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El Tesoro escondido

El reino de los cielos es una realidad que está dentro de nosotros. Es una semilla de amor y bondad que está sembrada en nuestro corazón. En algunos crece y se hace árbol gigante de frutos abundantes, en otros queda como una planta raquítica, que, al no desarrollarse en la máxima posibilidad de su potencial, queda reducida a una planta triste y estéril.

La clave pasa por descubrir el tesoro que vive en nosotros y que tiene que ver con el don que Dios ha dado a cada persona al darle un alma. En efecto en el alma humana yace ese tesoro como posibilidad de esplendor, aunque el hombre por ser libre puede desperdiciar ese tesoro y hacer que en vez de gloria termine en un fracaso.

Cuando en términos espirituales hablamos de esplendor y gloria hablamos sobre todo de amor, el esplendor, la gloria y el éxito de un ser se mide no en términos materiales sino en términos de amor recibido y de amor ofrecido. Aquí encontramos la explicación de la profunda contradicción y la mentira en la que vive el mundo. El mundo piensa que ser exitoso y feliz pasa por acumular y poseer bienes materiales, personas, afectos, etcétera. Este principio es como la ley fundamental del mundo material y quien entra en este juego es gobernado por ella.

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Así el alma es afectada por una ambición enfermiza que se transforma en máxima inspiración. Esta compulsión por acumular riquezas no conoce parientes ni amigos, no tiene códigos éticos ni morales, se convierte en una enfermedad voraz que transforma el alma de la persona en mezquina. Así el alma en completo exilio de su más genuina esencia que es espiritual hará de la persona un ser perverso a quien lo único que le interesara será acumular. Montado en la arrogancia que le dará ese poder material maltratará a muchas personas, hará actos abominables con los débiles, explotará de manera inhumana a sus empleados a quienes, aunque no lo diga, los considerará esclavos. Enferma el alma por acumular se convertirá en un ser muy injusto, indolente y en un explotador que humillará la dignidad de las personas especialmente a sus subalternos generando con esto la compasión de Dios que actuará su justicia contra el injusto. El alma espiritual de quien entregó su espíritu a la plata es visiblemente tomada por todas aquellas cosas con las que le distrae el mundo material, así el rico será vanidoso y gastará montañas de fortuna en su cuerpo y en su obsesión por guardar las apariencias y paso a paso se irá encaminando hacia el abismo del que nunca saldrá. Porque cada centavo robado al pobre o al empleado clama al cielo pidiendo a Dios intervención, y Dios ciertamente intervendrá en favor del pobre como le expresa cada página de la Biblia.

El tesoro escondido es Dios entonces al que hay que elegir si no queremos fracasar en esta vida y en la otra.

La vida, según la palabra de Dios, no está medida en términos de tener sino de ser. Porque al fin y al cabo, ¿qué importa tener si el sentido de la existencia se pierde en el aburrimiento absurdo de comprar, aparentar y consumir? ¿Qué tristeza la vida si ella sólo consistiera en narrar viajes de turismo, conquistas de cuerpos y de afectos; o más triste aún, vivir sólo para la ostentación exagerada de los bienes materiales que se acumulan.

La felicidad no es eso ni tampoco la clave de una existencia exitosa. Existir supone en primer lugar amar y el foco de nuestra atención debe estar concentrado allí. ¿Cuánto amo y cuánto me aman? La pregunta determinante que define una existencia exitosa no es cuanto se tiene en términos materiales, sino cuanto se ama. Porque la vida en el ocaso de la existencia nos pasará facturas no en relación a la historia económica o material que logramos, sino en relación a los vínculos verdaderos que construimos con los hombres y mujeres del tiempo en que nos tocó vivir. No nos recordarán ni por la casa donde vivimos, ni por el auto que manejamos, ni por la cuenta bancaria que tuvimos, seremos recordados por el amor que hemos prodigado cada segundo de nuestra existencia; por el perdón ofrecido y por la luz de una mirada cargada de amor y compasión. Aquí está la clave de una existencia exitosa vivida con sabiduría.

La perla o el tesoro entonces están en descubrir lo que es esencial en la vida. Esencial es amar y ser amado, nada más ni nada menos. Quien ama y se deja amar ha llegado a la plenitud de la verdad y no hay algo que valga más que un abrazo o una mirada de gratitud nacida de un amor verdadero. Vender todo y quedarnos con el tesoro escondido en el campo significará entonces dar el primer lugar a Dios en nuestras vidas. Él es el tesoro, ya que es el que nos da la mirada justa y necesaria para saber discernir el bien del mal y el que nos permitir vivir una vida autentica donde Dios y el prójimo ocuparan el primer lugar.

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