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Misiones familiares de Schoenstatt, un camino de amor

Durante tres años en Las Garcitas se llevaron a cabo las primeras misiones familiares del Movimiento Apostólico de Schoenstatt Chaco.

El movimiento se caracteriza por tres aspectos: la devoción mariana, el apostolado de la misión y el espíritu de familia. Estas tres características comulgan en una semana cuando un grupo de niños, jóvenes y adultos transforman un pueblo en su lugar, un colegio en su hogar y un grupo de personas en su familia.

En los tres años que se realizaron las misiones familiares pasaron más de 300 personas; se realizan la primera semana de vacaciones y no sólo convocan a miembros de Chaco sino a los de otras provincias y países.

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Aliados a María para caminar por las calles y compartir la experiencia de amor hubo participantes de Paraná (Entre Ríos), Corrientes (capital), Ituzaingó (Corrientes), La Plata (Buenos Aires), Paraguay, Brasil, Colombia, y hasta de la India.

En este último año el objetivo fue de “Siendo santuarios vivos, regalar en el encuentro un espíritu de familia”, la protección de su patrono San José y ejemplificación de la Sagrada Familia fueron 85 los que dieron su ‘sí’ para compartir y contagiar el amor de Dios y María. Esto une a los estatutos que posee Schoenstatt, por eso participan matrimonios, ya que son jornadas donde las edades dejan de ser una barrera y uno ve cómo el amor unifica a todos con alma de niños.

Los matrimonios, que en esta ocasión fueron seis, conforman lo que se llaman ‘familia de vida’ y los jóvenes son ‘adoptados’ para compartir las misiones. Según los papás esta familia “es un regalo de Dios, que invita a ensanchar el corazón adoptando hijos que se aferran a él y a los cuales uno no quiere soltar y aprende a querer como a uno más, del corazón, de Dios”.

Los jóvenes definen a los matrimonios de vida como “una segunda familia que el padre regala para crecer en el amor”, y que es como si Dios y María los acobijaran en su corazón, donde aprenden a amar sin fronteras y son ejemplo para el futuro.

Misionar es salir a la búsqueda, pero sin saber qué buscar, es uno quien propone la tarea, el que decide salir a recorrer las calles de un lugar desconocido en muchos casos y visitar las casas; pero claramente es Dios quien dispone que eso mismo se cumpla.

Es impresionante la emoción que se siente cuando entras a una casa a compartir y de a poco vas comprendiendo que la misión que Dios te dio para esa semana se va cumpliendo.

Las personas abren sus casas, sus corazones, comparten sus mayores intimidades, muchas veces ese misionero que llegó es la única visita en mucho tiempo, ese misionero se transforma en el único oído que escucha las historias, ese misionero se transforma en una visita inesperadamente esperada.

Y es ahí en el compartir desinteresado, en la charla de Dios, con mate de por medio, donde el misionero se da cuenta de su instrumentación, es cuando entiende su lugar en la cadena, cuando comprende su pequeñez y como María actuó en él, como lo guio justo hacia ese hogar, hacia esa familia y hacia ese vivir.

La imagen de la Virgen peregrina de Schoenstatt no tiene pies pues cada uno de sus hijos se encarga de llevarla donde la necesiten, las misiones familiares cerraron un siclo de tres años en las Garcitas, ahora están en búsqueda de un nuevo lugar donde compartir, llevar y contagiar la alegría de la palabra de Dios aliados a María.

Es un redescubrir de plan de Dios y los deseos de María para el caminar de estas misiones, es un nuevo comienzo para salir como familia misionera al encuentro.

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