alto de migrantes en el mundo: 740 millones de personas que intentan ingresar a países donde, por lo general, no son bien recibidos y que son ubicados en campamentos donde sufren todo tipo de privaciones.

“Las migraciones solo pueden ser afrontadan si vamos a las raíces del problema”, agregó Francisco, al dirigirse a jefes de Estado y de gobierno que participaron del acto de la FAO en Roma, para criticar luego la decisión del presidente norteamericano Donald Trump de retirar a Estados Unidos de los acuerdos de París sobre el cambio climático. El sumo Pontífice dijo que ese acuerdo era esencial “para la suerte de la humanidad” y que “por desgracia, algunos se están alejando”.

Este año la FAO dedica todo su esfuerzo a trabajar para “cambiar el futuro de la migración”, y es por eso que invitó a su sede al Papa Francisco para participar de los actos por el Día Mundial de la Alimentación. No debe sorprender, entonces, el fuerte llamado que hizo Bergoglio en el que urgió a la comunidad internacional a actuar sin más demoras para que en el mundo no haya más víctimas de la desnutrición, los conflictos bélicos y de los desastres naturales provocados por el cambio climático. Vale la pena detenerse en un párrafo del mensaje del Papa, cuando señala que “frente al aumento de la demanda de alimentos es preciso que los frutos de la tierra estén a disposición de todos”. “Para algunos, bastaría con disminuir el número de las bocas que alimentar y de esta manera se resolvería el problema”. “Pero esta es una falsa solución si se tiene en cuenta el nivel de desperdicio de comida y los modelos de consumo que malgastan tantos recursos. Reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión y esto es exigente”, sostuvo Francisco.

En un mundo que promueve el individualismo y con sociedades donde el consumo se impone como un mandato a las nuevas generaciones acaso sea necesario recordar la importancia que tienen la solidaridad y la preocupación por la situación de los otros, sobre todo si esos otros son familias que padecen hambre o que tuvieron que abandonar sus hogares. “¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia?”, planteó el Papa Francisco en la FAO. Esta pregunta debe servir para reflexionar sobre el drama que viven los excluidos y los refugiados, y también para exigir a quienes tienen poder de decisión que hagan todo cuanto esté a su alcance para poner fin al flagelo del hambre y la exclusión, dos problemas que no deberían existir en pleno siglo XXI.

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