Los últimos Marussia
Cuando una empresa automovilística desaparece – ya sea por venta o quiebra – suele haber muchas víctimas. Por un lado, sus cientos o miles de empleos directos, sin contar una industria auxiliar que puede que no sobreviva. Además, edificios, maquinaria, prototipos y vehículos terminados o semiterminados que sólo le duelen a los amantes de los autos.
Esta es la historia del primer fabricante ruso de automóviles de alta gama y deportivos que intentó seguir el camino de otras marcas exitosas pero cayó victima de su propia ambición.
El nombre se recuerda por su participación en la Fórmula Uno como un equipo que pasó sin pena ni gloria pero su historia es rica pese a su corta vida iniciada en 2007 por Nikolái Fomenko, un conocido actor y piloto ruso. Pero Marussia dejó de producir coches hace un año, cuando varios de sus miembros abandonaron la empresa para dirigir un instituto técnico estatal y la empresa desapareció, al igual que el equipo de Fórmula 1.
El 8 de julio del año pasado el tribunal municipal de Moscú anuló el procesamiento del artista y co-propietario de la empresa por la deuda que mantiene con el Banco “Petrokommerts” (en la actualidad, el Banco “OTKRITIE FC”). El banco le reclamaba el reintegro de un prestamo de 64,5 millones de dólares pero la falta de la firma del empresario-actor en las cláusulas de rescisión y condiciones de cancelación de la deuda enredó a tal punto la causa que esta termió por diluirse.
Cuando Marussia cesó su producción, Nikolay Fomenko – CEO de Marussia Motors – abandonó sus instalaciones productivas en Moscú, al igual que su showroom. La salida en estampida de los directivos de la empresa se refleja en las imágenes de tres modelos B1 abandonados en su concesionario estrella, antes incluso de haber sido entregados a sus clientes finales.


Ahora yacen abandonados en una especie de jaulas, a la merced de los elementos y de los vándalos. Y Moscú no es Tokyo, donde los superdeportivos abandonados son objetos intocables durante años.
En poco tiempo, no quedará mucho de estas máquinas de altas prestaciones cuyo valor de colección irá aumentando con el tiempo y es una pena, ya que aún tienen en su carrocería los plásticos de fábrica. Aunque sus discos de freno estén oxidados, poco haría falta para devolverlos a la vida. Uno de ellos ya no tiene ventanilla del conductor ni retrovisor, y el clima ruso no será clemente con su habitáculo.
Los coches quedaron en un limbo legal tras la desaparición de la empresa condenados a no llegar a manos de sus dueños.
El primer modelo
El Marussia B1 fue lanzado en 2009, y en la parte central de su esbelto chasis se encontraba un motor 2.8 V6 de origen Cosworth, turboalimentado capaz de desarrollar una potencia de 360 CV o 420 CV. Esta máquina de monocasco de aluminio también estuvo disponible con un 3.5 V6 atmosférico de Cosworth, con 300 CV de potencia.La compañía produjo un Marussia B2 mucho más agresivo, pero basado en la misma estructura que el B1, con el que también compartía motores.



Podría decirse que era un lavado de cara del B1, en clave deportiva. Hubo una segunda versión del Marussia B2 que tenía la misma unidad de potencia que en la primera versión, pero era significativamente diferente en el casco. Cabe destacar que los dos coches B2 presentados en el Salón de Frankfurt tenían diferentes cuerpos: uno en fibra de carbono y el otro en aluminio. El SUV de los ricos El proyecto Marussia F2 – un SUV deportivo de estética interesante – quedó en el aire tras comenzar los problemas de gestión en la empresa de Fomenko.
Su chasis yace junto a restos de maquinaria, y materiales de construcción abandonados. Estos problemas terminarían por llevarse por delante a su equipo de Fórmula 1 también. El F2 fue presentado al público en 2010. Estaba equipado con un motor de 3.6 litros. 340 caballos de fuerza, transmisión automática de 4 velocidades, suspensión de resorte y una distancia al suelo de 25 cm. No era un crossover ni un SUV de ciudad, sino un serio off-roader que estaba planeado salir al mercado en 2012.










