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Teatro chaqueño

Emilio Asis y el violento oficio de hacer reír

El actor Emilio Asis es mucho más que el cuerpo por dónde pasan El Negro Lacio, Manfredo o Acéfalo Benítez; algunos de los personajes de Sala 88 que más risas roban al público. De profesión actor hace 25 años, también se desempeña como profesor de teatro en el Colegio María Auxiliadora y está a cargo del taller Comunicatores; además de ser el nuevo secretario de Sadop, sindicato de docentes privados. Esta es la historia de resiliencia de una persona que sufrió leucemia en su adolescencia y sobrevivió para contarlo; que llegó al teatro por casualidad y tuvo la fortuna de formarse con Ana María Campoy. La risa y la improvisación son las herramientas con Asis interpela desde las tablas.

Texto: Mónica Kreibohm

Fotos: Miguel Ángel Romero – Gentileza Emilio Asis

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Emilio mostrando una foto de El Negro Lacio, que cuenta sus historias municipales los viernes.

El sino trágico de la historia de vida de Emilio parece ser la contracara de la risa que provoca en el escenario: hijo de un matrimonio de chaqueños, a los 12 años le diagnosticaron leucemia y se mudó con toda su familia a Buenos Aires. Allí vinieron los años duros: su vida alternaba entre una habitación aséptica y separada de la casa y los consultorios del Instituto Alexander Fleming. “Estuve de tratamiento toda mi adolescencia, mis amigos eran la enfermera, tal o cual doctor y me pasaba viendo El Chavo y Olmedo”, cuenta Asis. Casi cinco años costó que Emilio supere el cáncer infantil, gracias al trasplante de su hermano, y con ello se fueron todos los ahorros de su familia. “Pasamos de tener todo a vivir de Cáritas, mis padres dieron todo para que me cure y a ellos les debo mi vida”, recuerda.

 

¿Cómo llegaste al teatro?

De casualidad. Cuando me curé, comencé a trabajar de lo que sea: fui vendedor de una juguetería, después de Falabella y finalmente conseguí un puesto en MacDonals, primero como animador y llegué a gerente. En cada cierre del día de la sucursal que gerenciaba había siempre un matrimonio que tomaba un café y veía las payasadas que hacíamos con los empleados. Conversando con el señor, que era Aníbal Ferrer, un día me recomendó que haga teatro y me dio su tarjeta con una dirección. Por mucho tiempo no fui, hasta que un día estresado dije que iba a probar. Llegué al lugar y era una audición para un taller de teatro con Ana María Campoy: había un montón de personas y el taller salía 5000 pesos al mes. Cuando me enteré de eso, me di la vuelta decido a irme y alguien de la producción se acercó a hablarme. Le dije que me retiraba porque no podía pagarla. Esta persona me dijo que yo estaba becado porque tenía la tarjeta del señor, que me había permitido sortear la cola de ingreso, porque ese matrimonio era amigo de la Campoy. Seis años estuve becado y me formé con esta tremenda actriz, además de la posibilidad de pasar por talleres a cargo de Víctor Laplace, Reina Rich o Georgina Barbarosa.

 ¿Cómo llegaste al Chaco?

Después de un largo derrotero con mi familia, que incluyó una situación de desamparo bastante terrible después que mis padres gastaron todo su dinero en mi curación y educación, logramos volver a Resistencia donde teníamos una casa, lo único que nos quedó. Ahí resurgimos de las cenizas y hoy estamos bien y unidos. Acá comencé teatro en un grupo de Aníbal Fiedrich que estaba en Sala 88 y nunca más me fui de ahí. Después vino la maravillosa oportunidad de enseñar teatro en el Colegio María Auxiliadora, donde estoy hace nueve años y trabajo en colaboración con las maestras y profesoras de inglés.

¿Cómo escribís tus monólogos para Sala 88?

No los escribo. Lo que hago es construir la vida de cada uno de mis personajes, con todos los detalles: trabajo, hijos, hijas, parientes, cómo es su vida. Trabajo la construcción de personajes. A partir de eso, veo lo que sucede y ahí va saliendo qué decir espontáneamente y también de lo que imagino. Por eso yo no hago stand up, sino más una técnica donde construyo un personaje a partir de la observación y esa observación también me sirve para ir haciendo el monólogo.

Y qué pasa cada viernes cuando tenes que subir al escenario, ¿cambia o no el monólogo de tus personajes?

Si bien la temática del monólogo es la misma durante todo el mes, va cambiando de acuerdo a lo que pasó en la realidad esa semana. Porque la fuente de inspiración de lo que le sucede a los personajes es la realidad política, social y económica. Mi trabajo es sobre la realidad: uso mucho la observación de lo que pasa a mi alrededor. Por ejemplo en esta semana de elecciones, lo que haré algo que tiene que ver con el paso por los búnkers de cada partido y los resultados. Me pasó que compañeras docentes del María Auxiliadora no quieren contar nada delante de mí porque no quieren que eso sea letra para mis personajes.

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Don Manfredo, haciendo de las suyas con sus opiniones de nuestra realidad política.

Si quieren risa garantizada, todos los viernes Emilio hace subir al escenario de los Ochentayocho a sus personajes: el sojero Acéfalo Benítez, candidato del partido Conservador Intransigente Tozudo (Coito); el municipal El Negro Lacio, que usa uniforme mitad peronista, mitad radical o Manfredo Cantos, un anciano de 95 años capaz de opinar de todo.

Lo único que le falta a este actor es encarnar algún papel dramático, porque la comedia es su elemento. Al cuarto de siglo en las tablas, Emilio dice que le agradece al teatro “el no ser estructurado, el aprender a acomodarse a cada situación”. 

 

 

 

 

 

Recorrido teatral

 Emilio fue galardonado este año con el Premio Dorado 2017, que otorga la Asociación de Trabajadores de Medios de Comunicación Social, la Fundación Sapucai y Radio Sapucai. También ganó el premio a Mejor actor de Bambalinas en el 2009 por su personaje en la obra La fiaca. Su viaje teatral tiene 42 obras en su recorrido y 11 años de monólogos en el Stand Up de Sala 88. “Hasta ahora nadie me convocó para hacer un personaje dramático”, dice Emilio y esa parece ser la deuda pendiente en estos 25 años de teatro.

Algunas de las piezas de esa cuarentena que protagonizó Asis son: Somos re locos de 1992; Todo porque sí en 1996; A cajón cerrado, la primera obra en la que actuó en Resistencia a su retorno; Reunión de amigo de 2003; Resistiendo en Resistencia en 2007; Los cuentos de la abuela Maravichu de 2009, junto a la actriz Chela Monzón.

De 2006 al 2017 es monologuista en el teatro bar de la cooperativa Sala 88; en el espacio de arte Liberarte Capital Federal y del teatro bar El Pindal de Concordia, Entre Ríos.