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Trump, un polémico mandatario en apuros

Una encuesta realizada por el periódico The Washington Post revela que la popularidad del presidente de EEUU, Donald Trump, es la más baja que registra un mandatario entre los ciudadanos del país del norte en los últimos 70 años. Según este sondeo, el 58 por ciento de los consultados desaprueba el desempeño del magnate que asumió el cargo hace apenas seis meses.

Sólo un 36 por ciento de los norteamericanos considera que el republicano está haciendo bien las cosas, pero un 66 por ciento dijo que no confía en su habilidad para negociar con líderes de otros países, y menos con el presidente ruso Vladimir Putin, con quien se reunió en Hamburgo, Alemania, durante la última cumbre del G20, en un encuentro que demandó más de dos horas y que despertó todo tipo de suspicacias debido a las acusaciones que sostienen que Rusia interfirió en las elecciones norteamericanas para apoyar la candidatura de Trump. El cara a cara entre ambos mandatarios también llamó la atención de observadores políticos, tanto de EEUU como de otras naciones, porque la única experta en los asuntos rusos y asesora de la Casa Blanca, Fiona Hill, no estuvo presente en tan importante acontecimiento. Pero sí estuvo en el encuentro el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, a quien el presidente de Rusia, Vladimir Putin, lo condecoró en 2013 con la “Orden de la Amistad”.

Pero el estrecho vínculo que une a la administración Trump con Putín no es lo único que inquieta a buena parte de los estadounidenses. También preocupa los límites difusos entre los negocios del mandatario y los intereses del país. El periodista inglés, Edward Luce, del Financial Times, escribió hace pocos días que los norteamericanos tienen la sensación de no tener muy en claro dónde termina la Casa Blanca y dónde comienza el imperio empresarial de mandatario; y en ese sentido, se hizo eco de un rumor que cobró fuerza en los pasillos del poder norteamericano: muchos creen que una de las razones por las que Trump apoyó las sanciones en contra de Qatar pudo haber sido que un influyente qatarí rehusó concederle un préstamo de 500 millones dólares a su yerno, el empresario Jared Kushner, de 36 años, quien es -según algunos analistas- el que define la estrategia diplomática de la administración Trump. Pero eso no es todo, la esposa de Kushner, Ivanka Trump, fue quien ocupó el lugar en la mesa de la cumbre del G 20 en Hamburgo entre Xi Jinping, el presidente de China, y Theresa May, la primera ministra británica, cuando su padre Donald tuvo que dejar la sala para participar de otra reunión.

El descontento hacia las formas “trumpianas” de manejar el poder llevaron al congresista demócrata Brad Sherman de California, y a su par de Texas, Al Green, a presentar formalmente una moción de juicio político contra Trump argumentando que los presuntos intentos del presidente por influenciar al ex director del FBI, James Comey, y el posterior despido del funcionario, serían delitos graves, y podrían formar parte de los requisitos para el juicio político. Pero para tranquilidad del magnate, distintos expertos en la ley norteamericana coinciden en señalar que, al menos por ahora, no hay ninguna señal que indique que el inquilino de la Casa Blanca esté cerca de ser sometido a un juicio político; sobre todo porque con la actual conformación del Congreso, con mayoría republicana, es poco probable que una iniciativa de esa naturaleza prospere. Sin embargo, la desaprobación de su gestión crece a medida que aumenta la sensación de que la república estadounidense es cada vez más vulnerable por la manera en que maneja la familia Trump las cuestiones de Estado.

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