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Alemania sobre todo

Es la nación más poblada, la principal potencia económica, y fundadora de la Unión Europea. Con esos argumentos, es la inflexible inspiradora de las normas de extrema austeridad fiscal que desataron en ese continente rebeliones como el Brexit y el secesionismo catalán, entre otras. En una semana elegirán a su canciller para los próximos cuatro años, y todo preanuncia que los votantes alemanes optarán por mantener el rumbo.

Por Rubén Tonzar

Unos 60 millones de germanos podrán acudir a las urnas para elegir a los aproximadamente 600 legisladores del 19º Bundestag (parlamento), que a su vez votaran al próximo canciller –jefe del ejecutivo, equivalente al primer ministro o al presidente en otros países-. La candidata favorita según todas las encuestas, es la actual mandataria Angela Merkel (Unión Cristiano Demócrata, CDU), que podría extender su periodo hasta 2021 e igualar el récord de su correligionario Helmut Köhl, que gobernó entre 1982 y 1998. 

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La Unión Cristiano Demócrata, partido de Angela Merkel, podría imponerse en las elecciones el 24.

Los partidos

Todos los otros partidos, en principio, competirán para incrementar su cantidad de diputados y participar eventualmente de la coalición de gobierno, en el caso de que la CDU no alcance la mayoría absoluta. Ellos son el partido socialdemócrata (SPD); la izquierda (Die Linke); el partido liberal (FPL), habitual aliado del ganador; los Verdes, en otro tiempo estrellas de la elección pero decaídos en lo que va del siglo; y Alternativa para Alemania (AfD), organización ultraderechista y xenófoba en ascenso, que ya forma parte de 13 de los 16 parlamentos estaduales y que podría acceder por primera vez al Bundestag. 

El Bundestag se conforma con dos tipos de voto: el elector vota una vez por un candidato individual que representa a su distrito, y en un segundo voto elige al partido de su preferencia para gobernar el país. No es necesario que ambos votos coincidan, por lo que es posible que un partido obtenga más votos como organización partidaria que por diputados distritales, por lo que en ese caso será compensado con bancas extra. Esa es la razón por la que el número de integrantes del parlamento no es fijo, y oscila en más o menos 600 diputados.

Los programas

Los programas de la mayoría de los partidos tienen diferencias relativas en torno a la economía o política internas, pero son en general coincidentes en lo que respecta a la política para la Unión Europea. Tratándose de Alemania, una cuestión trascendental, dado que es, sin duda y sin rival, la nación rectora del bloque europeo. Numerosas voces de diversos países denuncian a los gobiernos germanos por la sistemática aplicación de “dumping sociolaboral”, aprovechando los bajos salarios y los convenios laborales ultraflexibilizados de su economía interna.

Esto está reforzado por el diseño de la economía europea, fuertemente determinado por Alemania desde el momento en que el marco fue el referente para la creación del euro y del Banco Central Europeo. El poder de Alemania dentro de la UE es estructural, relativamente independiente de alteraciones políticas en otros países, como lo demostró ampliamente la imposición de los sucesivos programas de ajuste en Grecia, incluso después del triunfo electoral del partido antiausteridad Syriza.  

Los neonazis

En este clima de coincidencias estratégicas generalizadas, la ascendente formación ultraderechista Alternative für Deutschland desentona con sus estridencias xenófobas. Propone el cierre de fronteras a la inmigración, la deportación automática de indocumentados, sean refugiados de guerra o migrantes económicos, y el cese brusco de la política de “reunión familiar”, que permite que los inmigrantes establecidos y trabajando legalmente en Alemania traigan a su familia a vivir con ellos.

Esta tendencia xenófoba se apoya fundamentalmente en un hecho concreto, cual es que la clase dirigente alemana utiliza desde hace años a la inmigración como provisión de mano de obra barata para el mercado interno. Ello contribuyó al descenso generalizado de los salarios y a la consiguiente imposición de contratos laborales flexibles, que a su vez repercuten negativamente sobre el precio del salario.

En segundo término, la inmigración tiende a compensar el descenso sistemático de la tasa de natalidad, lo que explica el mantenimiento de las políticas relativamente liberales de los conservadores, en el poder desde hace años, para con los refugiados y migrantes económicos. Para ilustrar tendencia a la baja de los nacimientos en Alemania, sólo señalemos que este año el padrón electoral está integrado por casi 400 mil votantes menos que en 2013.

Negocios, finanzas y choques

Hay un elemento central para el próximo periodo de gobierno alemán: el mundo de las finanzas habla desde hace meses del “Lehman Brothers europeo”, alusión al banco estadounidense que entró en bancarrota en 2008 y dio el puntapié inicial para el estallido de la crisis global que persiste hasta hoy. El “nuevo Lehman Brothers” es en este caso el Deutsche Bank, el banco más grande de Alemania y de Europa, con negocios compartidos con grandes agencias de inversión en las mayores plazas financieras del mundo, en particular en Londres. Su derrumbe accionario, persistente desde fines de 2016, podría dejar al borde de la bancarrota a todos los bancos europeos, que a su vez están en situación de fuerte debilidad.

La gran caída del precio de las acciones del Deutsche se agravó también a fines de 2016 por una sanción por prácticas desleales y ocultamiento de información que le aplicó la Justicia estadounidense. El monto de la multa se está negociando aún, pero se habla de entre u$s 5.000 y 10.000 millones de dólares, lo que en cualquier caso será un golpe demoledor para la capitalización del banco alemán.

El fallo tuvo lugar apenas semanas después de que a Apple se le impusiera una multa de u$s 14.000 millones en Irlanda por eludir impuestos, por lo que se estima que se trató de una represalia por esta decisión adoptada en Europa. Antes, los tribunales norteamericanos venían de imponerle una multa multimillonaria a Volkswagen por infringir normas ecológicas en vigencia, una tentativa de frenar la creciente competencia alemana en el mercado de EEUU. El próximo gobierno alemán deberá lidiar con estos choques financieros y políticos con la principal potencia mundial, a la vez que tratar de mantener su hegemonía dentro de un bloque europeo con tendencias a la desintegración.

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