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Mariano Gastaldi: “Vine una vez y no me pude bajar más”

El cordobés encontró en el rugby en silla de ruedas mucho más que la práctica de un deporte: un grupo de pertenencia y el deseo de superarse cada día.

Por Gabriela Martín

El 6 de febrero de 2001 marcó un antes y un después en la vida de Mariano Gastaldi, un adolescente que a los 16 años repartía su tiempo entre la práctica de roller en rampa y snowboard. Pitu tenía como rutina de entrenamiento saltar del techo de la pérgola de su casa hacia la pileta, pero ese día algo falló. Un desmayo lo sorprendió en el aire y le quitó la posibilidad de poner las manos. El golpe le provocó una grave lesión cervical, dolencia que le impide mover las piernas y las puntas de las manos. 

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Hoy está en pareja y vivió solo cuatro años en los que aprendió a cocinar y a levantarse de la silla después de una caída.

“Nunca en mi vida me había desmayado ni quebrado; ese día me desmayé en el aire, vaya a saber uno por qué, y me quebré las cervicales. Tuve una lesión cervical C5 C6, que te deja poco competitivo para el básquet o algún otro deporte adaptado. Tardé mucho en encontrar una disciplina que me gustara, pero un día un gran amigo me convenció. Diego Raposo, un chico que se lesionó jugando al rugby, conoció el rugby en silla de ruedas (rugby quad) en Buenos Aires y en 2012 lo trajo a Córdoba. Vine una vez y no me pude bajar más”, dice Mariano.

Desde aquel día de 2001 hasta que Pitu se reencontró con el deporte pasaron 12 años. En ese tiempo se dedicó a terminar el secundario y a estudiar una carrera universitaria. Se recibió como ingeniero en telecomunicaciones y consiguió trabajo en el Poder Judicial. Pero algo le faltaba a su vida. “No practicaba ningún deporte porque en esa época un cuadripléjico sólo podía dedicarse al ping pong, una disciplina que no me llenaba y que nunca probé profesionalmente. Cuando apareció este deporte encontré esa adrenalina que necesitaba, el rugby en silla de ruedas es único”, indica con una sonrisa que parece no abandonarlo nunca.

Y continúa su relato: “El roce lo producen las sillas, no hay contacto físico entre jugadores. El tackle (acción del rugby convencional) se produce silla contra silla, físicamente no pasa nada. Nadie ha quedado peor jugando a esto”.

Mariano volvió a la actividad física y poco a poco consiguió entrar en ritmo. Al comienzo no fue fácil; tantos años de sedentarismo estaba cobrando su cuota, pero el acompañamiento y empuje que encontró en el grupo que entrena en el Polideportivo General Paz lo alentaron a seguir. “Uno entra a este deporte y encuentra gente con la misma discapacidad o incluso peor, pero que es más independiente que uno. Esto no es solamente un deporte, es también una escuela y termina siendo una gran familia”, explica el jugador de Los Dogos, el seleccionado cordobés de rugby quad. 

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Lucas Camussi (izq) y Mariano Gastaldi (der) los dos cordobeses en plena acción de quad rugby. Foto: LC/FB

Superar las barreras

No ponerse límites parece ser la receta para superar los obstáculos que aparecen en la vida de cualquier persona y Mariano es un ejemplo de ello. “Yo estuve mucho tiempo sin juntarme con otras personas que tenían la misma discapacidad, pero cuando uno encuentra un grupo así de gente que realiza un deporte, tiene la misma discapacidad o peor y se mueve como se mueve, entonces decís: ‘mirá lo que me perdí’. Todo pasa por nuestra cabeza, te encerrás y creés que no vas a poder hacer ningún deporte”, relata.

Y sigue: “Hay que superar esa barrera mental, cuando una persona con discapacidad no hace deporte se está perdiendo de mucho. Tenés un grupo de pertenencia y encontrás gente como vos que quiere superarse día a día. Eso te da realmente felicidad y una entereza personal que no se compara con nada”.

De selección

Mariano integra la selección nacional de rugby quad. Un mes después del debut con Los Dogos (en junio de 2013) le llegó la citación para formar parte del equipo argentino en el Campeonato de las Américas. “Vestir la celesta y blanca es único. No tenía la capacidad física, pero los entrenadores vieron mi potencial en la parte mental, de espíritu y de tratar de acomodar el equipo sin saber tanto del rugby. Ahora, cuatro años después se repite (esta vez en Paraguay) y llego al mismo equipo con el que debuté pero con más experiencia y mejor estado físico. Con la oportunidad de demostrar lo aprendido”, cuenta Pitu, quien considera a la familia como un peldaño muy importante en su carrera como deportista de alto rendimiento.

También lo son sus amigos y los compañeros de trabajo; Mariano sabe que no está solo en esta cruzada: “Ellos comparten mis éxitos y les duelen mis fracasos. Siempre están. El deporte me ha terminado de completar como persona, me dio un grupo de pertenencia e independencia. Soy totalmente feliz”, concluye. 

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Pitu invitó a su comprovinciano Lucas Camussi a jugar y en 2014 integraron el seleccionado argentino.

Congreso paralímpico

El viernes finalizó en Córdoba el primer Congreso Internacional de Deporte Paralímpico y Adaptado, con reconocidas personalidades de Brasil, Cuba, España, Chile y Argentina.

Una charla sobre el impacto social de un juego paralímpico abrió las actividades de un encuentro diseñado con el espíritu de federalizar el acceso al intercambio de experiencias profesionales del más alto nivel mundial.

Fuente: suplemento cordobés Día a Día, Vía País.com

Entrevista disponible en: https://youtu.be/H84ytxYkWck