Preocupa el bajo número de egresados de universidades
Según un informe publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la Argentina es uno de los países con menor cantidad de graduados universitarios de la región, ya que solo el 19 por ciento de los argentinos de entre 25 y 34 años tiene un título otorgado por una casa de estudios superiores.
El relevamiento realizado por la OCDE tuvo como objetivo obtener un mapa de la situación educativa en los países miembros y asociados de esta organización internacional. Según los expertos del organismo, una de las características que se observaron en las naciones en las que se llevó a cabo el sondeo, es que la mayoría de los estudiantes no eligen las carreras que ofrecen las mejores oportunidades laborales, que son aquellas vinculadas a Sistemas y Tecnología de la Comunicación. En promedio, los egresados de esas carreras alcanzan el 88 por ciento de ocupación, más que en cualquier otra área, pero son muy poco elegidas por los jóvenes para cursar sus estudios universitarios.
Pero volviendo al bajo porcentaje de graduados universitarios que tiene la Argentina, el tema se vuelve más preocupante si se tiene en cuenta que buena parte de la oferta de educación superior es pública y gratuita en el país, es decir que pese al esfuerzo que hace el conjunto de la sociedad para facilitar el acceso a los estudios superiores a la mayoría de la población, no se advierte que mejoren los indicadores locales en cuanto a cantidad de egresados con ese nivel de formación. De hecho, si se compara la situación con otros países de América Latina, según el informe de la OCDE sólo Brasil tiene menos recibidos en universidades, con un 17 por ciento, mientras que países como Colombia, Costa Rica, México y Chile superan a la Argentina en este ranking.
¿Por qué ocurre esto? Las respuestas a este interrogante difieren según el cristal con que se mire el problema. Algunos expertos en educación atribuyen el bajo número de egresados universitarios a la deficiente formación en el nivel medio, es decir en la antesala de los estudios superiores: la escuela secundaria. Siguiendo este razonamiento, la debilidad que exhibe este eslabón de la cadena educativa explica también el fenómeno de la alta deserción que se observa en los primeros años de la mayoría de las carreras, porque es evidente que es alto el porcentaje de estudiantes que concluye el secundario con un bajo nivel de aprendizaje, lo que hace que se profundice la brecha entre la escuela media y la universidad. El informe del organismo internacional señala, por otra parte, que México, con un 21 por ciento; Colombia con un 27 por ciento; Costa Rica, con 28 por ciento y Chile con un 30 por ciento, tienen un porcentaje mayor de graduados en la franja que va de los 25 a los 34 años, comparados con nuestro país, lo que obliga a poner la lupa tanto en la escuela secundaria como en el nivel de estudios superiores, a fin de reducir los altos indicadores de deserción que todavía se registran en las universidades argentinas.
Otro de los datos que revela la investigación publicada por la OCDE indica que en la Argentina un 8,2 por ciento de las personas en edad de trabajar que no tienen un título universitario están desocupadas, mientras que eso ocurre con el 4,7 por ciento si completaron sus estudios universitarios.
Según este mismo estudio esa brecha es más amplia en países como Francia o Estados Unidos, donde la proporción de egresados de universidades es más alta y, entonces, las oportunidades laborales se concentran en ese sector de la población. En países como México y Colombia, donde hay menos proporción de estudiantes que finalizan la universidad, hay más ocupación entre quienes sólo alcanzaron el título secundario.
Frente a este complejo panorama es necesario replantear estrategias para, por un lado, garantizar el acceso de los estudiantes a la educación superior, pero sin descuidar aspectos fundamentales como es la promoción de carreras que tienen una mejor demanda en el mundo laboral y que, a la vez, contribuyan al dinamismo de las economías regionales. Por otra parte, se deben adoptar medidas que incentiven la graduación de los alumnos que cursan estudios universitarios para que, de esa manera, los nuevos profesionales ayuden a consolidar la tarea de función social que debe tener la universidad pública.










