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Un diario que escribió una página memorable en el periodismo argentino

El matutino español El País, sostiene que el diario editado en Argentina fue “el único que denunció los desaparecidos en plena dictadura”.

Luego de suceder a Bob Cox en 1979, escribí: “Es un pequeño diario escrito en un idioma que en la Argentina sólo una minoría entiende. Las causas que defiende son moderadas y sus ideales son comunes. Le gustaría que se pusiera fin a la tortura, al encarcelamiento por largos períodos sin juicio, a las ‘desapariciones’, y al gangsterismo político. Prefiere la legalidad a la anarquía, la realidad a la ilusión, el argumento razonado a las diatribas emocionales. Propicia políticas económicas similares a aquellas que han llevado la prosperidad a los países desarrollados, en vez de las que han ayudado a mantener la pobreza en las restantes naciones. En la mayor parte del mundo occidental, un diario de principios tan poco excepcionales despertaría escasa atención y suscitaría pocas pasiones. Aquí, en cambio, ha provocado en algunas personas tanta furia que evidentemente contemplan la posibilidad de recurrir al asesinato para silenciarlo. ¿Quiénes son estas personas? ¿Por qué nos temen tanto?”.

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Algunos atribuían nuestra voluntad de desafiar a una tiranía brutal a la eventual protección de las Embajadas de Estados Unidos y Gran Bretaña, pero el asesinato de monjas francesas nos enseñó que contar con el respaldo de un país extranjero poderoso y hasta de la mismísima Iglesia Católica garantizaba muy poco. En retrospectiva, creo que sobrevivimos porque el régimen se acostumbró a nuestra presencia amonestadora.

Al Herald que conocí entre 1966 y 1986 le tocó escribir una página memorable en la historia de la prensa nacional. El dueño más reciente, el magnate kirchnerista Cristóbal López optó por cerrarlo “definitivamente”, poniendo fin así a 140 años de historia. Es una ironía cruel que haya muerto en una etapa en que mucho de lo que aspiraba a representar es nada más que sentido común para sectores que tal vez no sean mayoritarios pero que así y todo son sustanciales.

“Fue siempre liberal, en el mejor sentido de la palabra”

Por Robert Cox- Este diario escrito en inglés y apasionadamente argentino fue, siempre, un diario honesto. Un equipo de extraordinarios periodistas acató el espíritu democrático y humanista del diario para hacer periodismo basado en la defensa de derechos humanos. Por tradición, el Herald era liberal, en el mejor sentido de la palabra.

La estrecha vinculación del diario con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo fue forjada por el joven periodista y músico Uki Goñi, cuyo coraje brilló durante los años oscuros y siguió hasta hoy con su libro sobre la infiltración de nazis criminales de guerra y su estupendo testimonio en el juicio contra los torturadores y asesinos de ESMA.

Gracias a ellos y el apoyo de los dueños del diario, esencialmente la familia Manigault de Charleston, Carolina del Sud, fue posible desafiar la dictadura. Durante los momento más difíciles, solamente nos decían: “Hagan su trabajo”.

No fue fácil, porque durante la dictadura “derechos humanos” fueron dos palabras peligrosas. Y la información que estuvimos dando no era bien visto por algunos lectores.

Al principio, en un país anestesiado y silenciado, el problema fue averiguar qué estaba pasando. A pesar que todo el aparato de la represión y terror fue visible, con escuadrones de muerte andando en las calles de Buenos Aires, una mayoría aparente de la gente decidió no verlo. Fue posible en este mundo loco descartar las desapariciones de personas con palabras vacías, como el famoso “por algo será”.

Antes del golpe se informaba con honestidad y amplitud sobre secuestros, asesinatos y actos de violencia de grupos ‘terroristas’. Durante los primeros años de década de 70, los diarios y otros medios estaban minimizando la violencia.

Viviendo ahora en los Estados Unidos en la era de Trump, ha sido un alivio que los grandes diarios y la mayoría de los periodistas no están aceptando las normas que ponen en peligro la democracia norteamericana. Sabemos por nuestra experiencia trágica lo que puede pasar cuando el periodismo es pasivo.

Necesitamos dedicarnos más ese Nunca Más en el periodismo en la Argentina. Creo que podemos conseguirlo con un compromiso a la idea que ejerciendo el periodismo es sinónimo con los derechos humanos.

Fin de una historia mínima

Por Andrew Graham-Yooll Atrajo un aluvión de condolencias. El fin del Buenos Aires Herald fue previsible desde que sus dueños norteamericanos se lo regalaron al patriota Sergio Szpolski en diciembre de 2007. La muerte del diario estaba anunciada luego de cumplir 140 años.

El Herald fue una variedad de cosas para poca gente, pero ese grupo lector, más argentinos de habla inglesa que extranjeros, siempre influyó.

A poco de su fundación en 1876 por un escocés, el editor decidió que un periódico en inglés debía publicar artículos políticos. Localmente estaba mal visto.

Los “setenta” empezaron en en el Cordobazo y el Rosariazo, en los asesinatos de los gremialistas José Alonso y Augusto Timoteo Vandor, en tratar de saber quién asesinó al general Pedro Eugenio Aramburu.

En 1974 decidimos llevar una lista de los “desaparecidos” y muertos políticos y también detenidos. Algo andaba seriamente mal en el país para que la agencia Reuter-Latín rechazara como “no importante” el dato de la detención del poeta y abogado jujeño Andrés Fidalgo. En 1975, año del horror previo al terror, cada día comparábamos “la lista” con Stuart Russell, jefe de redacción de la agencia Reuter. Era una tarea funeraria. Algunos dirán que había otras listas, pero cotejando lo que compilamos no hay otra fuera del Herald.

La verdad: nunca hicimos suficiente. Nos faltó peso y nos faltó la ayuda, faltó el apoyo de colegas. Aún así, se hizo un buen diario. Estamos orgullosos.

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