La otra cara del país de Angela Merkel
Berlín, 18 (dpa) – “Me indigna cuando escucho decir lo bien que le va a Alemania”, comenta Alexander Jorde, joven enfermero de Hildesheim, famoso por haberle echado en cara a la canciller Merkel los problemas del sistema sanitario durante un programa de tv.
“El promedio puede ser, pero si se miran los casos uno por uno no es así, sobre todo en la sanidad y entre los enfermeros”, explica sobre el discurso de Merkel, centrado en la “prosperidad” de la mayor economía de Europa. Jorde, de 21 años, es una especie de héroe en la unidad del hospital donde se forma como enfermero, después de recriminarle a la mandataria alemana por no haber hecho nada por este sector en doce años al frente del país.
“Para mí era importante preguntarle qué pensaba hacer para mejorar la situación. El artículo 1 de la Constitución dice que la dignidad humana es inviolable. Desde hace un año veo en el hospital y en la residencia de ancianos cómo se vulnera esa dignidad. Personas que están horas con sus excrementos. Gente que ayudó a reconstruir este país tras la II Guerra“, le espetó a Merkel, que el 24 de septiembre irá por su cuarto mandato consecutivo. “Los enfermeros estamos desbordados Tiene que invertir más dinero en salud”, le dijo a la canciller del partido cristiano demócrata (CDU).

“Los enfermeros deben ocuparse de hasta 20 pacientes al día, y por las noches incluso hasta 40”, denuncia Jorde. Reclama una cuota máxima de pacientes que puede atender un solo enfermero y mejorar las condiciones salariales para poder luchar contra el déficit de personal que afecta a centros de salud y residencias de ancianos. Junto con esta problemática, en las intervenciones de Merkel en los dos programas de la tv donde respondió preguntas de ciudadanos, quedó claro que a la gente le preocupa mucho la mala calidad de los empleos y la pobreza de los jubilados. La razón principal del alto nivel de pobreza entre los mayores son las bajísimas jubilaciones públicas. Al retirarse, los pensionistas cobran 48,3% del salario medio de su vida laboral. Y a partir de 2030, se reducirá a 43,5%.
Este porcentaje lleva a la pobreza a personas como Petra Vogel, empleada de limpieza de un hospital de Bochum, que puso en apuros a Merkel en la tv al recordarle “la injusticia de que en uno de los países más ricos del mundo los jubilados apenas tengan suficiente para vivir”. Es la otra cara de la moneda. “Trabajás duro más de 40 años, ganás poco, y cuando sos mayor recibís apenas para lo básico”, denunció Vogel, que con un salario de u$s 1250 al mes le quedará una pensión de u$s 780 cuando se jubile dentro de poco.
“Pido una jubilación mínima de unos mil euros (u$s 1200) para que después de 40 años de trabajo los ancianos no deban recoger botellas y latas en las estaciones de tren”, reclamó. Merkel dijo que no puede cambiar el sistema de pensiones, aunque podría hacer alguna mejora, y le preguntó si no tenía un plan de pensión privada para sumar a la que le pagará el Estado, algo que Vogel refutó alegando que eso es “para ricos”.
Según el “Informe de Pobreza 2016” de la Asociación para el Bienestar Paritario, 15,4% de la población alemana (12,5 millones de personas) es pobre. De ellas, 3,4 millones son mayores de 65 años. En Alemania se considera que una persona es pobre cuando sus retribuciones mensuales son inferiores al 60% de los ingresos medios del país. Las subvenciones sociales consumen 29,3% del producto interno bruto de Alemania.
La asociación social alemana VdK dice que las elevadas prestaciones sociales, con una tasa de desempleo tan baja (5%), es indicio de que en Alemania hay muchos trabajos mal remunerados. “Las personas deberían poder vivir de su trabajo”, indica su presidenta, Ulrike Mascher. Según la Federación de Sindicatos de Alemania (DGB), 7 millones de personas tienen trabajos muy mal pagos, lo que abarca a un 20% de todos los trabajadores. Las cifras dieron lugar a una nueva clase en el país europeo: los trabajadores pobres. Los miniempleos, de hasta u$s 530, los empleos de bajos salarios, los contratos temporales o los trabajos de media jornada pasan así a disimular el desempleo real en Alemania.










