Una importación de alto riesgo
La decisión del gobierno nacional de levantar todas las restricciones y autorizar el ingreso de carne de cerdo al país desde Estados Unidos puede, finalmente, convertirse en un caballo de Troya para los productores porcinos argentinos y poner en riesgo a un sector que genera 35.000 puestos genuinos de trabajo. Además del impacto económico, existen razones sanitarias de peso para oponerse a la importación. No es casual que tres de las cuatro entidades agropecuarias que integran la mesa de enlace expresaran su firme rechazo a la polémica medida.
Tras la reciente visita al país del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, desde Washington se confirmó el acuerdo comercial que, tras 25 años de restricciones que impuso la Argentina a ese tipo de productos por problemas sanitarios, ahora abrirá las puertas a los productos porcinos norteamericanos para que inunden las góndolas del país. En un intento por mostrar como una operación comercial ventajosa para la Argentina, la administración Macri señaló que, a cambio, EEUU permitirá el ingreso de limones argentinos al mercado norteamericano. Lo que no se dijo es que la venta de limones al mercado norteamericano tiene una baja incidencia en la balanza comercial, y que sobre la carne de cerdo estadounidense pesaba una restricción que viene desde los años 90 porque se había detectado una enfermedad denominada síndrome disgenésico y respiratorio en varias unidades de producción porcina del país del norte.
De hecho, tras conocerse la decisión del levantamiento de las restricciones, la Asociación Argentina de Productores Porcinos advirtió que la medida no sólo representa un problema porque suma una competencia a la producción nacional, sino que además los productores norteamericanos vienen lidiando con una enfermedad que no está presente en el territorio argentino, pero que podría propagarse si fallan los controles sanitarios. ‘Intercambiar los limones por los cerdos es nocivo para todos los argentinos‘, advirtió el presidente de la entidad, Juan Uccelli. Pero los productores porcinos no son los únicos que se oponen a esta operación comercial. También Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Coninagro y Federación Agraria alertaron sobre el riesgo que representa la apertura ya que existen razones económicas y sanitarias para mantener las restricciones que se mantuvieron hasta ahora. De las cuatro entidades que conforman la mesa de enlace del campo, solo la Sociedad Rural Argentina se mostró de acuerdo con la apertura de estas importaciones. Todas las voces que rechazan la importación de carne porcina y advierten sobre la necesidad de no avanzar con el polémico acuerdo, coinciden en la moneda de cambio que ofrece EEUU, es decir la autorización del ingreso de limones al país del norte, no justifica el enorme riesgo sanitario al que se coloca a la producción porcina nacional. Por otra parte, observan que mientras los productores locales de cerdos sobrellevan una pesada carga impositiva, en Estados Unidos, al igual que en Europa, la producción porcina está subsidiada, de manera que la receta de “comercio abierto” que promueven los países centrales no se aplica en todos los sectores de sus economías.
La Federación Agraria remarcó, a través de un comunicado, que el ingreso de carne de cerdo de los Estados Unidos, tanto como de otros países, coloca a los productores argentinos a competir en condiciones desfavorables. En ese sentido, advirtió que mientras por un lado la administración Macri plantea la necesidad de promover la producción nacional y el agregado de valor, la decisión de abrir las importaciones de carne de cerdo es un ataque a la producción porcina nacional y desconoce el rol que ésta cumple en las economías regionales, donde genera empleo directo e indirecto a través de distintas actividades complementarias. Coninagro, otra de las entidades que integró la mesa de enlace, calificó de “negativa” la medida del gobierno naiconal y aseguró que se adoptó sin ningún tipo de previsión. El titular de Confederaciones Rurales Argentinas, Dardo Chiesa, en tanto, recordó que en nuestro país “prácticamente no consume carne de cerdo fresca, sino procesada en jamón o embutidos; y ellos nos van a vender pechito y bondiola, que son los cortes de más valor y los que te deprimen los precios”. Es de esperar que las autoridades nacionales den marcha atrás con esta polémica medida, aunque es muy poco probable que eso ocurra. El ingreso de carne de cerdo representará sin dudas un duro golpe para los productores porcinos locales y también para las sufridas economías regionales.










