Resistencia22°Min. 18° • Max. 23°
Juan José Crippa, del hogar San José

“Las personas llegan acá cuando ni la familia, ni las instituciones logran contenerlas”

Mañana es el día internacional de lucha contra el uso indebido y tráfico ilícito de drogas y CHAQUEÑA visitó el refugio San José para conocer un trabajo de contención para personas con problemas de adicción.

Entrevista de Claudia V. Araujo

Fotos de Fabián Maldonado

El hogar de la Fundación Camino Verdad y Vida funciona hace 17 años en un predio próximo a Puerto Tirol y tiene por referente al sacerdote Juan José Crippa. 

GRIPPA1.jpg

“Estamos acá por amor a Dios y por amor al prójimo”, resume el anfitrión no bien comienza la charla. La afirmación da sentido a todo lo dirá y mostrará después.

El proyecto del hogar se sustenta en la entrega absoluta que él sostiene con coherencia: trabaja a la par de los demás, comparte mesa, alimentos y espacios; sigue las reglas que pide a los demás respetar.

“Estamos acá por amor a Dios y por amor al prójimo”

Crippa concibe a su elección una entrega “para que otros hermanos experimenten una recuperación, para que puedan ser libres de una adicción y reintegrarse a una vida”. 

GRIPPA11.jpg

Aunque admite que es una tarea poco atractiva en tiempos de hedonismo, a los 60 años acepta que todo continuará como ya sucedió cuando se fue Gerardo Vogt, el sacerdote alemán que falleció en 2016  e iniciador de la fundación entre otras instituciones. 

El futuro

 “Acá no esperamos un rédito ni un sueldo ni mucho menos un reconocimiento; por eso no recibimos ninguna de las tres cosas. Esto es parte de la vida que elegimos”, dice al explicar una obra que en breve abrirá un segundo hogar en Presidencia de La Plaza.

El cuidado de la granja, la organización de tiempos y espacios, además de otras labores comunitarias forman parte de la laborterapia.

GRIPPA8.jpg

Otro pie fundamental en la contención son los espacios de encuentro personal, de reflexión y revisión (logoterapia). En el intento por propiciar momentos de conversación, en los que una persona sale de su encierro y cuenta su vivencia permite además a la institución descubrir sus carencias y potencialidades. 

 “No se puede convivir con una adicción, la droga tiene un poder de destrucción enorme”

Hasta 25 

El refugio tiene capacidad para albergar a 50 personas, pero solamente alberga a 25 que es la población que puede atender en forma personalizada. Todos varones en un rango de edades amplio: de 15 a 50 años. Aunque hubo situaciones excepcionales.

GRIPPA4.jpg

Las historias son disímiles. Algunos necesitan medicación, que administra el siquiatra. Hace un tiempo recibieron a un niño de ocho que se hizo adicto a sustancias que le daba un tío. Y entre los adultos mayores también atendieron a un hombre de 71 con alcoholismo.

A la mayoría le cuesta adaptarse al orden, un aspecto que el sacerdote reitera en varios puntos de la conversación. “Pedimos un mínimo de un año de residencia, que es el tiempo necesario para una recuperación integral”, remarca.

  “Con verdad y trabajo es posible transformar la realidad”

¿Cómo se ingresa en el refugio?

- Con tantos años en la actividad hay juzgados donde nos recomiendan como una opción de contención; la familia va a una entrevista y ahí le explicamos en qué consiste nuestro trabajo. Les decimos que necesitamos un proceso mínimo de un año, porque la recuperación física puede demandar tres meses pero para una sicológica y espiritual  hace falta más tiempo. Acá apuntamos a una recuperación integral, de tal manera que la persona que pase por acá se lleve la experiencia de la contención y de la capacidad de elección.

¿En qué se diferencia esta propuesta? 

-Les decimos a los chicos que lo que dignifica a la persona es superarse, producir, dos actividades que se pueden ver a través del trabajo. Hay jóvenes que los sacaron de la calle y que vivían en la delincuencia, que la familia ni las instituciones ni la sociedad podían contenerlos. Llegan cuando todo ha rebozado. Llegan acá después de mentirle a los padres, de robar o tener algún hecho de violencia. El adicto para manipular la situación necesita mentir, esto destruye a la familia. Está el que dice que la abuela murió y necesita para pagar el ataúd, o el que inventa que la madre está internada y pide dinero para remedios. No tienen parámetros con tal de lograr su cometido. O en decir tal me maltrató o me faltó el respeto, con tal de que los padres los lleven de acá, por ejemplo.

¿Le pasó?

-Muchas veces, por ejemplo dijeron que acá había alguien que les quería pegar o se quejaban  de la comida, en una reunión con otros papás uno le contestó que ojalá él pudiera comer lo que les daban a los chicos todos los días acá. Con la verdad y el trabajo es posible transformar la realidad y dejar de lado la mentira. Con la mayoría de ellos hay familiares presentes, acompañando, sosteniendo; hacemos este trabajo con ellos.

¿Por qué eligió especializarse en esta temática?

-Creo que Dios fue poniendo las cosas en el camino. Las necesidades son muchas. Compartimos la esperanza de conseguir cosas, vivimos con lo que tenemos. Nos faltan cosas, pero es preferible vivir en paz, vivir bien antes que con más confort o lujo.

Además las contras, ¿qué satisfacciones tiene?

-Estar acá es un gran sí a la vida. Es creer en los jóvenes y verlos crecer cada día. De hecho se crea con ellos un vínculo más allá de que no completen el tiempo propuesto. El afecto es el mismo. Algunos siguen en la calle y cuando los vemos ‘re-doblados’, se acercan y dicen que un día van a volver; no ahora, después. 

El legado de Gerardo Vogt

La fundación Camino Verdad y Vida, Refugio San José es una de las obras del sacerdote alemán Gerardo Vogt, que falleció en 2016.

VOGT1.jpg
Vogt murió a los 86 años tras dedicar más de 40 años de sacerdocio en el Chaco.

Con Juan José Crippa emprendieron un mismo camino en el año 2000, cuando el chaqueño coordinaba reuniones con papás de los chicos con problemas de adicciones en la capilla María Auxiliadora.

Como se imponía la necesidad de contar con un espacio que propicie alejarse de un entorno perjudicial, Gerardo ofreció el galpón y la casa de Tirol.

El tinglado se había usado como taller de carpintería pero durante el tiempo que se ausentó por problemas de salud todo quedó muy descuidado.

“Cuando llegamos hizo falta quitar la maleza que había invadido casi todo. Quedaron los frutales que plantó él y a partir de ahí seguimos creciendo con ayuda de varias instituciones”, recuerda el sacerdote.

Los inicios

Desde que vino al Chaco el padre Gerardo contribuyó en espacios sociales esenciales especialmente chicos en la calle y personas desprotegidas. Fue comprando tierras donde creó una escuela de oficios, como carpintería para chicos de la calle. En un tiempo traía troncos de árboles que compraba en el campo y la madera se procesaba hasta salir aberturas, puertas y ventanas. Eso perteneció a otra época, en los 80.

“Hizo muchas obras que se desconocen porque las hizo por el bien de los demás, no en busca de reconocimiento. El silencio también lo perjudicó porque algunos se quedaron con muchos bienes”, recuerda Crippa.

Entre las obras impulsadas por el cura alemán están la Aldea del Niño Jesús, Ayudar a Crecer y San Camilo.

El futuro de una obra que sigue creciendo  

En el hogar San José funciona una pequeña reserva natural.

Un acuerdo con el área de Fauna provincial les delega el cuidado de animales malheridas o rescatadas de algún traslado irregular.

Parte del vistoso y sonoro recorrido por la calle (¡pavimentada!) de la aldea proviene de las jaulas con una variedad de especies. En la parte de adelante se puede ver un chajá, coatí o gato montés, mientras que en el fondo hay patos sirirí y una serpiente de enormes dimensiones. Siempre que en el camino no se interpongan unos imponentes pavos reales, que deambulan como palomas urbanas. También hay ñandúes y un simpático burrito. 

GRIPPA5.jpg
Quien visita el refugio encuentra un vergel. Casi todos los frutales fueron plantados por el padre Gerardo.

Además están los animales de corral tan acostumbrados a  interactuar con los humanos que permanecen inalterables a nuestra presencia. 

Nuestro fotógrafo pregunta por un puma que tenían alojado hace unos años. Crippa contesta que se murió, estaba muy lastimado cuando llegó y aunque los calmantes le quitaron movilidad la lesión en la columna fue letal.

La alimentación de semejante población es posible a través de un convenio con el mercado frutihortícola que les provee verdura que por distintos motivos  no se comercializó. Con lo que ingresa cada día el trabajo es enorme: una parte se separa para vender a pequeñas verdulerías ‘amigas’; otro tanto se guarda para consumir más adelante o para productos elaborados y el resto se les da a los animales, por ejemplo, a las vacas, chanchos y gallinas.

Las ayudas

En 2002 el primer proyecto que los integrantes de la fundación presentaron en busca de respaldo económico fue con la fundación YPF. La obtención de financiamiento les permitió armar una panadería, con la construcción de un horno a leña. Fue la primera ampliación de las instalaciones. Después obtuvieron fondos para comprar una camioneta, y así siguieron aumentando la capacidad de infraestructura y servicios. 

Entre quienes les aportaron grandes colaboraciones están la congregación de las hermanas de Bordeux, el Rotary Club, que contribuyó en gran medida para la construcción de la capilla y el tinglado, entre otros emprendimientos hoy visibles.

“Seguimos avanzando con mucho esfuerzo el polideportivo, las habitaciones con instalaciones sanitarias y eléctricas, el tema es que a todo lo hecho ahora hay que sumarle el mantenimiento”, repasa el sacerdote.

GRIPPA6.jpg

¿Qué necesitan para mejorar lo que ya están haciendo?

-Fondos para poner en condiciones la vivienda, hay varios arreglos pendientes.

Más allá de la producción de carne, huevos, quesos, huevos, hay cosas que compramos acopiamos, fraccionamos y vendemos. Si el polideportivo se puede alquilar para eventos también ayudaría a autosustentarnos.

¿Manos voluntarias?

-Decimos que la gente que quiere venir a ayudar es bienvenida pero no alcanza la buena voluntad, tenemos que saber transmitir valores, hay cosas que afuera se pueden permitir pero acá no, como hacer diferencias en la generosidad o en las gentilezas entre una y otra persona. Acá todo se obtiene trabajando y el trato es el mismo para todos.  

¿Es lo que más cuesta transmitir?

-Sí. Cuesta entender el valor de la obediencia. Si no vas a ser obediente al tiempo que se dispone o a las disposiciones, no se puede trabajar. Siempre les digo a los chicos que podemos hablar y discutir, pero si hago todos los cambios que me piden, dejo que ellos se encarguen de todo y enfundo el violín. Acá proponemos una vida nueva, con reglas ya acordadas.

“Hay gente que nos pasa recibo”

A los 60 años Crippa sostiene que alguien más continuará el trabajo como pasó cuando se fue el padre Gerardo. Sin embargo admite que cuesta encontrar un perfil dispuesto a servir al prójimo y que administre “una obra de una dimensión social en una sociedad hedonista y egocéntrica”.

En Presidencia de La Plaza tienen un terreno donde esperan abrir otro hogar para dar contención a los jóvenes el interior, también cuentan con el compromiso del gobernador para construirlo.

Allí también esperan replicar cursos de formación laboral como los que acordaron con Educación en Tirol. Por ejemplo en herrería, carpintería, huerta, cocina, y alguna manufactura que si consiguen que alguien los dicte tiene una remuneración del Ministerio. 

¿Cómo se decidieron a algo tan complejo?

-La verdad es que cuando empezamos no teníamos conciencia de lo que era esto. Si lo hubiéramos sabido, no arrancábamos ni locos (risas). Aunque nos dimos cuenta de otra cosa también: en el inicio íbamos con una mano adelante y otra adelante, entonces muchas cosas nos daban por lástima; hoy, después de todo lo que el padre Gerardo hizo por nosotros y nos dejó como parte de su obra, hay gente que busca sacar provecho de lo que tenemos. Así hay gente que nos pasa recibo de lo que aportó o nos pide que se solvente alguna actividad, por ejemplo. Pero todo lo que hay acá no es nuestro, pertenece a la fundación. Nosotros seguimos con el mismo espíritu de siempre.

Sobre la legalización del consumo recreativo de la marihuana, ¿qué piensa?

-La droga es muerte. Y si no, pregunten a las familias que tienen un adicto. Hay muchas formas de recreación y de esparcimiento muy positivas para la persona y para el entorno familiar y de afectos. 

Su respuesta es terminante

-Sí, la droga mata proyectos, relaciones, afectos, neuronas, capacidades. La droga es muerte y va matando hasta terminar con la vida de las personas. No lleva a otra cosa. Otra cosa muy distinta es el uso medicinal.  

Te puede interesar