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Colombia se aferra a la paz

Los esfuerzos para poner fin al conflicto bélico más largo de América Latina comienzan a dar sus primeros frutos en Colombia. Después de medio siglo de enfrentamientos armados que dejaron un saldo de más de 200 mil muertos, y con un complejo proceso de paz todavía en marcha, el país se prepara para recibir al Papa Francisco en una visita de cuatro días que el líder de la Iglesia Católica realizará a esta nación sudamericana.

Está previsto que el Sumo Pontífice llegue el próximo miércoles a Bogotá para visitar luego las ciudades de Villavicencio, Medellín y Cartagena, donde miles de fieles esperan con gran expectativa la presencia del argentino Jorge Bergoglio, que hará un fuerte llamado a la reconciliación de los colombianos. Será la tercera visita de un Papa a Colombia después de las que realizaron Pablo VI en 1968 y Juan Pablo II en 1986.

En tanto, en las últimas horas trascendió que el Gobierno de Colombia mantiene conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que todavía no se sumó al proceso de paz, para acordar los términos de un cese al fuego bilateral y temporal, que podría incluso anunciarse antes de la llegada del Papa Francisco, cuya visita se produce en momentos en que el país avanza lentamente pero con paso firme con el acuerdo firmado el año pasado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con el que se puso fin a un conflicto de más de 50 años que ha dejado unos 220.000 muertos y otros cientos de miles de heridos.

Esta semana, el presidente Juan Manuel Santos, que el año pasado ganó el Premio Nobel de la Paz, convocó a los colombianos a unirse al esfuerzo que demanda la construcción de una sociedad sin violencias para avanzar en una etapa que también es difícil: la reconciliación de los distintos sectores enfrentados durante muchos años. La buena noticia es que los jefes del Ejército de Liberación Nacional, que movilizan a unos 2.000 combatientes, han expresado que están dispuestos a colaborar para que se logre el cese al fuego, aunque distintos observadores coinciden en señalar que será un proceso gradual y que se debe ser cauteloso a la hora de evaluar la marcha de las negociaciones. De todos modos, un aire nuevo se respira en Colombia, porque después de muchos años de enfrentamientos, y a pesar del traspié que significó el referéndum que no tuvo el resultado esperado para el gobierno del presidente Santos, en el fondo la mayoría de los colombianos está de acuerdo en dar una oportunidad al proceso de reconciliación que comienza a asomar en el horizonte de este país castigado durante muchos años por la violencia irracional.

Otra de las señales que confirman que algo está cambiando es la decisión de las FARC de crear su partido político a fin de participar en los comicios que se celebrarán el año próximo en Colombia. De esta manera, el que hasta hace poco fue el grupo guerrillero más antiguo de América Latina, disputará el poder en la arena política en el marco de las reglas de juego de la democracia. De todos modos, sería una ingenuidad pensar que el camino que queda por delante estará libre de obstáculos. Más de medio siglo de conflictos armados hizo que muchos colombianos no conozcan los beneficios que puede aportar una sociedad sin violencias y, sobre todo, que no tengan plena conciencia todavía de que les espera un camino arduo por delante, que necesitará de líderes con mucha paciencia para afrontar los nuevos desafíos por venir. Fueron muchos años en los que los colombianos estuvieron pendientes de los enfrentamientos armados y ahora, por primera vez, aferrados a la paz, tendrán que enfocar todos sus esfuerzos en la construcción de una sociedad más justa que les permita erradicar las desigualdades extremas y forjar un futuro mejor para todos.

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