Luces y sombras en la industria del libro
La Cámara Argentina de Publicaciones acaba de presentar su informe anual con las estadísticas de la industria editorial argentina en el que se confirma la crisis que atraviesa el sector en general, y que contrasta con el singular momento del segmento de la literatura infantil y juvenil que registra un crecimiento sostenido en los últimos cinco años.
Así se desprende de los datos volcados en el llamado Libro Blanco de la Industria Editorial Argentina que alertan sobre la caída en las ventas y los altos costos de producción registrados en el último año por el sector. Sin embargo, la excepción que confirma la regla en este caso es el segmento de literatura destinada a lectores de hasta 18 años, que es el único que viene desde hace cinco años con un crecimiento de casi el 15 por ciento, una cifra que entusiasma a los más optimistas que consideran que la literatura infantil y juvenil, que mueve más de 1100 millones de pesos por año, podría ser el salvavidas que saque de apuros al mercado editorial argentino. Es que, dejando de lado el buen desempeño que muestran los libros infantiles y juveniles, el año pasado la industria editorial sufrió una caída en las ventas del 25 por ciento con respecto a 2015. Este derrumbe se explica, fundamentalmente, por la fuerte caída de ventas al sector público ya que, a diferencia de lo que venía ocurriendo en la última década, el año pasado los ajustes dispuestos por el gobierno nacional hicieron que no se realizaran compras de literatura infantil para bibliotecas escolares durante todo el año 2016. Pero, además, los altos costos de impresión en el mercado local son una enorme desventaja frente a las tentadoras ofertas para imprimir en países asiáticos como Corea o China, los destinos preferidos por las empresas más grandes para hacer allí sus trabajos de impresión y para encuadernar libros.
Frente a este escenario, los libreros con más experiencia depositan sus esperanzas en la prometedora literatura infantil y juvenil que, al menos hasta ahora, parece gozar de buena salud ya que los dos títulos más vendidos de todo el mercado argentino el año pasado fueron de este segmento. En sus conclusiones, el informe de la Cámara Argentina de Publicaciones observa que el sector editorial argentino atraviesa una coyuntura de menores ventas y mayores costos de producción, que han desplazado producciones nacionales hacia el exterior, pero al mismo tiempo se propone analizar los problemas estructurales de los altos costos, que están relacionados con la carga impositiva histórica, más que con la inflación del último año, que dificultan las exportaciones, pero que de corregirse ampliarían el mercado de tal forma que la industria local podría tener el horizonte de crecimiento necesario, tanto para poder competir en los mercados mundiales como para poder aprovechar las nuevas tecnologías que ya están al servicio de los editores globales. Respecto de este último aspecto, la entidad advierte que el sector editorial argentino todavía mantiene una estructura tradicional que no aprovecha las nuevas tecnologías al servicio de los editores. En ese sentido, plantea como un problema a resolver la falta de un sistema digital y unificado de catalogación de todos los libros disponibles para la venta en el país, que facilite, como sucede en otros mercados, una comercialización más ágil, eficiente y económica, así como la informatización del ciento por ciento de las librerías, o sistemas más modernos de administración de procesos editoriales.
Según una encuesta de la Fundación El Libro, nueve de cada diez jóvenes, de entre 16 y 24 años, que concurrieron a la Feria del Libro que se realizó en la ciudad de Buenos Aires aseguraron haber leído al menos un libro en el último año. Estos datos y las estadísticas de la Cámara Argentina de Publicaciones demuestran que, contrariamente a lo que muchos creen, los jóvenes se interesan por la lectura y los libros. Debe aprovecharse este entusiasmo para, por un lado, apuntalar el enorme potencial de crecimiento de este sector editorial, y también para cultivar el interés por textos que nutran la imaginación y el espíritu creativo e innovador de las nuevas generaciones.










