Carga impositiva asfixia a la cadena de valor textil
Un estudio elaborado por una consultora privada que analiza la estructura de costos y formación de precios de la indumentaria en nuestro país reveló que más del 50 por ciento del precio final en una prenda de vestir se va en impuestos, razón por la cual los consumidores terminan pagando más de siete veces el costo de fabricación.
Se trata del trabajo realizado por la consultora Invecq en base a márgenes promedio relevados en empresas de las distintas etapas de fabricación y comercialización de una prenda. El estudio determinó cómo se forma el precio que termina pagando el consumidor final en el mercado local. ¿Por qué son tan altos los precios de la ropa en la Argentina? Esta es la pregunta que buscó responder el trabajo realizado por la consultora, que advierte sobre el difícil momento que atraviesa el mercado de la indumentaria, donde de cada dos pesos que se pagan por una remera, un poco más de uno corresponde a impuestos.
Los responsables del estudio observan que la elevada presión impositiva hizo que toda la cadena de valor de la indumentaria se encuentre hoy en crisis por caída de ventas y pérdida económica, producto principalmente de que la ropa en Argentina ha quedado como una de las más caras del mundo. El informe señala que si bien es cierto que la contracción económica general sufrida a lo largo del año pasado agravó el cuadro de situación en toda la industria, por la caída generalizada del consumo, plantea que eso es sólo una parte del problema. En ese sentido, recuerda que por una parte más de la mitad de la ropa que se vende en el país es de origen importado, tal como lo confirma un reciente informe de la Fundación Pro-Tejer, que señala que el 61 por ciento de las prendas viene del exterior, y de ese total, el 42 por ciento proviene de China donde los costos de producción son infinitamente más bajos que en el resto del mundo, fundamentalmente por la precarización de la mano de obra que impera en el gigante asiático. Por otra parte, el informe de la consultora observa que el difícil momento que atraviesa la actividad de la industria textil se refleja en distintos indicadores, como el que señala que se desplomó en el acumulado casi un 20 por ciento hasta julio 2017. El estudio remarca que muchos fabricantes de ropa están con rentabilidad negativa o prácticamente en cero desde hace ya dos temporadas (2016 y 2017), y advierte que los comerciantes venden muy poco y muchos de ellos no alcanzan a cubrir los costos fijos de los locales.
El problema es que, con este escenario, prácticamente todos los sectores resultan perjudicados: los fabricantes, porque pierden dinero; los comerciantes, porque venden mucho menos; los consumidores, porque pagan la ropa más cara, no compran o se van a países limítrofes para hacerlo; y el Estado, porque a raíz de la situación que se genera por esta excesiva carga impositiva deja, paradójicamente, de recaudar.
Debe coincidirse con las conclusiones a las que llega el informe de la consultora que realizó este análisis, cuando plantea que la situación del mercado de indumentaria en el país es sumamente delicada, y que tanto el Estado como los empresarios y los comerciantes deberán reformular las reglas de juego si se quiere salir de esta situación que no beneficia a nadie. Si no hay cambios estructurales, el mercado se seguirá comprimiendo y muchas empresas y comercios se verán más perjudicados por la combinación letal que significa la caída de las ventas con la fuerte presión impositiva.










